Carlos regresa a clases, como el primer día

Es la primera clase a la que asiste luego de darse a conocer el amparo que obtuvo para la Universidad Nacional determine en qué medida el acoso escolar y la difamación de la que fue víctima permeó en la comunidad universitaria y con base en ello repare el daño

CIUDAD DE MÉXICO.

Son las 12 en punto en la Facultad de Ciencias de la UNAM. En el salón 11 de la planta baja del edificio Tlahuizcalpan ha terminado la clase de Mecánica Vectorial y comienzan a salir los alumnos de la licenciatura de Física Biomedica, uno de ellos es Carlos Santamaría, el estudiante más joven en ingresar a la licenciatura en la máxima casa de estudios.

Es la primera clase a la que asiste luego de darse a conocer el amparo que  obtuvo para la Universidad Nacional determine en qué medida el acoso escolar y la difamación de la que fue víctima permeó en la comunidad universitaria y con base en ello repare el daño.

Excélsior lo acompañó en su tránsito a la biblioteca del Instituto de Ciencias Nucleares, en donde pasó en limpio los apuntes de la clase e hizo su tarea. Caminó con Arcelia, su mamá, platicando algunos detalles de la clase, no hablaron de la sentencia que ordena a la UNAM revisar hasta qué punto afectó al niño el acoso de dos profesores. Este semestre es un semestre normal, sin acoso de nadie.

Sólo fueron dos episodios concretos, la comunidad universitaria se ha comportado muy bien”, aseguró Carlitos, como lo llaman algunos de sus compañeros.

El unamita de 13 años  y su mamá avanzaron por un pasillo de la Facultad; los alumnos lo reconocen, pero saben que es uno más de ellos. “Míralo es él”, dijo una joven a su amiga, “me gustaría tomar clases con él”, agregó mientras se alejaron caminando.

Es raro porque sabe mucho, pero es un niño. Me llevo muy bien con él, le habló desde el primer semestre, ya me acostumbré a verlo a él en las clases”, comentó Francisco, un compañero.

Yo no siento que sea diferente, entro a clase y ya, lo único que a veces me llega a molestar un poquito, es que llega a interrumpir las clases; pero de ahí en fuera no tengo problema en tomar clases con un niño”,  consideró Ángel.

Carlos  lo acepta: “Participo bastante, a veces demasiado, pero ya me voy calmando y a veces creo que soy bastante callado, soy un poco distraído, me pongo a jugar con la calculadora”, confesó.

El pequeño universitario se ha mantenido al margen de las discusiones legales, pero le gusta pensar que la legislación universitaria podría cambiar a partir de su caso y darle a niños como él mejores condiciones en el futuro.

La Universidad es el reflejo del país, entonces yo creo que si se mejoran las condiciones de la Universidad se puede mejorar el país”, expresó.

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