“No sé lo que hacía y estoy en tratamiento psiquiátrico”: La disculpa de la “abuela mataperros” de Coyoacán para no pisar prisión

La resolución del juez contra Flor revive una realidad del sistema judicial: no existen los castigos ejemplares para violentadores de animales, según experta

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“Estoy realmente arrepentida porque no fue mi intención hacerle ningún daño. Lo lamento mucho porque no sé lo que hacía y estoy en tratamiento psiquiátrico”.

Esa fue la disculpa pública que Flor, la llamada “abuela mataperros” de Coyoacán, ofreció a un juez del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de la Ciudad de México el 6 de marzo para evitar pisar prisión por el asesinato con violencia de la perrita “Moni” en mayo de 2024. 

La disculpa –que en realidad fue dirigida al juez y no a la dueña de la perrita con discapacidad, Esmeralda Yarce— fue realizada durante la última audiencia del caso que tardó dos años en alcanzar su desenlace y momentos antes de que la mujer de 78 años fuera increpaba a las afueras de los juzgados de la colonia Doctores por activistas. 

Excélsior obtuvo una copia de esta audiencia donde el juez aceptó un acuerdo para la suspensión condicional del proceso penal, es decir, una serie de puntos para que la señora no reciba una condena de prisión por su avanzada edad. 

Los puntos fueron los siguientes: una reparación económica en pagos bimestrales, firma mensual durante tres años; tratamiento psiquiátrico, que la señora confesó ya estar recibiendo en una institución pública, una orden de restricción contra la dueña y desistir de dos carpetas de investigación que las hijas de Flor habían iniciado en contra de vecinos que testificaron en su contra y la disculpa pública donde admite haber asesinado a la perrita. 

Suspensión condicional del proceso penal vs. Flor

-Reparación económica

-Firma periódica durante 3 años

-Tratamiento psiquiátrico

-Disculpa pública 

-Orden de restricción vs. víctima

-Desistir de carpetas de investigaciones

¿Quién puede ir a prisión por maltrato animal?

La resolución del caso de “Moni” generó indignación no solamente entre activistas como Zyanya Polastri, quien desde un inicio siguió el caso y ayudó en su difusión, sino en personas que se enteraron recientemente de lo sucedido. 

Pero lejos de los videos de redes sociales y los llamados por justicia existe otra realidad en el sistema judicial de México: los agresores de animales tienen muy baja probabilidad de ir a la cárcel. 

“Lo que sabemos que es estandarizado es que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha nombrado y ha especificado es que los actos de maltrato y crueldad animal no son delito”, dijo a Excélsior Adriana Buenrostro, directora política en Animal Heroes. 

“Realmente no nos sorprende que de pronto salgan aún así cuando se hayan presentado tantas pruebas que tengan evidencias y que salgan libres”, agregó. 

Así como ella, otros activistas y abogados que se especializan en derechos de los animales no pudieron recordar un caso donde algún agresor haya sido castigado con años en prisión. Esto pese a que los códigos penales de la mayoría de estados han sido modificados para hacerlo. 

El ejemplo más recurrente es el de Athos y Tango, perros que fueron entrenados por la Cruz Roja de Querétaro y que fueron envenenados en 2021 por Vicente Benjamin “N”.

El sujeto fue sentenciado a 10 años de prisión por este delito, lo que marcó un parteaguas en materia de justicia para los animales al posicionarse como la sentencia más alta en la historia del país. Pero la realidad es que, a la fecha, el hombre de más de 60 años sigue su proceso desde casa y existe un proceso de revisión en la Corte porque un tribunal colegiado insiste en reducir su sentencia a cuatro años. 

En el caso de la Fiscalía capitalina, el ministerio público exigió la sentencia máxima de seis años para Flor por el delito de crueldad animal contra la perrita “Moni”. 

Videos, necropsia y hasta testigos

El caso de “Moni” fue judicializado porque el ministerio público admitió como pruebas al menos dos videos, una necropsia y el testimonio de seis testigos. 

El primer video fue captado por la cámara de seguridad de los condominios de Xotepingo 101, donde Flor residió varias décadas hasta que su caso se volvió mediático en 2025. En este se observa a la mujer ingresando a su hogar con “Moni” atada de un lazo el mismo día que desapareció, es decir, el 27 de mayo de 2024. 

La perrita chihuahua de 16 años, que sufría ceguera y sordera, salió por error de su casa en la calle Crisantema porque alguien dejó la puerta abierta. 

El segundo video muestra a Esmeralda increpando a Flor al pie de su ventana días más tarde mientras otro familiar desentierra los restos de “Moni” de una jardinera. El hoyo fue cavado a unos cuantos pasos de la ventana de Flor y su cuerpo estaba cubierto con cal. 

Tras judicializarse el caso, la necropsia que realizó la Fiscalía General de Justicia (FGJ) de la Ciudad de México confirmó que hubo crueldad animal porque “Moni” murió a causa de “un choque neurogénico (dolor) e hipovolémico (pérdida de sangre)” causados por “un objeto romo sin filo”. 

La defensa de Esmeralda incluso presentó seis testigos de personas que aseguraron haber visto a Flor asesinar a otros animales, incluyendo perros y gatos. Fueron ellos quienes la empezaron a llamar la “abuela mataperros”. 

Uno de estos testigos fue un vecino que aseguró haber vivido a unos pasos del condominio de Flor por 50 años.

“Tiene muchos años haciendo esa función de atrapar perritos, llevárselos a sus casas y matarlos cruelmente”, dijo en entrevista para Excélsior el hombre que pidió mantener su identidad en anonimato. 

Entre otras acusaciones, el señor relató que Flor hizo creer por años a los vecinos que se dedicaba al rescate de animales y que trabajaba con asociaciones de renombre. Los animales entraban vivos a su casa, pero salían en bolsas negras sin vida. Otros vecinos han compartido fotos que muestran a la mujer de la tercera edad merodeando con cajas Kennel por jardines públicos y estacionamientos durante la madrugada. 

“Siempre llevaba comida, croquetas, cosas que le gustaran a los perritos para atraerlos (...) Gente humilde y les pagaba para que le consiguiera perritos”, agregó el vecino. 

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