La cuenta del fuego

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Un avión militar sobrevoló los pinares de la Gironda el 25 de julio y arrojó retardante sobre el mayor incendio que Francia recuerda en tiempos de paz. Iba equipado con un kit de extinción diseñado por ingenieros españoles de Airbus y fabricado por la empresa Cobo. París y Madrid discutieron por meses su uso. El acuerdo francés se firmó el 17 de julio. Ocho días después la aeronave arrojaba agua sobre el fuego. Esa velocidad de reacción, entre un país que decide y otro que delibera, dice más de la crisis europea del verano que cualquier estadística.

Lo que arde este año en el sur de Europa dejó de ser una tragedia estacional. En España se han quemado más de 141 mil hectáreas y más de 90 mil personas han sido evacuadas o confinadas. El gobierno de Pedro Sánchez declaró el 24 de julio la emergencia de interés nacional en la Comunidad de Madrid y en la provincia de Ávila; es la segunda vez que se activa ese mecanismo y la primera por incendios. En Almería, el fuego de Los Gallardos dejó 13 víctimas mortales, la mayoría extranjeros que trataron de huir por el lecho seco de un arroyo. En Guadalajara, el de La Mierla arrasó cerca de 32 mil hectáreas y fue el tercer mayor incendio en la historia del país. Francia protagoniza la evacuación más grande en tiempos de paz desde la Segunda Guerra Mundial. Un solo foco a las afueras de Burdeos consumió 42 mil hectáreas, cuatro veces la superficie de París. Entre los dos países, más de 300 mil personas fuera de sus casas en dos semanas.

Nadie que cubra clima puede echarle la culpa exclusiva al calentamiento global sin mentir a medias. El cambio climático es el escenario que hace todo peor: temperaturas por arriba de los 40 grados, humedad mínima y lo que los meteorólogos llaman ya “sequía relámpago”. Pero el fósforo lo pone casi siempre alguien: en España, 95% de los incendios forestales tiene origen humano. Un cable eléctrico caído en Almería, probablemente una cosechadora en La Mierla, un choque de automóvil en Selas. Detrás de esos detonantes hay algo menos telegénico y más grave, el abandono del campo. Menos ganadería extensiva, menos vecinos limpiando el monte, más matorral continuo. Los bosques europeos acumulan combustible a la misma velocidad a la que se despueblan las aldeas, y la burocracia ambiental, que a veces dificulta las labores preventivas más elementales, no ha sabido responder.

La factura empieza en lo ambiental. Se pierden ecosistemas que tardaron siglos en formarse y todo el carbono guardado en la masa forestal se libera de un golpe. La económica ya se numera: sólo las labores de extinción en España podrían costar entre mil 723 y 3 mil 275 millones de euros, y la Unión Europea aprobó una ayuda extraordinaria de 120 millones, una fracción del total. El cierre de la autopista A63 y del ferrocarril transfronterizo interrumpe un comercio bilateral hispano-francés que superó los 60 mil millones de euros el año pasado, y un estudio publicado en 2023 en el Journal of Environmental Economics and Management calculó que las regiones del sur de Europa afectadas por grandes incendios pierden hasta 4.8 puntos de PIB acumulados en los años más severos.

La capa de seguridad es la más nueva y quizá la más reveladora. El Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, con su reserva estratégica rescEU de 22 aviones y cinco helicópteros, está bajo presión, según reconoció la comisaria Hadja Lahbib. Grecia, Italia, Turquía y Portugal mandaron medios a España; República Checa, Croacia, Alemania, Eslovaquia, Suecia y de nuevo Turquía, a Francia. Las solicitudes de auxilio pasaron de 10 en 2023 a 19 en 2025, y en lo que va de 2026 ya suman ocho. Al fondo, lo geopolítico: que un incendio se apague hoy con un A400M significa que el fuego está tratándose como amenaza a la seguridad nacional, y que Europa está fabricando su propia respuesta industrial en lugar de depender de los Canadair canadienses de siempre.

Todo esto nos suena. México quemó en 2024 más de 1.6 millones de hectáreas y arrastra los mismos problemas: despoblación rural, gestión forestal debilitada, brigadas precarizadas, un pacto de Estado que ni siquiera se ha empezado a discutir. Sánchez lleva días exigiéndolo en Madrid. En nuestro país se discute de qué color se pintan los aviones.

El incendio europeo de 2026 no es sólo una crónica del calentamiento global. Es el ensayo general del tipo de emergencia que va a definir al Estado del siglo XXI. Y lo estamos viendo desde la butaca, con el humo empezando a colarse por la ventana.