Por Fadlala Akabani*
El mundo actual es complejo y la comprensión de algunos fenómenos resulta contraintuitiva, es decir, va en contra de creencias populares y respuestas que parecen lógicas; requiere un análisis más profundo. Ejemplo, la guerra, pues su aparición no es negativa para todos, porque las pérdidas de unos siempre son las ganancias de otros.
En entrevista para el canal de YouTube TRIGGERnometry, Ted Cruz apuntó que existe una amplia posibilidad de que surjan nuevos gobiernos en Irán, Cuba y Venezuela en los próximos seis meses, y que esos nuevos gobiernos sean “amigos” de Estados Unidos. Dichos países no solamente se han pronunciado abierta y valientemente contra el genocidio en Palestina, sino que además, Irán y Venezuela (hasta el secuestro de Nicolás Maduro) dejaron de vender petróleo al Estado genocida de Israel. Conviene advertir que, sólo Venezuela está formalmente excluida del sistema internacional de mensajería interbancaria (SWIFT); sin embargo, tanto Cuba como Irán enfrentan restricciones y sanciones que en la práctica también los mantienen aislados del sistema bancario-financiero de Occidente, y representan un mercado apetecible para la banca anglosionista, eso sí, sólo bajo regímenes sometidos a Washington, como especificó el senador Cruz.
Donald Trump se jacta orgulloso del poderío del ejército de Estados Unidos, cuya tecnología y armamento son desarrollados por empresas privadas que mediante billonarios contratos son beneficiarios inmediatos del conflicto. No es casualidad que los complejos productores de las aeronaves (cazas F-35; bombarderos B-21) armamento (misiles Tomahawk y Patriot) y software de análisis de datos e IA usados en la guerra contra Irán; Lockheed Martin, RTX y Palantir, respectivamente, hayan presentado apreciación de sus acciones de entre 3 y 6% (de 25 a 35 mil millones de dólares en conjunto) tras el inicio del conflicto, bursatilizando los beneficios y llevándolos mucho más allá de los 200 mil millones de dólares en fondos de emergencia que el Pentágono solicitó al Congreso. La británica BAE Systems registró una apreciación de 6% de su acción el primer día del conflicto, mientras la israelí Elbit Systems concentra una apreciación de b45% desde enero de 2026.
Otro sector beneficiado de manera indirecta, es el energético de Estados Unidos (ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips) por el incremento en el precio del barril de petróleo que pasó de 72 dólares por barril y llegó hasta 114 dólares a mediados de marzo ante el cierre del estrecho de Ormuz. Un evento revelador de que el gran capital se alimenta del conflicto lo observamos en el desplome (11%) de precios del petróleo hacia el 23 de marzo por los rumores de negociación EU-Irán.
La agitación financiera que provocan las agresiones militares, no es sólo aprovechada por el gran capital anglosionista; el propio entorno de Trump está tomando ventaja. En la plataforma de mercado de futuros Polymarket, un anónimo apostó 32 mil dólares a que Nicolás Maduro dejaría el poder antes de finalizar enero de 2026, y obtuvo una ganancia de casi medio millón de dólares. El 23 de marzo, 15 minutos antes de que Trump anunciara el cese de ataques a Irán, fueron comprados 1,500 millones de dólares en futuros del S&P500 que subió 240 puntos tras el anuncio. La inusual operación desató acusaciones de corrupción que ya fueron contestadas por la Casa Blanca.
Donald Trump puede perder su capital político, al movimiento MAGA y la elección de noviembre; el complejo militar-industrial-tecnológico y financiero anglosionista seguirá lucrando con la guerra aún si el Congreso es ganado por los demócratas, y eso es lo único que importa.
*Analista
