Ausentismo, alcohol y fiestas: las alertas que encienden directivos de los CCH

Directores de los planteles advierten sobre las dificultades de adaptación al modelo de bachillerato, problemas familiares y emocionales en la trayectoria de los estudiantes

Los alumnos afirman que pueden adquirir alcohol y algunas drogas en las inmediaciones de los planteles escolares
Los alumnos afirman que pueden adquirir alcohol y algunas drogas en las inmediaciones de los planteles escolaresEspecial

El paso de la secundaria al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) representa para muchos estudiantes algo más que un cambio de escuela: es el tránsito de un sistema con mayor supervisión a uno que les exige administrar sus tiempos, organizarse y asumir la responsabilidad de su propio aprendizaje. 

Ese choque con la autonomía es una de las dificultades que identifican directivos de los cinco planteles del CCH. En sus diagnósticos aparecen jóvenes que no logran adaptarse a las exigencias del modelo, faltan a clases, dejan de entregar trabajos o pierden continuidad en sus estudios. A ello se suman preocupaciones por el consumo de alcohol y otras sustancias, la violencia, las fiestas clandestinas y las condiciones familiares y emocionales de los alumnos.

El problema, de acuerdo con lo expuesto por las autoridades, no se limita a las materias no acreditadas. También tiene que ver con la manera en que los estudiantes asumen su libertad dentro de una institución que les demanda mayor independencia, pero en la que siguen siendo necesarios el acompañamiento y la responsabilidad sobre su formación.

En el CCH Sur, el director Noé Israel Reyna Méndez señaló que para algunos jóvenes el cambio desde una secundaria con dinámicas más dirigidas representa una dificultad. La organización del tiempo, la constancia en el estudio y la asistencia a clases se convierten en retos cuando deben asumir por sí mismos buena parte de sus responsabilidades académicas.

Entre las conductas que preocupan están las inasistencias, salir del plantel y dejar de entregar trabajos, situaciones que pueden acumularse y terminar en un rezago difícil de remontar. El directivo también llamó la atención sobre los casos en los que las materias pendientes coinciden con problemas de consumo o situaciones psicoemocionales.

Estudiantes y exalumnos reconocieron en entrevista con Imagen Noticias que es común el consumo de bebidas alcohólicas dentro de las instalaciones del CCH Sur. Además, afuera del plantel es posible adquirir marihuana, tachas y otras drogas sintéticas.

En Vallejo, la directora Maricela González Delgado puso el acento en una contradicción del modelo: el CCH es un plantel de puertas abiertas, pero esa libertad puede ser interpretada por algunos estudiantes como falta de límites o de obligaciones.

La adaptación, explicó, es especialmente importante durante los primeros semestres. Entre las situaciones que identificó están el ausentismo crónico, el consumo de alcohol y otras sustancias, las fiestas clandestinas y la violencia. También llamó la atención sobre la salud emocional de los jóvenes y sobre la responsabilidad que comparten la familia y la escuela en su formación.

En Azcapotzalco, la directora Martha Patricia López Abundio y la directora general del CCH, María Patricia García Pavón, abordaron la relación entre las trayectorias académicas y las condiciones de riesgo que enfrentan algunos estudiantes.

García Pavón advirtió sobre el inicio cada vez más temprano del consumo de sustancias, particularmente alcohol, y sobre la necesidad de atender las circunstancias que rodean a los jóvenes. La acumulación de asignaturas no acreditadas, planteó, no puede analizarse al margen de sus entornos y de las condiciones familiares, sociales y emocionales en las que transcurre su vida escolar.

En Naucalpan, la directora Verónica Berenice Ruiz Melgarejo hizo un llamado a las familias para involucrarse en la vida cotidiana de sus hijos: conocer dónde están, qué hacen y qué consumen. También expresó preocupación por prácticas como el consumo de bebidas energéticas.

Su planteamiento coloca el acompañamiento familiar como una pieza relevante en una etapa en la que los jóvenes adquieren mayor independencia, pero todavía necesitan orientación para tomar decisiones y sostener sus responsabilidades escolares.

En Oriente, el director Reyes Flores Hernández expuso problemas detectados en el seguimiento cotidiano de los grupos. En las reuniones con docentes se han señalado inasistencias y trabajos que los alumnos dejan de entregar, además de una preocupación por el aumento del consumo de alcohol entre los estudiantes.

Las dificultades de los jóvenes no se presentan de una sola manera ni responden a un único factor. Para algunos, el problema está en adaptarse a un modelo que exige organizarse sin la supervisión constante de la secundaria; para otros, las ausencias, el consumo de sustancias, los conflictos en su entorno o las condiciones emocionales complican su permanencia y desempeño.

El modelo del CCH apuesta por formar estudiantes autónomos, capaces de tomar decisiones y hacerse responsables de su aprendizaje. Pero las alertas de sus propios directivos exhiben una dificultad: para ejercer esa libertad también hacen falta hábitos, límites, acompañamiento y herramientas que no todos los jóvenes han desarrollado al llegar al bachillerato.

Con información de Nacho Lozano

Temas: