El ultimátum para Veracruz: Guerra mexicoamericana 1846-1848

Con la guerra en marcha, el foco del conflicto se trasladó al corazón del Golfo de México. En esta segunda parte, detallamos la estrategia del general Winfield Scott para invadir el centro del país mediante un desembarco sin precedentes en el puerto

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Ilustración: Abraham Cruz

Por Miguel Salvador Rodríguez Azueta

Historiador

 Los primeros enfrentamientos con Estados Unidos se dan en la frontera norte de México, batalla tras batalla el Ejército mexicano tiene que replegarse hacia el sur.

Dado que el avance norteamericano se torna lento por la situación de las distancias, el gobierno estadunidense toma en consideración una idea algo descabellada propuesta por el general Winfield Scott, la cual toma de Hernán Cortés, que consistía en avanzar desde la costa del golfo hacia el centro del país.

La flota de EU al mando del comodoro David Cornner se reunió en la Isla de lobos, frente al estado de Tamaulipas, desde donde se dirigieron a Veracruz. Ante la contingencia de ser barridos por los cañones de la fortaleza de San Juan de Ulúa, —pues los espías no estaban seguros de la respuesta de la fortaleza— Conner se dispuso a entran por el río Papaloapan para tomar el puerto de Alvarado.

Ante la férrea defensa de dicha población, que lo rechazó dos veces, el cuerpo general del ejército decidió correr el riesgo de desembarcar cerca de la ciudad amurallada frente a la isla de sacrificios, en lo que se conoce como la playa de Collado a unos tres kilómetros de la ciudad.

El 9 de marzo de 1847, se realiza el primer gran desembarco anfibio de la historia moderna, con 144 botes arriban tres divisiones con casi 13 mil hombres y 100 caballos a playas de la zona veracruzana.

Scott en un principio consideraba que no era necesario el uso de artillería pesada de asedio para rendir a la ciudad por hambre, por lo que ordena crear un corredor de seguridad de sur a norte, para aislar a sus pobladores e impedir la ayuda del exterior.

Para el día 22 de marzo, Scott envió un ultimátum pidiendo la rendición del puerto, dando como plazo las cuatro de la tarde del mismo día.

Ante la negativa de las autoridades locales y con la característica puntualidad heredada de los ingleses, a las cuatro de la tarde del fatídico 22 de marzo de 1847 comenzó el bombardeo del puerto de Veracruz.

LA CIUDAD AMURALLADA Y SUS DEFENSORES

La ciudad de Veracruz en 1847 aún conservaba sus viejas murallas, construidas en los siglos XVII y XVIII para protegerla de los ataques piratas.

Con aproximadamente 7 mil habitantes, Veracruz había sufrido ya los embates de la insurgencia en 1821, el bombardeo español de 1823 y la invasión francesa de 1838.

Considerada la llave del reino, la ciudad de Veracruz se sitúa en el Golfo de México, fundada por Hernán Cortés en 1521, fue desarrollándose por medio del comercio, la entrada y salida de los buques españoles cargados con las riquezas del nuevo mundo.

La ciudad contaba con ocho baluartes defensivos, de los cuales los más dotados eran el de la Concepción en el norte y Santiago en el sur.

Sus defensores, aproximadamente 5 mil soldados, en su mayoría eran de origen indígena, pardos y mulatos, quienes desconocían el oficio militar, una mala costumbre de los gobiernos hispanoamericanos, que inició con Trafalgar y que tuvo fatales consecuencias para los mismos en el siglo XIX.

El armamento que poseían los defensores, era de segunda mano, en su mayoría databa de las guerras napoleónicas, comprado a los ingleses, así como algunas armas de origen español de principios de siglo. En este tenor, cabe hacer mención que algunos testigos de la época constataron la utilización de fusiles de chispa Tower junto con la escasez de pedernales, lo que provocaba que los soldados tenían que aprender a fumar para contar la flama de ignición.

La fortaleza de San Juan de Ulúa, última esperanza de los defensores se encontraba con carencias básicas debido a que, durante la guerra de 1838, había sido saqueado en su arsenal por los franceses.

En el aspecto político, la situación también era desesperante, ante los constantes cambios de régimen político en apenas diez años, de república, federal a central y viceversa, para empeorar el panorama la llegada del expresidente Antonio López de Santa Anna en agosto de 1846, en pleno momento de crisis y cuando mayor unidad necesitaba el país, trajo consigo otro cambio: el sistema federal, ocasionando que algunos Estados se declaran neutrales.

LOS TEMORES DE SCOTT

El verdadero enemigo a vencer por Scott no eran las guerrillas veracruzanas, pues éstas estaban mal organizadas y no contaban con el apoyo pleno de las poblaciones aledañas, en su mayoría los pobladores vecinos vieron de buenos ojos que los norteamericanos pagaran en efectivo sus bienes y servicios.

Para Scott el peligro radicaba en el “vomito negro”, ocasionado por el mal clima de la costa que tanto daño causaba a los extranjeros.

El comerciante Francisco Lerdo de Tejada en una de su carta firmada en 1812, comenta que una expedición de dos mil soldados españoles que venían a luchar contra la insurgencia, 600 habían perdido la vida o se encontraban enfermos.

Otro de los temores de Scott, estaba fundado en “fantasías” y comentarios sobre la barbarie de los mexicanos, ya que algunos de los oficiales americanos llevaban consigo el libro de William Hickling Prescott, La conquista de México, y si bien el general Scott y sus oficiales querían emular a Hernán Cortés, también padecían de los temores de Taylor, al suponer que su corazón podía ser ofrecido a algún dios azteca si eran capturados por el enemigo.

Algo que, si era cierto, es que, de ser muertos, sus cuerpos quedarían insepultos, ya que era costumbre que los herejes en tierra consagrada no tenían derecho a ser enterrados, así que Scott y sus muchachos podían acabar sus días a cielo abierto o enterrados en la isla de sacrificios o en los bajos de la gallega (San Juan de Ulúa como los demás herejes).

EL BOMBARDEO

Autores y testigos de la época coinciden en señalar que la muralla defensiva del puerto de Veracruz en 1847 se encontraba muy deteriorada, incluso algún observador inglés señaló que la ciudad pudo ser tomada por dos batallones de voluntarios de Misuri.

¿Qué llevó a Scott a bombardear el interior de la ciudad?

¿Acaso quería rendir a la ciudad mediante el terror o destruirla completamente?

El Gobierno mexicano había comunicado con anticipación a los defensores que no contarían con recursos de la capital -—“Ni un hombre ni un peso”— señalaría el gobernador Juan Soto, por lo que los encargados de la defensa por parte del Gobierno Central, Juan Morales, y de las tropas del Gobierno Municipal, Manuel Gutiérrez Zamora, hicieron lo que pudieron y estuvo a su alcance.

Del 22 al 27 de marzo de 1847 se lanzaron 6 mil balas y de explosivos, la ciudad recibió daños que se calcularon en 5 millones de dólares de la época.

El ejército estadunidense probó sus armamentos pesados de asedios como los grandes cañones de a 24, obuses de ocho pulgadas, cohetes y bombas incendiarias.

Los comentarios del político William Jay, en su interesante obra Causas y Consecuencias de la Guerra del 47 fueron acertados al señalar que la guerra contra México fue “El crimen más atroz”.

Entre los escombros y el miedo al “vómito negro”, la resistencia veracruzana aún tenía más situaciones que sortear.

Mañana, en la entrega final, descubriremos los términos de una rendición honrosa, los rostros de quienes defendieron el suelo mexicano y el papel del “Genio Volcánico”.

cva*

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