Día del Niño: El juego como radar y refugio; crianza consciente
Más allá de los juguetes de moda, jugar es la herramienta más poderosa para conectar con los menores de edad neurodivergentes; especialistas resaltan que acompañar en los momentos de diversión sin intentar corregir es la clave para una comunicación real

¿Ya jugaste con tu hijo hoy? Antes de pensar en el juguete de moda, hay una pregunta más importante: ¿cuánto tiempo real pasas jugando con él?
El juego es la forma en la que los niños entienden el mundo y, en el caso de la neurodivergencia, es la puerta principal para conectar y desarrollarse.
En el marco del Día del Niño y del mes de concienciación sobre el autismo, el doctor Antonio Rizzoli Córdoba, presidente de la Sociedad Mexicana de Pediatría del Desarrollo y la Conducta (SMPDC), enfatiza que el mejor regalo es la interacción, no el objeto.
No se requieren cosas caras ni complicadas. Lo más importante que necesitan los niños, las niñas y los adolescentes es tiempo de calidad con los adultos, donde el juguete es un medio, pero el fin siempre debe de ser la interacción”, subrayó.
En México, la prevalencia del autismo puede ser de hasta una de cada 32 personas, pero los diagnósticos suelen llegar tarde, muchas veces cuando las dificultades en la comunicación o la interacción social ya son más evidentes.
El especialista propone el enfoque neuroafirmativo: entender que cada persona tiene una forma única de percibir y expresar, sin intentar que todos encajen en el mismo molde.
El enfoque neuroafirmativo parte de algo básico: todos los niños, niñas, adolescentes y adultos son personas con derechos. Cada uno tiene una forma única de percibir, interactuar y expresar. No tenemos por qué buscar que todos sean (...) iguales”, explicó.

Desde esta perspectiva, la neurodiversidad no es un problema a corregir, sino una forma distinta de experimentar el mundo.
Cuando esas diferencias implican retos en áreas como la comunicación social, la participación con otros, la imitación o el juego, se habla de neurodivergencia y es justo ahí donde el juego cobra un papel central.
El impacto
El juego tiene un peso mucho más profundo del que solemos darle. No es únicamente entretenimiento: es una herramienta clave para el desarrollo social, emocional y cognitivo.
El juego es la mejor estrategia que existe en el mundo para transmitir participación social, para sentirse parte. A veces los papás están tan preocupados por enseñar o por pagar terapias que se les olvida jugar”, subrayó Rizzoli Córdoba.
Agregó que jugar no significa seguir reglas estrictas ni usar los juguetes “correctamente”.
El tip más difícil para los papás es dejar de querer que sus hijos jueguen con el juguete como dice el instructivo. Permite que jueguen como les nazca jugar. Únete a su juego y deja de hacer preguntas, permítete estar”, indicó,
En un contexto donde muchas veces se busca corregir, acelerar o encajar, la invitación es otra: observar, acompañar y entender que cada niño, neurodivergente o no, tiene su propia forma de descubrir el mundo.
La invitación, explica el especialista, es acompañar en lugar de corregir.
Si está apilando bloques, puede ser que tú empieces a poner bloques al lado, y esos bloques ayuden a que vaya haciendo otra cosa o a que se abra a nuevas formas de jugar”, resaltó.
“Puede ser que el niño esté apilando bloques o viendo los objetos de cierta forma. Dejar de pensar que eso está mal. Qué maravilla que una persona descubra un interés en etapas tempranas. El problema es que lo juzgamos”.
El juego, explica el especialista, tiene cinco características clave: es repetitivo, creativo, tiene un sentido, puede incluir participación social y, sobre todo, es divertido.
Sin Diagnosticar
Además, el especialista señaló que, durante años, el autismo en niñas pasó casi desapercibido, no porque no existiera, sino porque se interpretaba desde una mirada limitada.
Durante mucho tiempo operó un prejuicio social muy fuerte, con una visión donde se decía ‘calladita te ves más bonita’. Y eso está absolutamente mal”, explicó el especialista.
Bajo esa lógica, muchas niñas que no hablaban mucho, que no participaban o que parecían tranquilas, eran vistas como bien portadas.
“Esa niña que estaba callada tal vez no era que no quisiera hablar, sino que no sabía cómo hacerlo o no tenía las herramientas. Era una niña que necesitaba atención, no aprobación por quedarse en silencio”, apuntó
“Esa niña que estaba callada no era que no quisiera hablar, sino que no sabía cómo hacerlo”.
Masking: hacer cosas por encajar
A este escenario se suma otro factor clave: el masking o enmascaramiento, es decir, la capacidad de adaptarse para encajar, incluso cuando eso implique un desgaste emocional profundo.
El masking es hacer cosas para encajar. Por eso ya no se usa la pieza de rompecabezas como símbolo del autismo, porque no
Durante años, además, se reforzó una idea de lo que “debía ser” una mujer: discreta, obediente, silenciosa.
“Una mujer que hacía sus responsabilidades y no participaba, estaba bien vista. Y eso está (...) mal”, señaló.
Tecnología: herramienta, no sustituto
Las pantallas no deben usarse para “calmar”, sino para conectar:
Antes de los 2 años: Cero pantallas, pues en las primeras etapas, el desarrollo depende del contacto directo, la mirada, la voz y la interacción.
De 2 a 5 años: Uso acompañado. La tablet debe ser un pretexto para jugar juntos (lotería, dibujo), nunca un distractor solitario.
Después de los 6 años: Elegir juegos que fomenten la creación y colaboración, no sólo el consumo pasivo.
*mcam