Servicio inclusivo y bibliotecas, una cuenta pendiente para los bibliotecarios

Uno de los puntos que ha quedado en el tintero, ya sea por falta de recursos, interés o conocimiento, es el incluir a la comunidad de personas con discapacidad dentro de sus espacios y actividades.

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

A pesar de la legislación vigente en materia de inclusión para personas con discapacidad, los expertos consideran que falta mucho por hacer en cuanto al acceso de este sector a los servicios ofrecidos por las bibliotecas públicas y privadas.

Desde 2004, se conmemora el Día Nacional del Bibliotecario, gracias a la creación de la escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía (ENBA) un 20 de julio de 1945.

El gremio de los bibliotecarios contempla el acelerado crecimiento de la tecnología y busca aprovechar esta situación dentro de su campo de acción, especialmente en la mejora de sus servicios de información.

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

Uno de los puntos que ha quedado en el tintero, ya sea por falta de recursos, interés o conocimiento, es el incluir a la comunidad de personas con discapacidad dentro de sus espacios y actividades.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), “La discapacidad es un término general que abarca deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación”

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

En ese sentido, la discapacidad va más allá de la condición de salud de las personas sino que abarca barreras físicas y sociales o de comunicación en diferentes entornos.

Al respecto, dentro de las bibliotecas puede observarse falta de acceso de esta comunidad de usuarios de personas con discapacidad. El desconocimiento del manejo de este tipo de servicio inclusivo dentro de los espacios bibliotecarios tiene que ver con diferentes factores como la falta de capacitación o herramientas para su aplicación.

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

Por ello, Miguel García Ruiz, Jefe del Departamento Cultural y Editorial, y responsable de la Sala para Personas con Discapacidad Visual, de la Biblioteca de México, con más de 40 años de experiencia en el servicio bibliotecario inclusivo enfocado en personas con discapacidad, habló en entrevista para Excélsior sobre las fortalezas y debilidades en materia de accesibilidad y sensibilización.

Hay dos tipos de servicios especializados, el que atiende a las infancias y el que atiende las discapacidades. A las bibliotecarias y bibliotecarios de estos servicios se nos obliga a profundizar el conocimiento de las necesidades de las personalidades del contexto socioeconómico y cultural tanto de las infancias como de la discapacidad.

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

Hace varias décadas que arrancó la integración de la Sala Para personas con Discapacidad Visual de la Biblioteca de México, uno de los primeros intentos por acercar la lectura y la cultura a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad.

En aquel momento, Miguel se enfrentó a uno de los retos más grandes de su vida: brindar servicios inclusivos, algo que nunca antes prácticamente nadie había hecho.

Servicio inclusivo y bibliotecas
Excélsior / Archivo histórico

“Nosotros arrancamos sin manual de instrucciones, sin saber cómo operar un servicio inclusivo como este dirigido a una discapacidad en bibliotecas públicas. La idea principal era tener una colección en braille. Fueron los usuarios quienes nos marcaron las pautas para conocer las formas de abordar en esa relación biblioteca, bibliotecarios y usuarios con discapacidad visual”, explicó García Ruiz.

Con el paso del tiempo, el equipo de la Biblioteca de México se convirtió en un referente en la materia a nivel América Latina. Aunque el camino no ha sido fácil, García Ruiz reconoce que sigue habiendo mucho trabajo por hacer.

“La Convención Internacional de los Derechos para las Personas con Discapacidad de 2010, reivindica la nomenclatura oficial para referirse a cualquier persona nombrarla no por el padecimiento sino por persona, es personas con discapacidad visual”, lo anterior, representó un marco de referencia para la construcción de un modo de trabajo en el marco del respeto a los derechos y la atención digna.

Por su parte, la encargada del subcomité de redes sociales de la Red de Museos para la Atención para Personas con Discapacidad, y responsable de la Sala de Lectura del Museo del Estanquillo, Ana Laura Peña Aguilar, señaló la falta de interés de algunas bibliotecas por incluir a la comunidad de personas con discapacidad a su cartera de usuarios potenciales.

“No consideran que la población con discapacidad sea lo suficientemente relevante en sus estadísticas para hacer estos trabajos de administración, pero quienes estamos involucrados e interesados en la discapacidad, en cualquiera de sus vertientes, es  necesario administrar mejor los recursos dirigidos hacia las personas con discapacidad y darles un mejor servicio”, señaló Peña Aguilar, quien cuenta con una amplia experiencia como bibliotecaria profesional.

Sin embargo, la misma OMS marca la existencia de otros tipos de discapacidad como la física o motriz, sensorial, intelectual, psicosocial, múltiple, esta última cuando una persona presenta más de una discapacidad de manera simultánea. Lo anterior, complica el panorama al momento de planificar la atención a los diferentes sectores de acuerdo con sus diferentes necesidades.

“Existe el Tratado de Marrakech, este tratado es internacional en favor de las personas con discapacidad visual, baja visión y discapacidad en general que nos indica que las bibliotecas tienen la posibilidad de crear esos documentos en braille o audio para uso de las personas con discapacidad sin pagar ningún derecho al respecto.

El Tratado de Marrakech es una alternativa que las bibliotecas tenemos para acercar la cultura a las personas con discapacidad que al final en cuenta es el acceso a la cultura como derecho inalienable y el derecho a la información en los formatos que le sirvan mejor a cada persona”, consideró Peña.

De acuerdo con la investigación realizada para este reportaje, se detectaron cuatro aspectos clave en la toma de decisiones referentes a la inclusión de personas con discapacidad dentro de los recintos bibliotecarios:

Accesibilidad física

Hace referencia a la adecuación de las instalaciones del inmueble para el correcto traslado y desenvolvimiento de las personas con discapacidad, así como su interacción con los servicios y el material que las bibliotecas ofrecen.

Esto incluye la colocación de señalética en braille o macrotipo para personas con discapacidad visual, existencia de piso podotáctil y el ingreso de perros guía o personas acompañantes. Además de la existencia de rampas, barandales, elevadores, con lo que, las personas con discapacidad puedan apropiarse de los espacios.

García Ruíz definió la accesibilidad como “las facilidades que suprimen las barreras físicas para que una persona con cualquier tipo de discapacidad pueda acceder a la movilidad urbana, ya sean públicos o privados, en el caso nuestro, a una edificación que brinda un servicio público como la Biblioteca de México. Es decir, incorporar las exigencias de acceso y sus adaptaciones para que las personas con discapacidad puedan tener acceso a las instalaciones”.

“Tiene mucho que ver con el lugar donde se encuentra la biblioteca porque si está en edificios pertenecientes al catálogo del INAH, es complicado pero se pueden crear alternativas como accesibilidad de contenidos con los que las personas con discapacidad deciden cómo quieren recibir la información”, acotó Peña Aguilar.

Acervo accesible

Consiste en la adquisición de materiales especiales para personas con discapacidad, esto puede incluir libros en braille, audiolibros u otros soportes de apoyo que complementen el acceso a la información. Las colecciones pueden contemplar libros de diferentes campos de la literatura para todas las edades.

“El valor del libro en la sociedad de la información y a la velocidad de la luz que estamos viviendo en el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación hace que el libro en general esté dejando de ser el centro del Universo de la información”, ahondó Miguel.

“La idea es primero tener material especial en mi acervo y después construimos comunidad porque de lo que se trata es de construir una comunidad plural, la idea es cambiar la vida de alguien como parte de nuestra labor como bibliotecarios, estamos orgullosos de hacer lo que hacemos”, complementó Peña.

Herramientas tecnológicas

Tiene que ver con la existencia de software especializados como software parlantes, gafas especiales de lectura para personas con discapacidad visual, impresoras de braille, así como contar con libros impresos en macrotipo.

“En nuestro caso, conforme fueron apareciendo las tecnologías adaptadas, es decir, las computadoras, impresoras o lectores ópticos como los escáner, la biblioteca ha ido renovando las nuevas versiones de la tecnología adaptada. Tenemos que desarrollar actividades, explorar, interactuar con las personas con discapacidad para enseñarles a usar esas herramientas”, hizo énfasis García Ruiz.

Mientras tanto, Peña consideró que, “a veces hay que tomar en cuenta los elementos descriptivos más allá de solo escuchar los contenidos (en el caso de los audiolibros), porque las personas con discapacidad visual, sobre todo de nacimiento, requieren mayor contexto en la descripción de imágenes, mapas y otros elementos iconográficos”.

Sensibilización del bibliotecario

Forma parte de la capacitación que logra una mediación oportuna del bibliotecario hacia las personas con discapacidad. En este caso, todo comienza desde el primer contacto, el trato y el acompañamiento al momento de brindar el servicio inclusivo.

Además, se complementa con vocación y la elaboración de actividades especializadas como talleres, promoción de la lectura, cuentacuentos, entre otros, enfocados en satisfacer las necesidades de información de las comunidades de personas con discapacidad.

En cuanto a la inclusión social, el experto en servicios inclusivos, resaltó la importancia de tomar en cuenta a las personas con discapacidad. “Todos aspiramos a tener condiciones igualitarias, remarcar demasiado la discapacidad es seguir enfatizando que son ciudadanos, personas distintas, diferentes, cuando de lo que se trata en la labor institucional es de cambiar la mentalidad: todos somos iguales. Los bibliotecarios tenemos la responsabilidad de desarrollar servicios inclusivos, al menos así lo considera el reglamento de la Ley General de Bibliotecas.

Trabajar con personas con discapacidad exige varios requerimientos de los compañeros como la empatía, compromiso, sensibilización con la discapacidad, pero sobre todo, nuestros usuarios esperan de nosotros que tengamos buenas habilidades y buenas competencias en lo que hacemos que es brindar servicios de información y tener una cultura lectora, sin esas habilidades, un niño o una niña lo nota y una persona con discapacidad lo nota.

Nuestro trabajo es sensibilizar a todo el personal sobre cómo orientar y tratar  a las personas con discapacidad, para darles una accesibilidad tanto física como de actitudes o de desconocimiento. Estamos obligados a seguirnos educando a lo largo de toda nuestra vida profesional; buscar experiencias de aprendizaje que nos ayuden a profundizar”, concluyó el experimentado bibliotecario.

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