Chilangas FC busca conformar primera selección femenil de futbol ciego
El equipo Chilangas FC anhela participar en la Copa América 2026, en Sao Paulo, Brasil, pero necesita recursos, los cuales la organización Fondo Semillas le está ayudando a conseguir

El silbato suena y el balón empieza a moverse en la cancha, la emoción en las jugadoras está a tope, porque aquí en la pista son libres y pueden correr tras su sueño: convertirse en la primera Selección Femenil de Futbol Ciego y representar a México en la Copa América 2026.
El futbol para personas ciegas se juega en la modalidad de futbol 5, con cuatro jugadoras con discapacidad visual y una portera que sí ve, además el balón tiene un cascabel que ayuda a las jugadoras a ubicarlo. Aquí, como en todo partido, el trabajo en equipo es la clave del éxito; la entrenadora también se convierte en los ojos de las jugadoras, guiándolas desde el mediocampo para generar la jugada y armar la estrategia.
Las historias de cada una de las integrantes de Chilangas FC —el equipo que representa a la Ciudad de México y que hoy es la base de este proyecto— están llenas de retos sorteados, de metas por cumplir y de una pasión desbordante por el deporte. La cancha se volvió para todas un espacio de libertad absoluta y una fuente de inspiración para las generaciones que vienen detrás.

Romper el cristal de la sobreprotección
En el día a día, Paulina Hernández usa un bastón para recorrer la ciudad, trabajar como masoterapeuta y criar a su hijo de siete años. Pero los fines de semana se pone el uniforme, se amarra los tacos y entra a la cancha dispuesta a dejar el alma.
Paulina perdió la visión progresivamente a causa de una retinosis pigmentaria combinada con nistagmus (un movimiento involuntario de los ojos). Sin embargo, el tiempo que pudo ver fue suficiente para enamorarse del balón en los patios escolares.
“Era muy mala jugadora porque el balón se me perdía en el aire y ya no lo encontraba. Era muy fácil vencerme”, recuerda ahora con humor.
El sueño de la infancia no se apagó. En la edad adulta, Paulina venció el cristal de los prejuicios y la sobreprotección que suelen asfixiar a las personas con discapacidad visual. “Te limitan porque creen que no puedes. Te dicen: ‘¿Cómo vas a cruzar la calle? ¿Cómo vas a socializar? Te vas a lastimar’”, reflexiona. Ella demostró que sí se puede.

Brasil: Un llamado a la empatía
Hoy, Paulina, acompañada de su entrenadora, Wendy del Río, y de sus compañeras de equipo, buscan hacer historia. El objetivo inmediato está a miles de kilómetros de distancia, en las canchas de Brasil. Sin embargo, el partido más difícil no se juega en Sudamérica, sino en las plataformas de recaudación de fondos y en la empatía de una sociedad que a menudo prefiere no ver.
La invitación de la estratega Wendy del Río es clara: se trata de darse la oportunidad de maravillarse con otras formas de vivir el futbol.
“Yo les diría a todos los apasionados que vamos a vivir el Mundial, que volteemos a ver estas otras formas de hacer futbol. Que volteemos a ver el femenil, el adaptado y el futbol para ciegos. Esta forma la verdad es que nos viene a romper con todo lo que sabemos de este deporte, y nos demuestra que la emoción de un gol nos llena a todos por igual”, expresa la entrenadora.
Una campaña por la historia
Para que este equipo pueda subirse al avión rumbo a Brasil, se necesita algo más que voluntad técnica: se requiere financiamiento. Aquí es donde entra Fondo Semillas, una organización que lleva más de 35 años impulsando a colectivas de mujeres y niñas en todo el país.
Tania María Carrillo, oficial de comunicación de la organización, explica que la campaña Fútbol Ciego: Ellas juegan México, busca recaudar un millón de pesos para cubrir uniformes, viáticos, vuelos, hospedaje y canchas de entrenamiento a través de su sitio web (semillas.org.mx).
“Nos enamoramos de su lucha porque ellas no sólo visibilizan el deporte adaptado, sino que se convierten en un referente para otras niñas y mujeres con discapacidad. El deporte transforma vidas y el futbol tiene muchas formas de jugarse”, señala Tania María Carrillo.
La campaña utiliza la palabra “Voy” como lema principal, haciendo un guiño directo a la regla más importante del juego: las futbolistas deben recorrer la cancha gritando “¡Voy, voy, voy!” para cantar su aproximación, orientar a sus compañeras y evitar choques o lesiones graves.
Al final, la recompensa es la misma que en cualquier cancha.
“Meter un gol es una emoción tan grande que quieres echarte a correr y abrazar a la primera compañera que encuentres”, confiesa Paulina con la voz emocionada.
“Representa un orgullo y un compromiso con las mujeres que vienen detrás, para que sepan que sí se puede jugar, que no tienen que quedarse en sus casas”, agrega.
Y para quienes miran desde la tribuna y se suman a esta causa la gratificación también es la misma que ofrece el futbol, gritar gol a todo pulmón y llenarte de orgullo por haberte puesto la camiseta.