Clara y el principio de Peter

Puede que una persona sea la mejor vendedora, la mejor empacadora o incluso la mejor dirigente social, pero eso no implica que vaya a ser una buena gerente, buena directora o buena gobernante.

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

En 1968, el sociólogo canadiense Laurence J. Peter publicó una teoría que sostiene que no siempre los empleados más eficientes en su puesto son los indicados para ascender a un cargo mayor, pues no necesariamente están calificados para ello.

Puede que una persona sea la mejor vendedora, la mejor empacadora o incluso la mejor dirigente social, pero eso no implica que vaya a ser una buena gerente, buena directora o buena gobernante.

Si la persona ascendida carece de las habilidades requeridas en el nuevo puesto, será incompetente en su nuevo nivel. Y lo peor, su mala dirección afectará a sus empleados y colaboradores, que cometerán más errores bajo una gestión deficiente.

Esta teoría puede quedarle como traje a la medida a Clara Brugada, que siempre ha sido una persona trabajadora e inteligente, pero no necesariamente con la capacidad para ser jefa de Gobierno en una ciudad como la de México; lo peor es que ni ella está consciente de eso.

No es que Clara sea incompetente para todo; sí para el puesto al que ascendió. El doctor Peter plantea que las empresas deben proporcionar una formación adecuada en habilidades a los empleados que reciben un ascenso.

Porque una vez que un empleado alcanza un puesto para el que es incompetente, “ya no se le evalúa en función de su rendimiento y rara vez provoca su despido”.

Brugada no se da cuenta de que carece de las habilidades para ser jefa de Gobierno; cree que lo hace bien porque ha dejado de ser pueblo. Ya no camina las calles ni maneja en el tráfico, y mucho menos viaja en transporte público; dejó de escuchar y sentir a la gente.

Lo más grave es que su incapacidad para conducir un gobierno como el de la CDMX la hace cometer errores, como ascender a empleados de menor nivel que, al igual que ella, carecen de habilidades para sus nuevas responsabilidades.

Ahí están personajes como el secretario de Gobierno, César Arnulfo Cravioto, o el secretario Atención Ciudadana, Tomás Pliego, por ejemplo. Incluso la consejera jurídica, Eréndira Cruzvillegas; todos ellos pequeñitos, que fueron ascendidos a puestos que no dominan.

Incluso Eréndira ha cambiado cinco veces de secretario particular en poco más de un año, lo que comprueba que una mala gestión puede dañar la moral de los empleados. Lo peor es que los puestos de la organización se llenarán con personas incompetentes en sus responsabilidades.

Puede que esto ni siquiera sea culpa de Clara, sino de quienes la pusieron ahí, a pesar de no estar capacitada, como lo reflejan los pobres resultados de su gobierno.

Como colofón de su teoría, el doctor Peter tenía una frase: “La crema sube hasta la cima… hasta que se agria”.

CENTAVITOS 

Y hablando de incompetentes, después de varios meses en el cargo, por fin Dolores González Saravia, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la CDMX, dio señales de vida, pues recibió a algunos diputados de Morena para avanzar —dijeron— en una agenda de protección a los derechos de los capitalinos. Ah, caray, pues no se supone que ya hay una —o al menos un programa básico— como para andarse reuniéndose con diputados de medio pelo sin salir de sus oficinas. Parece que a la hermana de la gobernadora de Morelos no le gusta salir de su guarida, ojalá que no sea porque sienta que sus derechos humanos no están garantizados en la calle. Parece que González Sarabia y su colega de la CNDH, Rosario Piedra, se esmeran en ver quién de las dos es más incompetente; la lucha está cerrada.

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