Casa de EU en México, lista para mudanza; cierra un ciclo
Después de 61 años, la embajada de Estados Unidos en la capital del país se mudará a unos pasos del Ángel de la Independencia. Inaugurado en 1964, fue uno de los epicentros del conflicto armado, cuando la Ciudad de México se llenó de espías de las superpotencias y sus aliados

Corrían las primeras horas de la mañana del viernes 25 de mayo de 1951, cuando representantes de los cuerpos diplomáticos mexicanos y estadunidenses se encontraban reunidos en la esquina de Paseo de la Reforma y Lafragua, en la Ciudad de México.
Ahí, el entonces arzobispo de México, Luis María Martínez, se encargó de bendecir las instalaciones de la embajada de Estados Unidos, una construcción que, de acuerdo con información del Archivo Histórico de Excélsior, tenía un valor aproximado de 18 millones de pesos, y por la que, la representación norteamericana habría pagado cerca de 80 mil pesos mensuales de renta por los siete mil metros cuadrados ocupados.
UNA NUEVA ERA
Más de 10 años después, a principios de marzo de 1964 se anunció la llegada de un nuevo embajador en México, Fulton Freeman, quien dejaría la embajada en Colombia para llegar a tierras mexicanas en reemplazo de Thomas Mann.
Por su parte, Freeman, designado por el presidente Lyndon B. Johnson, que llegó al poder tras el cruento asesinato de John F. Kennedy en noviembre de 1963, era una de las cartas fuertes del mandatario para fortalecer las relaciones políticas con México.
El drástico giro de la política interna estadunidense se reflejó en el exterior al vislumbrar nuevos horizontes en los asuntos diplomáticos con América Latina en el marco de la Guerra Fría.
Finalmente, Freeman arribó a la capital del país el 3 de abril.
“Es un placer muy personal, para mí, regresar a México, en donde inicié mi carrera diplomática”, declaró el funcionario originario de California, quien previamente había tenido una estancia entre 1939 y 1940 como vicecónsul de Washington en la CDMX.
Tres días más tarde, hizo entrega de sus cartas credenciales en Palacio Nacional ante el entonces presidente de la República, Adolfo López Mateos, y con ello oficializó su encargo como máximo representante del cuerpo diplomático estadounidense en México.
Ya como nuevo embajador, Freeman visitó las instalaciones del periódico Excélsior el 15 de abril de 1964. Durante su estancia en las oficinas de El Periódico de la Vida Nacional, el diplomático habló sobre la situación de la política internacional; hizo hincapié en la lucha emprendida por los gobiernos en el combate contra el analfabetismo, además, sostuvo una extensa charla con el entonces director general de esta casa editorial, Manuel Becerra Acosta.
Al mismo tiempo, en la avenida Paseo de la Reforma, a unos metros del Ángel de la Independencia, era presentada ante la prensa la nueva sede de la embajada de Estados Unidos en México, una edificación cuya construcción duró tres años y medio, tuvo un costo de 6 millones trescientos mil dólares. Durante el recorrido se mostraron los detalles técnicos que dieron pie a su novedoso diseño arquitectónico.
La inauguración que en un inicio estaba pactada para llevarse a cabo el 30 de mayo, se aplazó hasta junio debido al impedimento de los invitados del vecino país del norte de viajar en la fecha establecida.
Por su parte, el presidente López Mateos realizó un recorrido al interior del nuevo edificio de la embajada estadunidense.
Acompañado del secretario de Relaciones Exteriores, José Gorostiza, y el embajador Freeman, el mandatario mexicano reconoció las oficinas del cuerpo diplomático de EU.
CONSOLIDACIÓN
En pleno periodo electoral, en la que competían por la presidencia de la República el candidato del PRI, Gustavo Díaz Ordaz, y su contraparte, José González Torres por el PAN, se abrió la puerta a un nuevo capítulo en las relaciones diplomáticas con EU.
El 2 de junio de 1964 se develó la placa de apertura de la flamante nueva sede de la embajada de EU en México. A la ceremonia encabezada por el titular de Relaciones Exteriores, Gorostiza, el senador demócrata, John McClellan, y el embajador Freeman, asistieron más de 800 personas entre funcionarios del gobierno mexicano, así como un importante grupo de invitados especiales desde Washington.
Por parte de Excélsior asistieron al acto de inauguración el director Manuel Becerra Acosta junto con un grupo de trabajo pertenecientes a la compañía editorial. Luego de los discursos de parte del senador McClellan, se entonaron los himnos nacionales de México y Estados Unidos para dar inicio a un capítulo más en las relaciones entre ambos países.
Más temprano, la comitiva proveniente de Washington depositó un arreglo floral e hizo una guardia de honor al pie de la columna del Ángel de la Independencia en señal de amistad entre las naciones vecinas.
“La embajada flotante” como fue llamada debido a su opulenta cimentación construida con base en un moderno sistema de cimentación de concreto armado sobre el subsuelo capitalino, destaca por sus detalles en mármol y madera. Un diseño puesto a prueba de las más altas exigencias de resistencia, pensado para atender las principales necesidades de los servicios consulares, comerciales, culturales, diplomáticos y de representación extranjera en el país.
El complejo, único en su tipo para la época, estaba equipado con todos los servicios necesarios para su funcionamiento y la operación diaria de la embajada. De acuerdo con información de Excélsior, la sede diplomática contaba entonces con más de mil quinientos trabajadores a nivel nacional de los cuales quinientos se desempeñaban en CDMX.
LA ANÉCDOTA
Mientras se encontraba en construcción, el edificio de la embajada del 505 en Paseo de la Reforma sufrió un grave incendio que acabó con el techo de la planta baja quedando en pie sólo la estructura de acero. Las pérdidas se estimaron en 2 millones de pesos.
Un corto circuito en uno de los talleres de carpintería fue el causante del siniestro que movilizó a los cuerpos de emergencia de la ciudad para tratar de sofocar las llamas.
Más de dos horas fueron necesarias para extinguir el fuego de la que sería la casa de la representación estadunidense durante 60 años, un ciclo que está a punto de cerrarse con la mudanza a una nueva sede en la zona de Polanco.
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