Naranja, el agrio espejo del limón en Álamo, Veracruz
Del control de huertas en Michoacán a la cacería de compradores en Veracruz: el crimen replica el modelo de extorsión que asfixió a Tierra Caliente

La violencia contra el campo mexicano no innova; se calca. Lo que durante una década fue el manual de sometimiento en Michoacán —cuotas por kilo, asesinatos selectivos de líderes y control total de la cadena productiva— ha encontrado un nuevo territorio fértil en Álamo Temapache, Veracruz.
En el principal pulmón citrícola del país, el asesinato del empresario Javier Vargas Arias y el ataque sistemático contra compradores de fruta confirman que la “mafia del limón” ha cruzado fronteras estatales para imponer un impuesto criminal a la naranja, operando bajo un estado que, entre inundaciones y vacío de poder, parece haber cedido el control del territorio.
El pasado martes 20 de enero, tres compradores de naranja: Felipe Lemus, Yolanda Zaragoza y Erasmo Martínez fueron atacados a balazos en el ejido Estero del Ídolo. Los pobladores aseguraron que, ante la negativa de ceder a las presiones de los delincuentes, que exigen el cobro de piso, fue lo que detonó este triple homicidio.
Esta inseguridad va afectar el mercado de naranjas, porque a pesar de los malos precios teníamos donde vender nuestras cosechas, pero si siguen matando a los compradores, a los que mueven la economía de Álamo, con el tiempo no vamos a tener a quien venderle”, expresó una productora.
En Michoacán, el cobro de piso se ha institucionalizado: cuotas por kilo, por cosecha, por traslado y hasta por uso de agua. La extorsión es un sistema económico paralelo que afecta a toda la cadena productiva.

La extorsión, un impuesto obligatorio
En Álamo, productores denuncian que, incluso tras las inundaciones que devastaron huertas y caminos, la delincuencia no detuvo las exigencias de pago. Los pocos comercializadores que lograron mantener actividad fueron presionados para entregar cuotas. Hay temor, desconfianza e incertidumbre.
La extorsión opera como un impuesto obligatorio que no se detiene ni ante desastres naturales, analiza Aristeo Vega, quien es productor citrícola.
Aseguró que en Michoacán los grupos criminales han consolidado control sobre rutas, horarios de cosecha y zonas de empaque. El llamado Corredor de la Muerte es ejemplo de cómo la violencia se usa para dominar el territorio.
En Álamo, la crisis por inundaciones dejó caminos destruidos, huertas anegadas y comunidades aisladas. En ese vacío institucional, los grupos criminales aprovecharon la vulnerabilidad para reforzar su presencia, señaló Aristeo.
A cualquier hora se pasean. El 6 de enero por aquí anduvieron regalando cosas. ¿Qué le dices a la gente, si las autoridades no responden? Hay quienes se oponen, se encierran y ya luego amanecen muertos solitos, que por enfermedad. Yo no les creo”.
Considera así que el crimen se expande donde el estado está debilitado o ausente.
Bernardo, un empresario juguero, considera que hay similitudes entre lo que ocurre en Michoacán con lo que está sucediendo en Álamo.

La presión del crimen organizado ha encarecido el producto
Por ejemplo, aseguró que en Michoacán, la extorsión ha encarecido el aguacate y el limón, ha provocado abandono de huertas y ha generado pérdidas millonarias. El miedo es parte del costo operativo.
En Álamo, la combinación de desastre natural y violencia dejó a los naranjeros en una doble crisis: perdieron cosechas y temen seguir a merced de los delincuentes que les pretenden exigir parte de las pocas ganancias que ahora tienen por producción”. La incertidumbre domina el ánimo del sector citrícola.
La violencia no sólo afecta la economía, sino la continuidad de la vida agrícola.
Aunque los patrones coinciden, existen matices, mientras que en Michoacán tiene un modelo criminal más consolidado y diversificado, con grupos que llevan años disputando el control del aguacate y el limón, en esta región del norte de Veracruz todavía es una fase temprana, analiza Bernardo.
Pareciera que buscan replicar el modelo en este que es un territorio estratégico, sólo que acá el clima y las enfermedades que han mermado las cosechas los han detenido un poco”, refirió.
La violencia contra productores en Álamo Temapache no es un fenómeno aislado: forma parte de un patrón nacional donde el crimen organizado ha encontrado en el campo una fuente estable de ingresos con un control total de la producción, miedo generalizado y un estado rebasado.
Álamo está a tiempo de evitar ese destino, pero las señales actuales indican que el camino ya comenzó a trazarse.
*mcam
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