Josefina Rodríguez Zamora: De Sectur a explorar la silla de Tlaxcala
La secretaria de Turismo Federal, Josefina Rodriguez Zamora, busca llevar a México al quinto lugar mundial en atracción de visitantes, algo que suena complicado, más si no descarta la gubernatura de su estado natal

Dicen quienes la conocen que en la política, como el buen turismo, no se trata de llegar primero, sino de hacer que el viaje sea inolvidable. A sus 37 años, Josefina Rodríguez Zamora ya ha descifrado esa ruta.
Nacida bajo el amparo de los volcanes tlaxcaltecas el 3 de marzo de 1989, hoy se mueve con una naturalidad magnética en las ligas mayores de la política nacional, ostentando una de las carteras más glamorosas, pero hoy en día, paradójicamente, de las más austeras del gabinete federal, la Secretaría de Turismo (Sectur).

Ella misma se define como una “exploradora de México”, una persona que disfruta de nuestra gastronomía y una guardiana de los secretos que esconde el territorio nacional. Sin embargo, detrás de esa sonrisa de promotora cultural y de su formación en Administración de Empresas por la Ibero de Puebla y su maestría en Alta Dirección, habita una estratega de colmillo afilado que sabe mezclar a la perfección la frialdad de la gestión privada con el fuego de la administración pública.
“Sí existe”
Su verdadero bautizo ocurrió en 2021, cuando la gobernadora Lorena Cuéllar la nombró secretaria de Turismo de Tlaxcala. Enfrentando el eterno chiste nacional que cuestionaba la existencia de su estado, Josefina aplicó una máxima de la alta dirección: si la narrativa te ignora, rómpela.

Fue la arquitecta de la disruptiva campaña “Tlaxcala sí existe”, un golpe mediático que no sólo sacudió las redes sociales, sino que disparó la llegada de visitantes y pernoctas a niveles nunca antes vistos en la entidad.
Bajo su gestión, el místico rincón de Ixtenco consiguió el codiciado título de Pueblo Mágico, rescatando el orgullo textil y cultural de la región.
El éxito local fue su pasaporte al centro del país. El 1 de octubre de 2024, desafiando las quinielas políticas que esperaban rostros más curtidos o la bendición del secretario saliente, Miguel Torruco, el nombre de Josefina Rodríguez Zamora resonó en el gabinete de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La llegada de la tlaxcalteca a la Sectur federal tomó por sorpresa a los círculos tradicionales del sector. En los pasillos de la política se sabía que Rodríguez Zamora no figuraba en la lista de las secretarías estatales más conocidas a nivel masivo, ni pertenecía al grupo compacto de candidatos que impulsaba el secretario de turismo saliente.

Llegó a la esfera federal como una de las piezas más jóvenes y refrescantes del tablero, dispuesta a sacudir el polvo de una secretaría que tiene los presupuestos más bajos de su historia y que camina huérfana, desde 2018, tras la desaparición del extinto Consejo de Promoción Turística de México (CPTM).
A diferencia de la rigidez de su antecesor, Josefina ha tejido puentes no sólo con la presidenta Sheinbaum, sino con el sector privado.
Su diplomacia ya ha sido probada en arenas movedizas. Durante la Feria Internacional de Turismo (Fitur) de 2026 en Madrid, en medio de un clima de sutiles tensiones bilaterales, fue ella quien recibió a los reyes Felipe y Letizia de España. En un acto de alta escuela política, la secretaria cobijó a los monarcas frente al arte huichol y los textiles de manos indígenas, recordándole al mundo que la cultura y el turismo están por encima de las fricciones de la historia.

Sus defensores destacan su capacidad para entregar resultados cuantificables en escenarios de franca adversidad económica, así como una narrativa muy particular que logra conectar de manera orgánica la identidad regional más profunda con una proyección de modernidad a escala nacional e internacional. Sus detractores o escépticos, por su parte, vigilan de cerca la juventud de su carrera, argumentando que las verdaderas tormentas políticas de la administración federal apenas comienzan a formarse en el horizonte.
La ambición bajo el sombrero
Pero en la política mexicana, ningún éxito es apolítico. El nombre de Josefina ya no sólo resuena en las playas de Acapulco o en los palacios madrileños; retumba con fuerza en los pasillos de Morena en su natal Tlaxcala, donde las aguas de la sucesión gubernamental para 2027 ya han comenzado a agitarse.
Hace poco, durante el Tianguis Turístico de Acapulco, la prensa le lanzó una pregunta incómoda, esa que busca desvelar las cartas antes de tiempo. Su respuesta fue una estocada.

Sigo al frente de Sectur, seguirán escuchando mi voz ronca. Tlaxcala siempre estará en mi corazón, pero yo tengo una encomienda con la Presidenta y yo me puse el reto de ser el quinto país más visitado”.
Los analistas políticos leen entre líneas su alta visibilidad, sus sólidas redes con los sectores productivos y sus resultados medibles como el cimiento perfecto para una plataforma política inevitable hacia 2027. A pesar de “descartarse” de inicio, se sabe en su círculo que no le hace el feo estar al frente del estado que la vio nacer.
Ella insiste en mirar al mapamundi, pero su estado natal la mira a ella. Josefina Rodríguez Zamora camina hoy sobre una cuerda floja muy fina, pues debe cumplir la audaz promesa de colocar a México en el Top 5 mundial del turismo con un presupuesto de supervivencia, mientras cuida que su sombra en Tlaxcala crezca con el ritmo preciso.
Lo único innegable es que la joven funcionaria que impulso entre varios funcionarios a visibilizar que su estado “sí existe”, ahora trabaja para demostrar que en el tablero del futuro, ella es la jugadora a seguir.
No se descarta que en unas semanas, o tal vez uno o dos meses, levante la mano y confirme lo que es un secreto a voces: su intención por competir próximamente por la gubernatura de Tlaxcala.
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