Secuestros, extorsiones y tortura a migrantes, así opera la mafia cubana ligada a ‘Milo’
De acuerdo con el Departamento de Justicia de EU, esta organización comenzó a operar en 2009 en el estado de Quintana Roo.

La condena en Miami de un integrante de la organización criminal conocida como “La Mafia Cubana en Quintana Roo” permitió a las autoridades desvelar el funcionamiento de una red transnacional dedicada a la extorsión de migrantes, el tráfico de personas y el robo de embarcaciones entre México y Estados Unidos. Una red criminal de la que forma parte como operador financiero Remigio “N”, alias “Milo”, que fue detenido y posee orden de extradición a EU.
De acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos, esta organización comenzó a operar en 2009 en el estado de Quintana Roo, una región estratégica por su actividad turística y su cercanía con rutas migratorias hacia el norte.
La estructura criminal extendió sus operaciones hacia el sur de Florida y otros países, consolidando una red que incluía actividades como tráfico ilícito, fraude, sobornos y control de rutas migratorias.
El caso de Javier Hernández
El ciudadano cubano Javier Hernández, de 50 años y residente en Miami Beach, fue sentenciado a 95 meses de prisión federal tras ser hallado culpable de múltiples delitos vinculados al crimen organizado.
Según las investigaciones, Hernández operaba en la costa oeste de Florida, donde se dedicaba al robo de embarcaciones que posteriormente eran trasladadas a México para facilitar las operaciones logísticas de la organización.
Su socio, Ramón Reyes Aranda, identificaba los objetivos, mientras que Hernández coordinaba el envío de los bienes robados hacia territorio mexicano.

Secuestro y extorsión de migrantes
Las indagatorias revelan que la organización criminal identificaba a migrantes en tránsito hacia Estados Unidos, a quienes posteriormente secuestraban en territorio mexicano.
Una vez privados de la libertad, las víctimas eran obligadas a proporcionar contactos familiares. La organización exigía pagos cercanos a 10.000 dólares a cambio de su liberación.
En caso de negativa, los migrantes eran sometidos a tortura física extrema, incluyendo golpes con armas, uso de cuchillos y descargas eléctricas con dispositivos paralizantes.
Las víctimas eran liberadas únicamente tras el pago del rescate, siendo posteriormente enviadas hacia la frontera para solicitar asilo.
Estructura de mando y expansión internacional
La red estaba liderada por varios ciudadanos cubanos establecidos en México, entre ellos Reynaldo Abreu García, Yohismy Pérez González, Yosvani Carbonel Lemus, Reynaldo Crespo Márquez y Jancer Sergio Ramos Valdés.
El reclutamiento de colaboradores, como Hernández, fue facilitado por figuras como José Miguel González Vidal, quien actuaba como enlace dentro de la estructura criminal.
Además de los líderes cubanos, la organización incluía ciudadanos mexicanos que participaban en actividades de extorsión, tráfico de armas y corrupción de funcionarios.
Operaciones en destinos turísticos clave
Las investigaciones apuntan a que el grupo tenía presencia en zonas como Cancún, Isla Mujeres y Cozumel, donde operaban redes de “coyotes” y centros de retención clandestinos.
Individuos como Remigio Valdez Lao, alias “Milo”, han sido vinculados con estas operaciones, con antecedentes penales en México desde 2015.
El control del tráfico de migrantes desde Cuba hacia Estados Unidos generó ingresos millonarios para la organización, lo que derivó en conflictos con otros grupos criminales como Los Zetas, que intentaron disputar el control de estas rutas.
La investigación fue resultado de una colaboración entre autoridades de México y Estados Unidos, permitiendo documentar una red que operaba en múltiples países, incluyendo España.
El caso de Javier Hernández representa uno de los golpes más relevantes contra esta organización, aunque las autoridades advierten que la estructura criminal sigue activa.
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