La odisea detrás del diagnóstico de Hashimoto

Diagnósticos erróneos de depresión y estrés retrasan la detección de la tiroiditis; expertos advierten la falta de una guía mexicana específica para tratar este padecimiento

Jaqueline fue diagnosticada de tiroiditis de Hashimoto.
Jaqueline fue diagnosticada de tiroiditis de Hashimoto.Especial

Jaqueline sabía que algo no estaba bien cuando dormir dejó de ser una elección.

En el trabajo, después de comer, padecía jornadas en las que debía solicitar permiso a su superior para extender un tapete de yoga en el piso y dormir durante media hora o hasta una hora. Sólo así conseguía levantarse y continuar con sus actividades.

No era un cansancio común tras ingerir alimentos; sentía que el cuerpo no aguantaba.

A esto se sumó que en dos años aumentó alrededor de 14 kilos a pesar de acudir con un nutriólogo; sentía frío constantemente, sufría caída de cabello, fallas de concentración y algunos días despertaba con el rostro y los párpados tan hinchados que se miraba al espejo y parecía haber pasado la noche de fiesta, aunque no hubiera consumido alcohol.

Encontrar el origen de esos síntomas representó un desgaste de consultas médicas, daños corporales, diagnósticos erróneos y juicios apresurados.

El primer endocrinólogo le habló de depresión e incluso de bulimia; posteriormente apareció un diagnóstico de resistencia a la insulina, medicamentos y nuevas pruebas.

La respuesta definitiva tardó varios meses en llegar.

UN ENEMIGO DISFRAZADO

“No tienes hipertiroidismo, ni hipotiroidismo, tienes tiroiditis de Hashimoto”, le dijo la segunda endocrinóloga a la que acudió por recomendación de una amiga.

Jackie estaba por enterarse de que padecía una enfermedad autoinmune e incurable.

Karla Martínez Goñi, médico internista y endocrinóloga, explica que la tiroiditis de Hashimoto ocurre cuando los anticuerpos del sistema inmunológico, que deberían proteger al organismo, se confunden y comienzan a hacerle bullying a la propia tiroides, atacándola y generando una inflamación hasta que esta deja de funcionar correctamente.

El hallazgo no significaba que la tiroides de Jaqueline hubiera dejado de funcionar inmediatamente. 

Ahí aparecía una de las particularidades de la enfermedad: una persona puede registrar los anticuerpos asociados con Hashimoto y conservar todavía una función tiroidea normal.

No toda la gente que tiene anticuerpos va a desarrollar hipotiroidismo.”

De hecho, señala que estos pueden permanecer durante años sin provocar una falla de la glándula, por lo que algunos pacientes requieren vigilancia antes que medicamentos.

Llegar a este diagnóstico representa un reto para los médicos, pues las manifestaciones son tan vagas que es fácil minimizarlas.

Señales como la caída del cabello, el estreñimiento o la fatiga crónica suelen justificarse como estragos del estrés laboral, una mala dieta o anemia.

“Tuve una paciente que estuvo internada en una clínica psiquiátrica por intento suicida dos veces y a nadie se le ocurrió medirle la función tiroidea.”

“Tras realizarle un perfil tiroideo, el diagnóstico real salió a la luz; al iniciar su tratamiento de sustitución hormonal, la paciente salió de la clínica y la depresión desapareció”, cuenta la doctora Martínez Goñi.

Estos son algunos de los síntomas de tiroiditis de Hashimoto.
Estos son algunos de los síntomas de tiroiditis de Hashimoto.Erick Retana

TRATAMIENTO DE POR VIDA

El Hashimoto no termina con la identificación del mal, pues los pacientes se enfrentan a otra frustración: no existe un medicamento que detenga a los anticuerpos que dañan a la tiroides.

“Lo que nosotros hacemos es sustituir la función de la tiroides al administrar hormona tiroidea de forma inactiva, y lo que hace el cuerpo es activarla en los tejidos periféricos”, detalla Laura Oliva Pech, endocrinóloga y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Este tratamiento, a base de levotiroxina, se calcula según el peso del paciente, requiere de monitoreo constante para ajustar la dosis y, una vez iniciado, debe tomarse de por vida.

Jaqueline no necesitó iniciar inmediatamente con levotiroxina.

Sus anticuerpos revelaron el proceso autoinmune, pero sus niveles hormonales en el perfil tiroideo no mostraban hipotiroidismo, por lo que quedó bajo vigilancia.

Meses antes se había realizado perfiles tiroideos dentro de parámetros normales e incluso su glucosa se mantenía en rango.

Nada explicaba la fatiga o la dificultad para perder peso. Una nutrióloga detectó resistencia a la insulina mediante estudios metabólicos, por lo que inició tratamiento con metformina.

Durante seis meses tomó el medicamento, algunos valores mejoraron e incluso la resistencia a la insulina llegó a revertirse, pero ella continuaba sintiéndose cansada e hinchada.

Su médica solicitó repetir los estudios tiroideos, añadiendo la medición de anticuerpos.

Laura Pech explica que un perfil tiroideo básico suele medir principalmente la TSH y la T4 libre, dos valores que permiten saber si la glándula produce adecuadamente sus hormonas.

Sin embargo, esos resultados no indican por sí solos si existe un proceso autoinmune. Para confirmar Hashimoto se deben medir los anticuerpos antiperoxidasa tiroidea (anti-TPO) y antitiroglobulina (anti-Tg).

Aunque el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) cuenta con una guía de práctica clínica para el diagnóstico y tratamiento del hipotiroidismo, que estima una prevalencia nacional de 1% para hipotiroidismo primario y de 3 a 8% para el subclínico, no existe una guía oficial mexicana específica para Hashimoto.

Ante este vacío, la endocrinóloga Martínez Goñi señala que los especialistas se apoyan en consensos internacionales como los de la Asociación Americana de Tiroides.

LA ENFERMEDAD SIN CURA

Un año después, el tapete de yoga en el piso de la oficina dejó de ser una necesidad primaria para sobrevivir a la jornada.

Jaqueline reconoce que hay mañanas en las que todavía despierta cansada, pero la incertidumbre desapareció.

Aún hay algunas crisis, amaneces bien, pero otros días de verdad no me puedo ni levantar y no es algo que se vea, simplemente le tengo que pedir permiso a mis piernas para levantarse, y voy al trabajo, pero me estoy durmiendo, estoy cabeceando, tengo que bajarme al coche a dormir, pero pues contra eso no puedes, o sea, sólo tienes que aprender como a lidiar el tener esos días que no sabes cuándo van a ser o que los desatas.”

Al final, Jaqueline ya no combate contra un enemigo disfrazado de depresión, estrés o mala alimentación; conoce sus reglas y ha aprendido a recuperar su vida diaria.

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