De la celebración a la sospecha: seleccionados de la UNAM enfrentan el estigma del examen en línea
Seleccionados de la UNAM 2026 enfrentan incertidumbre y estigma tras suspensión de inscripciones por anomalías en el examen en línea; narran pérdidas y desgaste emocional.

Mientras la Universidad revisa las posibles anomalías del Concurso de Selección 2026, estudiantes aceptados narran a Excélsior cómo el orgullo de ingresar a la máxima casa de estudios se transformó en zozobra, pérdidas económicas y una carga inesperada: tener que defender la legitimidad de su esfuerzo.
Durante meses estudiaron hasta el cansancio. Algunos renunciaron a fines de semana, otros combinaron jornadas laborales con horas de estudio y hubo quienes volvieron a presentar el examen después de varios intentos. El día que apareció la palabra “Seleccionado” junto a sus folios, sintieron que, por fin, el esfuerzo había dado frutos. Sin embargo, la celebración duró poco.
La decisión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de suspender temporalmente las inscripciones mientras una Comisión Técnica evalúa el Concurso de Selección —aplicado por primera vez de manera completamente virtual— abrió una etapa de incertidumbre para miles de aspirantes seleccionados que se preparaban para concluir su proceso de ingreso.
A la espera de una resolución institucional se sumó otro factor inesperado: el juicio social.
En redes sociales comenzaron a circular memes, comentarios y publicaciones que bautizaron a los estudiantes de nuevo ingreso como la “Generación ChatGPT”, una etiqueta utilizada por algunos usuarios para cuestionar, de manera generalizada, la legitimidad de quienes obtuvieron un lugar en el examen aplicado en línea.
Para quienes sostienen que su resultado fue producto de meses o incluso años de preparación, el impacto de la controversia es doble: no sólo enfrentan la incertidumbre sobre su ingreso, sino también una sospecha que apareció antes de siquiera pisar un aula.
“Parece que entrar a la UNAM ahora es motivo de sospecha”, resumen algunos estudiantes consultados por Excélsior.
Detrás de los 21 mil 962 estudiantes seleccionados mediante examen de admisión hay historias de esfuerzo que hoy también cargan con contratos de arrendamiento firmados, boletos de avión comprados, empleos reorganizados y proyectos de vida que quedaron en pausa mientras esperan una resolución.
Rentas pagadas y la incertidumbre del lugar
A sus 26 años, Sara creyó que por fin iniciaría la licenciatura en Biología en la FES Iztacala.
No fue un camino sencillo. En procesos anteriores había obtenido 84 aciertos. Este año decidió intentarlo una vez más. Mientras trabajaba tiempo completo como guía de turistas en un ajolotario de Xochimilco, aprovechó cada minuto libre para estudiar con videos de YouTube y la asesoría de un amigo para reforzar matemáticas.
El esfuerzo rindió frutos. Obtuvo 98 aciertos, cuatro por encima del puntaje mínimo requerido para la carrera. Con el resultado en la mano comenzó a preparar su ingreso: actualizó documentos, reunió dinero para el depósito y buscó un cuarto en renta cerca del plantel.
Entonces llegó el anuncio de la suspensión de las inscripciones.
Es una falta de logística que, faltando tan poco para entrar a clases, quieran suspender todo y dejarnos en esta inestabilidad. Pasas de la dicha de haberte quedado a no tener la certeza de que ese lugar sigue siendo tuyo, se me hace una verdadera grosería”, relata.
La joven recuerda que desde el inicio tuvo dudas sobre que el examen se aplicara en línea. Incluso tuvo que pedir prestada una computadora porque no contaba con un equipo propio para presentar la prueba.
Aunque reconoce sentir miedo de perder el lugar que obtuvo, asegura que, si la Comisión Técnica determina repetir el examen para dar certeza al proceso, volvería a presentarlo.
Sí estoy asustada, pero por honorabilidad no tengo problema en hacerlo otra vez.”
Para los aspirantes foráneos, la incertidumbre no sólo es emocional, sino también económica.
Desde Nuevo León, Israel, de 29 años, fue aceptado en Ciencias Políticas y Administración Pública en la modalidad a distancia (SUAYED) con 96 aciertos
Es la primera vez que presentó el examen. Trabaja para una empresa de seguridad, mantiene a su familia y compró un boleto de avión de ida y vuelta por 3 mil 228 pesos para acudir a la entrega de documentos programada en la Ciudad de México.
Reorganizar el viaje o perder el pasaje representa un gasto que asegura no puede absorber fácilmente.
No es sólo cambiar una fecha. Somos personas que trabajamos, tenemos responsabilidades y cada peso cuenta. Muchos compramos nuestros boletos con semanas de anticipación para conseguir un mejor precio. Esto demuestra una falta de planeación y de empatía hacia quienes cumplimos con todo el proceso conforme a las reglas”, señala.
Israel explica que, como él, hay otros aspirantes foráneos que comenzaron a organizarse mediante grupos de WhatsApp ante la incertidumbre sobre sus trámites.
Marycarmen, de 18 años, también esperaba que esta semana marcara el inicio de una nueva etapa.
Obtuvo 101 aciertos para ingresar a Relaciones Internacionales. Se enteró de la suspensión mientras navegaba en TikTok.
“Me preparé con el doble de esfuerzo. Mis documentos ya estaban listos. Da mucha incertidumbre porque hubo un desgaste económico y emocional enorme”, cuenta.
Dice que nunca dudó del resultado porque conoce el trabajo que hubo detrás de esos 101 aciertos.
Sin embargo, la decisión de pausar las inscripciones cambió por completo el panorama.
Me afecta en la parte emocional porque sé que di lo mejor de mí y no quiero quedarme otro tiempo sin escuela. No quiero que todo este esfuerzo se quede detenido.”
La joven cuestiona que la Universidad haya optado por la modalidad remota sin prever los riesgos que implicaba para la confianza del proceso.
Ellos tomaron la decisión de hacer el examen en línea sabiendo lo que podía ocasionar. No es justo que el esfuerzo de quienes sí estudiamos quede detenido.”
Sobre la posibilidad de repetir la prueba de manera presencial, admite que la idea le provoca sentimientos encontrados.
Claro que tengo miedo. Puedo demostrar que sí lo logro, pero siento que me abrumaría volver a pasar por todo esto después del esfuerzo que ya hice.”
Mientras la Comisión Técnica analiza el desarrollo del Concurso de Selección 2026, el debate continúa dentro y fuera de las redes sociales.
Hay quienes exigen repetir el examen para garantizar condiciones de equidad, otros consideran que cualquier decisión también debe tomar en cuenta a los aspirantes que sostienen haber cumplido con las reglas y que ya reorganizaron su vida para comenzar una nueva etapa.
Entre publicaciones en redes, señalamientos y la etiqueta de la “Generación ChatGPT”, algunos jóvenes sienten que el mayor logro de su vida académica quedó atrapado en una controversia institucional que aún no tiene desenlace.
Ya celebraron con sus familias, hicieron planes, pagaron depósitos, compraron boletos de avión, reorganizaron sus trabajos y se preparaban para entrar a clases.
Hoy, antes incluso de pisar un salón universitario, enfrentan una situación inesperada: tener que demostrar que el lugar que obtuvieron sí se lo ganaron.
“¿Pagamos justos por pecadores? Sí, porque muchas veces se generaliza el fraude y la sociedad también lo hace. Como aspirante seleccionado no tendría problema en hacer el examen otra vez y de manera presencial, pero tendremos que demostrar en las aulas que somos merecedores de este lugar y que no todos somos un fraude”, escribió un aspirante seleccionado en redes sociales. Poco después, la publicación desapareció.
Los comentarios que lo señalaban como tramposo terminaron por sepultar una de las confesiones públicas de quienes, aun habiendo sido aceptados, sienten que ahora deberán demostrar que su lugar en la UNAM sí fue ganado legítimamente.