Retrato hablado: Enrique Graue, un oftalmólogo de visión audaz

Enemigo de la improvisación, la inercia y la autocomplacencia, se ha impuesto la misión de pro-mover la vinculación entre investigación y docencia, así como entre Universidad y sociedad

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Ilustración: Ernesto Rivera

CIUDAD DE MÉXICO.

Como si fuera una línea de destino de su propio origen profesional, la oftalmología, Enrique Graue Wiechers tiene un encargo especial de la Junta de Gobierno de la UNAM. Desde el sexto piso de la Torre de Rectoría debe mantener los ojos abiertos, alertas, atentos a los requerimientos de la comunidad unamita.

Enrique Graue es el hombre número 32, desde 1910, que ocupa el más alto honor de un universitario: jefe nato de una comunidad de al menos 400 mil estudiantes, trabajadores y académicos que son sus pares.

Las apuestas de la mayoría de la comunidad universitaria, expresada en corrillos, redes sociales, artículos periodísticos, propia de la llamada grilla universitaria, no se centraban en él. No era posible un tercer médico, analizaban; no alcanzaba el impulso del exrector Juan Ramón de la Fuente para avanzar sobre el poder moral del rector José Narro Robles y la preferencia de su equipo hacia Sergio Alcocer.

Pero las apuestas se equivocaron y este hombre que se autodefine como enemigo de la improvisación, la inercia y la autocomplacencia, asumirá a partir de la próxima semana la Rectoría y desde ahí tendrá que poner en operación el plan de trabajo que presentó a la Junta, pero sobre todo, garantizar cada día que el activismo nacional en torno de los procesos políticos del país, como las elecciones del próximo año y el cambio de gobierno federal en 2018 no alterarán la estabilidad que caracteriza la vida interna de la UNAM desde hace 16 años.

Las relaciones políticas universitarias de Enrique Graue Wiechers le han colocado en la misma ruta de sus antecesores inmediatos, Juan Ramón de la Fuente y José Narro Robles, a quienes conoce desde su época de profesor de asignatura, justo cuando estaba en la cumbre del poder Guillermo Soberón Acevedo, el médico universitario origen del grupo de poder que ha gobernado a la UNAM gran parte de los últimos 42 años.

De la Fuente fue director de la Facultad de Medicina de 1991 hasta 1994, cuando en diciembre de ese año aceptó la invitación del presidente Enrique Zedillo para convertirse en el secretario de Educación; José Narro Robles dirigió esa facultad de 2003 a 2007, justamente la dejó hace ocho años para asumir la Rectoría de la UNAM.

Ahora Enrique Graue tiene el mismo camino. Dirige la Facultad de Medicina desde 2008 y la deja para irse a la Rectoría.

Bromista, dicen algunos de sus amigos, Enrique Graue es un hombre por momentos de comentarios ácidos, pero plenamente respetuoso de sus interlocutores; es afectuoso, dicen algunos de quienes han tratado con él en los últimos años y quienes dan cuenta de que se trata de un hombre que le gusta dar resultados y buscar salidas negociadas cuando existen problemas.

La Facultad de Medicina de la UNAM, como todas sus dependencias académicas, está en constante avance y mejora académica; sin embargo, los académicos consideran que Graue dejó huella en ella porque impulsó su modernización y encabezó los trabajos por lograr su incursión en una dinámica de trabajo que brindara más respuestas al país, porque es un hombre que no le teme a la innovación.

De hecho, su propia semblanza profesional, difundida por la Junta de Gobierno como parte del proceso de sucesión, para que todos los universitarios lo conozcan, dice que desde su posición como director “logró integrar diversos grupos de trabajo con universitarios preparados y comprometidos, lo que le posibilitó poner en marcha y consolidar proyectos de envergadura. Tal es el caso de la reforma integral del Plan de Estudios de la Carrera de Medicina, transformándolo en el primer plan de estudios por competencia en la UNAM”.

Esa versión oficial de su vida en la UNAM consigna que “en coordinación con el Instituto de Investigaciones Biomédicas logró concluir y poner en marcha el Plan de Estudios Combinados en Medicina, primer y único programa de esta naturaleza en la UNAM que le permite al alumno, desde la etapa de la licenciatura, iniciar cursos de posgrado, de tal forma que, en ocho y medio años, el alumno puede obtener el grado de doctor”.

Pero Enrique Graue logró concretar en la Facultad de Medicina una de las ideas más innovadoras de toda la UNAM, que implicó una inversión millonaria, pero que convenció a todos los involucrados, porque se trata de cubrir una urgente necesidad de profesionales del país: la carrera de Ciencias Forenses, que ya avanza para entregar al país la primera generación de especialistas en investigar crímenes.

Ese logro, que implica el diseño de una carrera multidisciplinaria, donde participan otras escuelas y facultades, le es reconocido en toda la UNAM. Un hombre que demuestra en los hechos el afán de que la Universidad Nacional no sea una institución inercial, sino una casa de estudios en constante evolución.

Hace unos días, en estas páginas se consignó que su inclusión en los puestos de responsabilidad administrativa en la facultad fue en el periodo en que Juan Ramón de la Fuente fue director de la facultad, pues en febrero de 1994, 10 meses antes de que se fuera De la Fuente al gobierno federal, lo nombró Coordinador del Comité Académico de Oftalmología en la División de Estudios de Posgrado e Investigación.

Así, como ocurre con la mayoría de los integrantes de la facultad, comenzó su actividad administrativa interna de la mano del grupo político de De la Fuente, y José Narro, quien ya como director lo hizo responsable de la influyente división de Posgrado de la Facultad.

Es un hombre de 64 años que destacó en su área profesional, desarrollada en sus inicios en el Instituto de Oftalmología Fundación Conde de Valencia, que es una institución de asistencia privada, con amplio reconocimiento porque ofrece diferentes servicios de calidad a personas de escasos recursos, y ahí comenzó a los 29 años como jefe del Departamento de Córnea y llegó a ser director; actualmente es presidente del Patronato.

Quienes lo conocen desde esos tiempos aseguran que es un hombre generoso y sensible, pero también es un hombre de decisiones audaces y que sabe convencer.

Y la descripción oficial de su trayectoria sustenta esas apreciaciones de sus conocidos, pues da cuenta de que en el instituto fue él quien lo colocó entre los mejores servicios de córnea de Latinoamérica; fue él quien fundó el primer banco de ojos autónomo del gobierno federal y consiguió recursos del Conacyt para instalar una unidad de investigación, pero además, durante su paso en la dirección aumentó 400% la atención a los pacientes de escasos recursos.

Ése es el décimo médico en llegar a la Rectoría de la UNAM y el primero de quien la Junta de Gobierno hizo públicas las expectativas sobre su trabajo.

“La necesidad de equilibrar la estabilidad y los cambios institucionales futuros; la imperiosa demanda de innovar en los procesos docentes e impulsar la formación de nuevas licenciaturas interdisciplinarias; la promoción de la vinculación entre investigación y docencia, así como entre Universidad y sociedad”, expresó al nombrarlo.