- SIN CEREBRO (NO POLÍTICOS)
¿Pueden “pensar” los animales que no tienen cerebro?
R. Algunos animales (y algunos políticos) parecen desafiar la lógica. Una medusa no tiene cerebro, pero sabe exactamente cuándo picar.
Una estrella de mar carece de un centro de mando neuronal, y aun así avanza hacia la comida y evita peligros con sorprendente eficacia. Algo parecido a una decisión ocurre ahí dentro, aunque no exista un cerebro que la ordene.
La clave está en que estos organismos poseen redes nerviosas distribuidas, pequeños circuitos repartidos por todo el cuerpo que reaccionan a estímulos y coordinan movimientos.
No “piensan” como nosotros, pero procesan información de manera suficiente para sobrevivir. En las medusas, esa red detecta cambios en el agua y activa la picadura. En las estrellas de mar, cada brazo tiene su propio minisistema nervioso que guía el desplazamiento.
Este tipo de inteligencia descentralizada recuerda que la naturaleza no tiene un único modelo para resolver problemas.
La evolución encontró soluciones funcionales mucho antes de que aparecieran los cerebros complejos.
Así que, aunque no podamos hablar de pensamiento consciente, sí podemos decir que estos animales toman decisiones básicas: moverse, defenderse, alimentarse...
En el fondo, pensar no siempre requiere un cerebro. A veces basta con un cuerpo diseñado para responder con precisión al mundo que lo rodea, o sea, como un político.
- LAS MAS PROFUNDAS
¿Cuáles son las cuevas más profundas que se conozcan?
R. Las cuevas más profundas del planeta están en el mismo rincón del Cáucaso, en las montañas del Cáucaso Occidental, justo donde Europa roza Asia, existe un paisaje subterráneo que parece sacado de una novela fantástica.
Bajo un macizo de caliza llamado Arabika, enormes cavidades descienden como raíces huecas hacia la oscuridad. Allí se encuentran las cuatro cuevas más profundas del mundo, incluida Veryovkina, la campeona absoluta.
Llegar no es sencillo. El terreno es abrupto, el clima hostil y, para complicarlo más, la zona pertenece a Abjasia, un territorio separatista que la mayoría del mundo reconoce como parte de Georgia, pero que mantiene vínculos crecientes con Rusia. No es precisamente un destino para el turista casual.
La combinación de caliza gruesa, fracturas naturales y una pendiente suave hacia el mar Negro creó las condiciones perfectas para estas profundidades récord. Y el título no es eterno: recién en 2018 los espeleólogos confirmaron que Veryovkina alcanzaba 2,212 metros, superando por poco a su rival Krubera.
Mientras los científicos siguen descendiendo en busca de nuevas especies y pistas sobre la historia geológica del planeta, algo parece seguro: el trono de las profundidades seguirá, por ahora, en las montañas de Abjasia.
