Si las empresas mexicanas y del mundo —sin importar giro ni tamaño— sólo ven al cambio climático de origen antropogénico como aumento de temperaturas, incremento del nivel del mar, tormentas y lluvias extremas e inundaciones devastadoras, así como sequías severas y más frecuentes, eso ya no alcanzará para operar, enfrentar y recuperarse del embate de algún evento catastrófico.
A medida que el planeta se calienta más, es imperante que las empresas diseñen estrategias de adaptación basadas en un clima cambiante para poder construir o fortalecer su resiliencia climática, es decir, deben redefinir la forma en la que operan, gestionan el riesgo y financian la recuperación después de un desastre.
Eso no es todo. También deben tener un plan de acción y prevención para aquellos fenómenos hidrometeorológicos que, se sabe, ocurren con cierta periodicidad, pero se vuelven extremos, como las llamadas lluvias “atípicas” que año con año caen en nuestro país, porque suelen ocasionar daños, pérdidas en los activos y paro de actividades. La crisis del clima ha acrecentado la distancia entre las mermas que provoca y la capacidad económica para absorber los golpes financieros.
Esa brecha de protección se convierte en uno de los principales riesgos para la estabilidad financiera de las compañías, porque aquellas que estén aseguradas tendrán la oportunidad de continuar operando al poder solventar los costos, pero aquellas que no están protegidas pasarán las pérdidas a sus clientes y habrá otras destinadas a cerrar.
Tan sólo en 2024, las empresas a nivel global perdieron más de 300 mil millones de dólares en daños por fenómenos naturales, de esa cifra, sólo 43% estuvo asegurada, es decir, 137 mil millones de dólares, de acuerdo con el reporte Sigma del Swiss Re Institute, que presenta año con año.
Todas las empresas se ven afectadas, pero lo que hace la diferencia es la robustez de los instrumentos o la cobertura que tienen para reponerse más rápidamente frente a este tipo de eventos, indicó René Ríos, líder de Consultoría en Riesgos Climáticos y Sostenibilidad para Marsh Latinoamérica y el Caribe.
En el caso de nuestro país, la misma tendencia es la misma. Ríos, al citar el reporte Sigma, señaló que en un periodo de 10 años, 2014-2024, se tuvieron pérdidas por 35 mil millones de dólares, de los cuales sólo siete mil millones estaban asegurados, “lo que nos da una brecha de cobertura de 79 por ciento”.
Sólo 21% de las empresas mexicanas están cubiertas.
Eso tiene que cambiar porque el planeta sigue calentándose y la ciencia ha sido muy clara: México lo hace más rápido que otros países. Entonces, ya no es suficiente pensar cuánto costará enfrentar el cambio climático, porque, a decir de Ríos, muchas veces el daño no viene de un evento catastrófico, sino de eventos más recurrentes “que tienen una tasa de retorno mucho más baja, como las lluvias atípicas que suceden cada año, por ejemplo, en la Ciudad de México, y muchas veces las empresas no las identifican y por ello no buscan una póliza y es ahí donde muchos de esos daños quedan desprotegidos”.
En un reporte, la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) destacó que entre enero y octubre de 2025 las aseguradoras pagaron más de ocho mil millones de pesos para cubrir siniestros relacionados con eventos hidrometeorológicos, lo cual “presenta un incremento de 21% frente a todo 2024”.
Por lluvias del 7 al 11 de octubre del mismo año se pagaron cuatro mil 500 millones de pesos.
Los eventos que más afectan al país son las tormentas intensas, las inundaciones y, en menor medida, pero cada vez con mayor incremento, las temperaturas extremas.
Ríos pone el acento en que, si bien los seguros son una excelente herramienta para hacer más resiliente a una empresa y pueda recuperarse más rápido, “es necesario prestar atención a estos otros eventos y desarrollar estrategias de horizonte sostenible, donde destaca el tema de adaptación, identificar si se le presta la debida atención a estos eventos climáticos que muchas veces se ven en un futuro lejano”. Reconocer que los eventos climáticos tienen un impacto en las operaciones de las compañías, pensar cómo deben prepararse y cómo responder es parte fundamental de la cultura organizacional.
No sólo eso. Cada empresa debe identificar qué tan severos son los impactos y qué tan frecuentes son, cuáles son las medidas que tiene de protección; a partir de ahí relacionar todo con los recursos financieros que tiene como seguros, créditos contingentes, bonos y fideicomisos que pueden servir para apoyar las tareas de recuperación o de respuesta ante estos eventos.
Son básicas las lecciones aprendidas “porque muchas veces se tiene el evento, se recupera, pero no se hace el análisis posmortem para saber qué fue lo que falló, lo que funcionó, cómo reaccionaron esas herramientas financieras, con la finalidad de prepararse mejor frente al siguiente evento”.
En México, las empresas deben cambiar el pensamiento y ver al cambio climático como un cúmulo de eventos naturales que, como dice Ríos, “sí o sí van a suceder en el tiempo y lo que nos muestra la ciencia es que cada vez más los eventos extremos van a ser más intensos, más frecuentes y tienen el potencial de echar para abajo cualquier plan de negocio”.
El desafío más inmediato consiste en construir una protección capaz de resistir y recuperarse de fenómenos que han dejado de ser excepcionales. La intensidad de los desastres dependerá de la inestabilidad del clima, pero la profundidad de las consecuencias estará sujeta, sobre todo, al grado de preparación con el que las empresas decidan enfrentarlos.
