Historia de un fraude: Del examen blindado, al colapso en la UNAM
En enero, la UNAM sostuvo que nadie podía conocer los reactivos, que la inteligencia artificial sólo emitía alertas y que todas las decisiones eran revisadas por personas

“Nadie tiene los reactivos”. Con esa frase, pronunciada en enero por la directora general de Administración Escolar, Ivonne Ramírez Wence, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) buscó disipar cualquier duda sobre el primer examen de ingreso a licenciatura aplicado completamente en línea y supervisado mediante inteligencia artificial.
Apenas comenzaba el registro de aspirantes cuando la Dirección General de Administración Escolar (DGAE) convocó a un reducido grupo de reporteros para explicar por qué el nuevo modelo era, según la Universidad, más seguro, más equitativo y prácticamente inmune a la filtración de preguntas.
Nadie tiene los reactivos. Ni cuando los imprimíamos en papel, tampoco los tenía nadie”, afirmó Ramírez Wence.

UNAM defendía seguridad del examen en línea ante riesgo de filtraciones
Las autoridades universitarias insistieron en que el nuevo esquema hacía prácticamente imposible el mercado de respuestas que históricamente ha rodeado a los concursos de ingreso.
Los exámenes de un turno a otro ninguno va a ser igual. Aunque yo me lleve la pregunta 44 y la venda en 30 pesos… dentro de cada área hay cinco versiones y aun así van a ser diferentes cada turno”, explicó entonces la funcionaria.
La lógica era sencilla: aunque alguien fotografiara una pregunta o intentara comercializarla, el siguiente sustentante enfrentaría un examen distinto.
Pero seis meses después, esa narrativa quedó severamente golpeada.
Los resultados oficiales publicados por la propia UNAM mostraron un comportamiento estadístico sin precedentes: miles de aspirantes obtuvieron calificaciones extraordinariamente altas, los puntajes perfectos se multiplicaron, la mediana del examen dio un salto inédito y carreras con históricas distribuciones estables presentaron desplazamientos que especialistas en evaluación educativa calificaron como incompatibles con el comportamiento esperado de una prueba estandarizada.
La propia Universidad terminó por suspender el proceso de inscripción, instalar una Comisión Técnica independiente y abrir una investigación para revisar lo ocurrido.
“La IA no cancela nada”
Durante aquella reunión de enero, otro de los mensajes centrales fue defender la confiabilidad del sistema de vigilancia.
Las autoridades respondieron a las críticas surgidas tras los procesos de bachillerato y Suayed, donde algunos aspirantes denunciaban cancelaciones injustificadas.
La IA no cancela nada. Son seres humanos que toman decisiones”, respondió Gloria Ibett González Parada, directora de Gestión Estratégica y Primer Ingreso.
Según explicó, la inteligencia artificial únicamente detectaba conductas consideradas irregulares —como leer en voz alta, consultar otro dispositivo o la posible suplantación de identidad— y posteriormente un grupo de funcionarios revisaba manualmente cada evidencia antes de cancelar un examen.
Incluso pidió públicamente a la prensa ayudar a combatir la percepción que circulaba en redes sociales.
Yo sí quiero pedirles que nos ayuden a quitar esta imagen que nos han dado las redes sociales”, dijo.
Las funcionarias aseguraron que todos los casos eran revisados individualmente y que incluso los aspirantes cancelados eran citados para mostrarles las evidencias.
Sin embargo, los resultados de julio abrieron un cuestionamiento distinto: no sobre los jóvenes que fueron detectados haciendo trampa, sino sobre aquellos que nunca fueron identificados pese al comportamiento atípico reflejado en los puntajes.

El examen que nadie podía tener
La DGAE también sostuvo que el enorme banco de reactivos hacía imposible conocer previamente las preguntas.
Nadie tiene los reactivos”, reiteró Ramírez Wence.
Incluso advirtió que los llamados cursos que prometían “garantizar el ingreso” carecían de sentido porque ninguna persona podía conocer el contenido de las evaluaciones.
Hoy, sin embargo, diversos análisis independientes sostienen que la alteración observada en los resultados difícilmente puede explicarse únicamente por una mejora académica de los aspirantes.
Especialistas como Raúl Rojas, Arturo Erdély, Eduardo Backhoff y Gerardo Guerrero documentaron anomalías en la distribución de los puntajes que apuntan a una alteración masiva del proceso de evaluación, hipótesis que motivó la revisión institucional emprendida por la propia Universidad.

Del optimismo institucional a la mayor crisis de admisión
En enero, la conversación giró alrededor de la democratización del examen.
Las autoridades destacaban que ya no sería necesario viajar cientos de kilómetros para presentar la prueba, presumían un ahorro de 16 millones de hojas de papel, 320 millones de litros de agua y la reducción de emisiones contaminantes.
Seis meses después, el debate dejó de ser ambiental o tecnológico.
La discusión se trasladó a la credibilidad del mecanismo que debía garantizar igualdad de condiciones para más de 158 mil aspirantes.
*mcam