Rescate que se torna en maltrato; trastornos psicológicos
El hallazgo de más de 60 gatos en una casa puso bajo la lupa el síndrome del arca de Noé, donde ya no se percibe el daño causado a los animales

En una vivienda de la Ciudad de México convivían más de 60 gatos. No había espacio suficiente, ni atención veterinaria para todos. Algunos presentaban infecciones en la piel; otros mostraban signos de abandono prolongado.
El rescate fue realizado por autoridades capitalinas y organizaciones de protección animal luego de una denuncia que alertó sobre las condiciones en las que vivían.
Casos como éste visibilizan el síndrome de acumulación de animales, conocido como síndrome del arca de Noé: un trastorno mental que afecta tanto a las personas como al bienestar de los animales que concentran.
“No todos los síndromes de acumulación son lo mismo”, explica Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM. “Existe el trastorno de acumulación asociado al trastorno obsesivo-compulsivo, el síndrome de Diógenes y, por separado, la acumulación de animales. En este último, el problema no es el amor por las mascotas, sino la incapacidad de percibir el daño que se les está causando”.
Esta acumulación no se define por un número específico. “Diez perros en una granja no representan lo mismo que decenas de animales en un espacio cerrado. El padecimiento aparece cuando la persona deja de reconocer si cuenta con las condiciones necesarias para brindar una vida digna”.
Aunque en México no existen estadísticas oficiales sobre la acumulación de animales, estudios internacionales muestran que se trata de un fenómeno documentado desde hace décadas.
En Estados Unidos, un análisis realizado en 1994 identificó 54 casos de acumulación animal: 76% correspondía a mujeres, casi la mitad eran personas mayores de 60 años y el promedio de animales por caso era de 39, aunque en al menos cuatro casos eran más de 100.
“Cuando una persona empieza a tener un número muy grande de animales, los recursos de tiempo, dinero y cuidado dejan de ser suficientes”, señala Claudia Edwards Patiño, profesora de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM.
“Es común encontrar animales con bajo peso, sin atención veterinaria, sin vacunación ni desparasitación, viviendo en espacios donde la limpieza ya no es posible”.
En esos lugares, refiere, la acumulación de orina y heces eleva los niveles de amoniaco a tal grado que irrita ojos y mucosas. “En algunos rescates, los propios rescatistas tienen que usar mascarillas y salir por periodos porque no pueden permanecer mucho tiempo dentro. Los animales viven ahí de manera permanente”.
El deterioro no es sólo físico. “Vemos agresividad entre ellos, competencia por alimento, movimientos repetitivos como caminar en círculos, lamerse compulsivamente o arrancarse el pelo. Son respuestas a un entorno que no pueden controlar”.
También aparecen cuadros de apatía y depresión. “No hay enriquecimiento ambiental, no hay paseos, no hay estímulos. El bienestar animal implica nutrición, salud, ambiente, comportamiento y estado mental. Tener un techo no garantiza bienestar si todo lo demás está comprometido”.
Recordó un caso en el que una pareja que vivía bajo un puente llegó a concentrar 100 gatos. Los animales comenzaron siendo pocos, pero con el tiempo, y tras recibir ayuda externa, el número creció de manera sostenida. Esto ilustra cómo la acumulación puede escalar cuando existe una intención inicial de ayudar.
Sánchez Castillo plantea que muchas personas con este padecimiento no perciben que están causando daño. “La mascota representa compañía. En contextos de depresión, ansiedad, soledad o duelo, el cerebro no procesa la información de la misma manera. No es que la persona no quiera ver el problema; es que no puede verlo”.
Por ello, la acumulación de animales suele estar asociada a otros padecimientos de salud mental, especialmente en contextos de aislamiento social. Aunque se observa con mayor frecuencia en adultos mayores, los especialistas aclaran que no es exclusiva de ese grupo.
Ambos especialistas coinciden en que no todo rescate deriva en acumulación patológica. Un rescate responsable implica adopciones constantes, registros claros, atención veterinaria, esterilización y apertura a recibir ayuda.
“La diferencia aparece cuando la persona cree que nadie más puede cuidar a los animales como ella, aunque ya no lo esté haciendo”, dice Edwards.
Pese a la gravedad del fenómeno, la mayoría de los casos no llegan a atención psicológica. “La intervención suele darse por denuncias, retiro de animales o conflictos legales, pero sin tratamiento de fondo”, señala Sánchez Castillo. “Sin atención en salud mental, el ciclo tiende a repetirse”.
Para los especialistas, el reto no es sólo rescatar animales, sino reconocer que detrás de estos casos hay personas que también requieren ayuda profesional. Sin abordajes integrales
—salud mental, bienestar animal, redes comunitarias y políticas de esterilización—, la acumulación seguirá ocurriendo, muchas veces lejos de la mirada pública.
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