Sobre las armas en la protección ejecutiva y otros demonios

Al hablar de los incidentes de alto riesgo que siempre involucran reacción y armas de fuego, es importante tener claro el alcance real de estas medidas, más allá de la 'seguridad-ficción'

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CIUDAD DE MÉXICO. 

Uno de los mitos de la protección ejecutiva es que el arma es un requisito indispensable para ejercer esta profesión, creencia que se genera debido a que durante muchos años la seguridad VIP fue ejercida por policías o militares. Posteriormente este paradigma fue adoptado por Hollywood de tal suerte que ahora muchos escoltas, así como los usuarios de sus servicios, consideran indispensable el arma para ejercer la protección.

Al mismo tiempo muchos ejecutivos, preocupados por su seguridad ante el aumento de la incidencia delictiva quieren saber qué hacer ante una situación de alto riesgo.

En cuanto a esta petición el problema no es la respuesta sino la pregunta:

Al hablar de los incidentes de alto riesgo que siempre involucran la reacción y las armas de fuego, es muy importante tener claro el alcance real de estas medidas, más allá de la “seguridad-ficción” de las películas que lamentablemente hacen mucho daño tanto a los escoltas como a los usuarios del servicio de seguridad personal.

Las armas de fuego y las medidas reactivas tienen un alcance limitado en la protección a ejecutivos y si no tenemos el máximo cuidado pueden ser perjudiciales para la integridad física del ejecutivo así como para la imagen de la organización a la que pertenece.

Razones:

Una  situación de alto riesgo es muy diferente que una práctica de tiro por muy real que la queramos escenificar. En condiciones reales el impacto fisiológico de adrenalina en el escolta (no importa que tan preparado esté) genera numerosas afectaciones  como la visión de túnel, falla de la percepción auditiva, pérdida de sentido de profundidad, etc.

A esto se añade que las situaciones de riesgo siempre son sorpresivas donde los agresores ya  tienen las armas en la mano. Un tirador debidamente entrenado tarda aproximadamente 1.8 segundos en sacar la pistola, apuntar y disparar mientras cualquier persona no entrenada con la pistola en la mano en el mismo tiempo hace 5 disparos.

Esto lo confirman las estadísticas de Executive Security Internacional (ESI)  ya que en 94 por ciento de los casos cuando fallan las medidas preventivas, fallan las medidas reactivas también.

¿Le gustaría subirse a una aerolínea donde se caen 9 de cada 10 aviones que despegan?

A esto equivale confiar su seguridad únicamente a las medidas reactivas: o sea esperar que la situación de riesgo suceda para entrar en acción.

Evidencias:

  • En el atentado contra el ex presidente Reagan, donde casi pierde la vida, el Servicio Secreto, que se consideran los mejores, no logró realizar ni un solo disparo.
  • En 1995,  el Primer Ministro Israelí Yitzah Rabin fue asesinado y la afamada seguridad Israelí no logró hacer ni un solo disparo.
  • El año pasado Adolfo Lagos ejecutivo de Izzi pierde la vida en un tiroteo a mano de sus propios escoltas.
  • Escolta de Norberto Rivera muere en un tiroteo por ignorar las medidas preventivas.

Podría seguir con los ejemplos, claro que es posible que  funcione la reacción, sin embargo, cualquier situación de riesgo es una ruleta rusa, un juego de azar donde se juega la vida de todos.

Los únicos lugares donde éstas medidas dan siempre buenos resultados son Hollywood y Netflix.

Es por esto que la pregunta correcta es:

“¿Que hacer  para evitar los incidentes de alto riesgo?”

Esta es la pregunta para la protección ejecutiva moderna. Como lo comenté en un inicio, la protección ejecutiva por mucho tiempo fue ejercida por militares o policías de tal suerte que muchas escuelas de ésta profesión son influenciadas por las doctrinas castrenses que no perciben que la seguridad VIP se desempeña en un ambiente civil con las reglas que le son propias. Esencialmente las doctrinas militares son enfocadas al enfrentamiento, mientras las doctrinas de la protección ejecutiva son enfocadas a prevenir enfrentamientos de tal suerte que se encuentran en franca oposición.

Es la razón por la cual la protección ejecutiva requiere una especialización,  una doctrina propia de acuerdo a sus necesidades intrínsecas tal como se imparte en las certificaciones Executive Protection Specialist (EPS) deI International Bodyguard and Security Services Association (IBSSA) en México.

Por supuesto que esto no significa que el arma debe ser ignorada en la protección ejecutiva. Si bien es cierto que, como referimos, en 94 por ciento de los casos que falla la prevención falla la reacción- no menos es cierto que es  exitosa en 6 por ciento de los casos y esto bien puede salvar la vida del ejecutivo y del protector. Si se van a portar las armas o no, debe ser definido mediante un estudio de seguridad previo pero en cualquier caso es fundamental tener claridad sobre los alcances reales del arma en esta profesión.

En conclusión, el arma no es un amuleto de seguridad con el cual solo por tenerlo uno será mágicamente protegido. Es una herramienta más que se puede usar solamente en el  caso cuando  medidas preventivas fallan. Los protectores que la portan deben antes que nada conocer muy bien sus limitantes y entrenar correctamente y continuamente, como lo realiza  la empresa Combat MF,  ya que solo así pueden esperar que sea eficaz en el momento que se necesite.