Los rostros detrás del examen de control de la UNAM

Miles de aspirantes a la UNAM enfrentan un nuevo examen presencial de control tras las irregularidades en la prueba digital; jóvenes comparten miedo, esperanza y revancha.

Protesta de estudiantes por examen de admisión a la UNAM.
Jóvenes se presentaron ayer en las instalaciones de la máxima casa de estudios para exigir justicia por lo sucedido en la prueba.Foto: Cuartoscuro.

Cerraron las guías, hicieron cuentas con el bolsillo golpeado y masticaron la frustración de un proceso marcado por irregularidades. Pero la historia para miles de aspirantes a la UNAM dio un giro inesperado.

El nuevo examen de control, ahora a papel y lápiz, los regresó de golpe al punto de partida: con el miedo a cuestas, la mesa llena de cuadernos y la urgencia de transformar la incertidumbre en una segunda oportunidad.

“Ahora voy por los 120 aciertos”: la revancha de Saúl

Saúl Martínez ya no quiere alcanzar el puntaje de corte. Quiere llegar al máximo.

El pasado 16 de julio por la noche, cuando la UNAM publicó los resultados, sus 98 aciertos en el examen de ingreso representaban su mejor desempeño en tres intentos. Pero el aumento atípico de puntajes elevó el corte para la licenciatura en Administración hasta los 108 puntos y dejó al joven de 22 años fuera del lugar que buscaba.

Ahora, la decisión de la UNAM de realizar un examen presencial de control le abrió una puerta que creía cerrada, pero también le impuso un nuevo desafío: volver a demostrar que sus aciertos fueron producto de meses de estudio.

Sentí miedo y a la misma vez esperanza. Me da alivio volver a presentar el examen, pero también miedo porque no sé si voy a repetir los mismos aciertos, aumentarlos o si pueden bajar”, confiesa.

La incertidumbre que describe es la misma que hoy comparten miles de aspirantes: si el primer resultado fue consecuencia de meses de preparación, ¿serán capaces de repetirlo?

Ahora Saúl volverá a los libros, repasará las guías y reforzará los temas en los que tuvo errores, apoyado en el diagnóstico que la propia UNAM entregó tras la primera aplicación.

Pero su meta cambió. En el primer intento buscaba reunir los puntos necesarios para ingresar; hoy quiere la puntuación perfecta.

Claramente ahora mi meta van a ser los 120 aciertos sin importar cuánto haya sacado en el primero”, afirma.

Su experiencia frente a la pantalla —donde enfrentó fallas con la cámara y vio en redes sociales publicaciones de personas que presumían formas de evadir los controles— también modificó su percepción sobre los retos de aplicar un examen de admisión mediante herramientas digitales.

En cierta parte estuvo bien que la UNAM haya querido innovar o actualizarse con las demás instituciones con el examen virtual, pero sí hubiera sido mejor que le metieran más presupuesto a la seguridad y a la veracidad del examen”, reflexiona.

Para quienes pudieron haber obtenido ventajas indebidas, tiene un mensaje.

A quienes hicieron trampa les diría que tienen la oportunidad de demostrar que no lo hicieron si se preparan de la mejor manera. Mucha suerte en sus exámenes”, desea.

A mí la UNAM me llama mucho la atención porque es una institución de alto prestigio, las instalaciones de Ciudad Universitaria me gustan muchísimo y la verdad me gustaría ser un Puma”.

A dos aciertos de Medicina: quiere dar el mejor examen de su vida

A Orión Juda le faltaron exactamente dos aciertos para ingresar a la licenciatura de Médico Cirujano. Con 115 aciertos, después de meses de preparación y jornadas de estudio de hasta ocho horas diarias, sintió la tranquilidad del deber cumplido. Pensó que su proceso había terminado.

Pero la decisión de la UNAM de aplicar un examen de control presencial volvió a poner el marcador en cero.

Al principio sentí incertidumbre y sorpresa. Sin embargo, cuando supe que habría un examen de control, lo vi como una oportunidad para demostrar todo el esfuerzo realizado. Mi primera reacción fue una mezcla de nervios y esperanza: nervios por enfrentar otra vez la presión, pero esperanza porque significa que todavía tengo la posibilidad de conseguir el lugar por el que he trabajado”, relata.

Ese camino no lo recorrió solo. Detrás de sus 115 aciertos hubo meses de estudio, sacrificios personales y el respaldo de una familia que hizo suyo el mismo sueño.

Estudiaba entre seis y ocho horas diarias. Ese esfuerzo representó muchos sacrificios, tanto para mí como para mi familia. Ellos siempre me apoyaron, por eso cada hora de estudio fue una inversión en el sueño que compartimos de verme estudiar Medicina en la UNAM”, comparte.

Ahora, regresará a los libros con una estrategia distinta: reforzar los temas en los que tuvo más dificultades, realizar más simulacros y trabajar la parte emocional para llegar con mayor confianza al examen. Para lograrlo, tendrá que  volver a poner en pausa su tiempo libre, las salidas y muchas horas de descanso.

Sé que será un esfuerzo temporal, pero estudiar Medicina es un sueño por el que vale la pena luchar”.

A diferencia de obsesionarse con una cifra, su objetivo para esta nueva oportunidad no está en un número, sino en ofrecer la mejor versión de sí mismo.

Más que pensar en un número específico, quiero dar el mejor examen de mi vida”.

Sobre las irregularidades que llevaron a la UNAM a ordenar un examen de control, Orión sostiene una postura firme.

Detrás de cada lugar hay una persona que estudió durante meses con esfuerzo y honestidad. Si realmente existieron irregularidades, espero que se esclarezcan, porque el ingreso a una universidad debe depender del mérito y no de ventajas injustas”.

No piensa dar un paso atrás. Sabe que un proceso extraordinario no define su capacidad ni su vocación.

Entrar a la UNAM representa la oportunidad de convertirme en médico y ayudar a muchas personas. No pienso rendirme porque sé todo lo que he luchado”.

Si dentro de unos meses logra ocupar un lugar en un aula de Medicina en la FES Zaragoza, Orión sabe cuál será el recuerdo que volverá primero a su memoria.

Recordaré que hubo momentos muy difíciles, como cuando me quedé a solo dos aciertos de entrar, pero también recordaré que no me rendí. Pensaré en todas las horas de estudio, en el apoyo de mi familia y en la decisión de volver a intentarlo. Ese día entenderé que cada sacrificio valió la pena”.

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