Aylín Mérida: la niña mexicana que conquistó China con curiosidad y mandarín

Aylín Mérida Lúa habla varios idiomas y uno de ellos, el chino mandarín, le ayudó a hacer realidad sus sueños; a sus nueve años compitió con niñas y niños de más de 70 países, siendo la mejor de AL y la decimocuarta del mundo

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Aylín y sus padres, quienes destacan la importancia del trabajo en equipo para que su hija materialice sus metas.Foto: Eduardo Jiménez

Mis sueños son tan grandes como la Muralla China”. A los nueve años, Aylín Mérida Lúa convirtió esa frase en algo literal: viajó a China, compitió con niñas y niños de más de 70 países y puso el nombre de México entre los mejores del mundo en el aprendizaje del chino mandarín.

No siempre fue así. Antes, esa misma curiosidad que hoy la llevó tan lejos la hizo cargar con otra etiqueta: la de “niña problema”.

La historia de Aylín no empezó en un escenario internacional, sino mucho antes, cuando era apenas una bebé y pasaba más tiempo en hospitales que en parques. Un problema pulmonar la llevó a consultas constantes y, para que entendiera lo que vivía, su padre comenzó a explicarle partes del cuerpo: el corazón, los pulmones, la respiración.

Nos decían: ‘¿por qué le está enseñando eso?’, como si fuera algo malo”, recuerda Víctor Mérida. No lo era. Era el primer indicio de una mente que quería comprenderlo todo.

En las escuelas regulares, esa forma de aprender rápido no siempre fue bienvenida. Aylín terminaba las tareas antes que los demás, se aburría y buscaba qué hacer después. “Nos llamaban para decirnos que estaba malinfluenciando a otros niños”, cuenta.

La familia pasó por al menos cuatro escuelas antes de encontrar un espacio donde su curiosidad no fuera castigada, sino acompañada.

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Foto: Eduardo Jiménez

El chino mandarín llegó a su vida por una razón sencilla: el amor a los pandas. A los cinco años, Aylín insistió en aprender el idioma porque quería ir a China a conocerlos. “Yo pensaba que si les hablaba en español o en inglés no me iban a entender”, explica. Desde entonces, el mandarín se volvió parte de su rutina.

Hoy habla español, inglés y chino; inicia francés y quiere aprender portugués. Practica gimnasia, natación, karate, surf y patinaje; toca piano, violín y guitarra. Los sábados toma hasta cuatro horas seguidas de clases de chino; entre semana combina escuela y deportes. “No es sencillo ni barato”, reconoce su padre. “Es un trabajo en equipo”.

SUEÑO CUMPLIDO

Puente Chino 2025 comenzó en México, con la participación de 48 escuelas. Tras varias etapas, sólo 12 niñas y niños llegaron a la final nacional. Aylín obtuvo el primer lugar y con ello el pase para representar al país en China.

Allá, el concurso fue exigente desde el primer día. Las actividades empezaban a las 7:30 de la mañana. Hubo convivencia, exámenes escritos, ensayos, entrevistas y presentaciones continuas.

El certamen se dividió en cuatro etapas: participación y convivencia, evaluación escrita, performance artístico y un programa en vivo transmitido por la televisión china. Para su presentación, Aylín eligió narrar el cuento de Mulán en chino mandarín, incorporando gimnasia, danza con abanicos, una espada china y varios cambios de vestuario. “Al principio estaba nerviosa, pero luego me calmé y lo disfruté”, cuenta.

El resultado: primer lugar en performance, primer lugar en América Latina, tercer lugar en América y sitio 14 a nivel mundial. “Fue mi primera vez en una competencia mundial y me sentí muy feliz”, dice.

DULCES MEXICANOS Y LA MURALLA

Fuera del escenario, la experiencia fue igual de intensa. La familia llevó 40 kilos de dulces mexicanos —cocadas, aguinaldos y Miguelitos— para compartir. “Queríamos que se notara que éramos mexicanos”, explica el padre. El contraste funcionó: lo dulce que pica sorprendía a todos.

Aylín visitó la embajada de México, museos y restaurantes; probó el pato pekinés y aprendió a cocinar dumplings. Recorrió Beijing, Shanghái y Chengdu, donde finalmente vio a los pandas que habían detonado todo. En la reserva más grande del país conoció a Huahua, el panda más famoso del mundo. “Era un deseo que tenía desde pequeña”, expresa.

Uno de los momentos más simbólicos ocurrió en la Muralla China. Sus padres se quedaron en el nivel ocho. Aylín decidió seguir. En el camino se encontró con una niña de África que también participaba en el concurso. Juntas subieron hasta el nivel 12. “Fue muy cansado, regresamos con las piernas temblando”, recuerda. Arriba, el paisaje: bosque, silencio, amplitud. Valió la pena”.

NO LIMITAR

Para la familia, el logro no se mide sólo en trofeos. “La escuela es importante, pero muchas veces no va a ser suficiente”, afirma Víctor Mérida. “No queremos limitarla. Todos los niños tienen potencial y muchas veces somos los adultos quienes lo frenamos”.

Aylín lo resume mejor: “Si se equivocan, no se preocupen. De los errores aprendemos. Aunque mejores un poquito cada día, en un año habrás mejorado muchísimo. Los pequeños logros forman cosas grandes”.

Como subir una muralla: escalón por escalón.

cva