Acción empresarial en la revisión del T-MEC
El objetivo fue fortalecer el diálogo de alto nivel con autoridades, congresistas, organismos empresariales y centros de pensamiento.

La semana pasada, en paralelo al arranque formal de las discusiones técnicas entre México y Estados Unidos rumbo a la revisión conjunta del T-MEC del 1 de julio, Coparmex realizó una gira de trabajo en Washington encabezada por su presidente, Juan José Sierra, acompañado por una delegación de empresarios y especialistas en materia económica, laboral, energética y de comercio exterior.
En artículos anteriores planteamos que este proceso debía entenderse desde la lógica de la competitividad regional. Por un lado, por las prioridades que Estados Unidos ha puesto sobre la mesa en reglas de origen, seguridad económica, energía y triangulación comercial. Por otro, por lo que mostraron las consultas realizadas en México, donde predominó la idea de preservar el acuerdo, fortalecer su operación, defender su carácter trilateral y corregir fricciones que hoy limitan la integración productiva. En ese marco debe leerse la diplomacia empresarial desplegada.
El objetivo fue fortalecer el diálogo de alto nivel con autoridades, congresistas, organismos empresariales y centros de pensamiento influyentes en Washington, pero también llevar la voz de quienes participan directamente en la operación cotidiana del comercio, la inversión y las cadenas de suministro. Esa interlocución es necesaria porque la revisión del T‑MEC no se juega sólo en la mesa gubernamental; también influirá la manera en que el Congreso, los espacios de análisis y los actores económicos estadounidenses entiendan el papel de México en la región.
La revisión del T‑MEC debe ser un ejercicio de modernización técnica orientado a fortalecer la integración regional, impulsar la cooperación y consolidar a América del Norte como la región más competitiva e integrada del mundo. No se trata de abrir una renegociación general ni de debilitar los equilibrios alcanzados, sino de ajustar instrumentos, cerrar brechas y mejorar la capacidad del bloque para responder a un entorno geopolítico y económico más complejo.
La agenda presentada fue consistente con esa visión. Se estructuró en cinco ejes: competitividad regional, certeza jurídica, seguridad, agenda laboral y energía. A ello se añadió un punto central para México, que la revisión se traduzca en oportunidades concretas para las micro, pequeñas y medianas empresas. La tarea es ampliar la base empresarial que participa en el comercio exterior, el financiamiento, la innovación y la digitalización.
Durante la gira, la delegación sostuvo reuniones de alto nivel con congresistas, con el Servicio de Investigación del Congreso y con centros de pensamiento como Inter-American Dialogue, el Center for Strategic and International Studies y la Brookings Institution, así como con la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, la US-Mexico Foundation y la empresa Woodside Energy. A ello se sumaron encuentros con la Oficina de Asuntos Mexicanos del Departamento de Estado, el Departamento de Energía de los Estados Unidos, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y la Embajada de México en Washington.
En estos espacios se abordaron temas como el papel de México en la región, los retos de la revisión, la seguridad, el Estado de Derecho, la frontera como plataforma productiva, los escenarios de negociación y la inversión energética, elemento clave frente al actual contexto geopolítico.
Dos planteamientos destacaron durante las reuniones. Primero, la necesidad de avanzar en la eliminación de aranceles y restricciones como las derivadas de la Sección 232, relativas a medidas comerciales impuestas por razones de seguridad nacional, particularmente en sectores como acero y aluminio. Las consultas en México mostraron con claridad la preocupación por estas medidas que elevan costos, distorsionan el comercio intrarregional y contradicen la lógica de un bloque productivo plenamente integrado. Segundo, la importancia de asegurar que cualquier ajuste en las reglas de origen sea gradual y acordado, de modo que fortalezca la competitividad regional sin generar rigideces que terminen debilitando la integración.
A ello se agregó otro elemento de fondo. La revisión exige una mayor coordinación entre el sector privado de los tres países. Si América del Norte quiere operar realmente como bloque, necesita no sólo gobiernos negociando, sino también empresas, organismos empresariales y actores productivos empujando en la misma dirección. Esa coordinación es parte de la competitividad regional. Lo mismo ocurre con la necesidad de mejorar el entendimiento sobre México y sobre el propio T-MEC en Estados Unidos, mediante una estrategia más sólida de interlocución y promoción del país.
Un asunto de la mayor relevancia fue la constatación de que la revisión del T-MEC forma parte de una arquitectura más amplia de seguridad económica regional. Estados Unidos está colocando en el centro de su estrategia asuntos como inteligencia artificial, semiconductores y minerales críticos. Esto obliga a México a llegar a la mesa de negociación con una posición clara, no sólo para preservar espacios, sino para insertarse mejor en cadenas de valor de mayor densidad tecnológica y contenido estratégico.
La propia Secretaría de Economía propone examinar opciones para incrementar la producción y el empleo manufacturero, revisar brechas en cadenas de suministro clave y avanzar en cooperación en seguridad económica, reglas de origen y acciones complementarias. Es decir, la discusión ya no gira sólo en torno a conservar el tratado, sino a cómo hacerlo más útil para la producción, la inversión y la competitividad regional.
En este contexto, la gira de Coparmex fue un ejercicio de diplomacia empresarial en un momento crucial, cuando la revisión del T‑MEC empieza a tomar forma. También fue un recordatorio de que la mejor defensa del tratado pasa por convertir la integración regional en más inversión, mayor contenido regional, seguridad económica, certidumbre y energía suficiente y competitiva para quienes producen y generan empleo a ambos lados de la frontera.
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