La tragedia de Mosman Park, cuando todo falla en el tema de la salud mental
El caso que conmocionó a Australia reabre el debate sobre salud mental, autismo severo y las fallas en los sistemas de cuidado clave

Un hecho real que sacudió a Australia
En los finales de enero, un hallazgo estremeció a Australia Occidental y, en pocas horas, al país entero. En una vivienda de Mosman Park, un suburbio acomodado de Perth, la policía encontró los cuerpos sin vida de cuatro personas —dos adultos y dos adolescentes— junto a sus mascotas domésticas. El caso fue confirmado oficialmente por las autoridades y desde el primer momento quedó claro que no se trataba de un hecho aislado ni de una escena criminal convencional, sino de una tragedia familiar de enorme complejidad.
La magnitud del suceso, unida al perfil de la familia y a las circunstancias que lo rodean, abrió un debate nacional sobre salud mental, discapacidad severa y los límites de los sistemas de apoyo institucional.
Las víctimas
Las autoridades identificaron a los fallecidos como Jarrod Clune y Maiwenna Goasdoue, y a sus hijos Leon, de 16 años, y Otis, de 14. Según confirmaron familiares y allegados a medios como ABC News y The West Australian, ambos adolescentes estaban diagnosticados con trastorno del espectro autista severo, con necesidades complejas y una dependencia casi total para las actividades básicas de la vida diaria.

Quienes conocían a la familia describieron años de dedicación absoluta al cuidado de los hijos, en un contexto de exigencia constante y desgaste acumulado.
La escena y la advertencia
Uno de los elementos más impactantes del caso fue la nota colocada en la puerta de la vivienda. En ella se advertía a las autoridades que no ingresaran sin la preparación adecuada. La policía de Australia Occidental confirmó oficialmente la existencia del mensaje y lo interpretó como un intento deliberado de anticipar y mitigar el impacto emocional que tendría el descubrimiento de la escena.
No se trataba de una nota impulsiva ni confusa, sino de un gesto que reforzó desde el inicio la idea de planificación.
La hipótesis policial
Desde las primeras horas, los investigadores trataron el caso como un homicidio–suicidio familiar, hipótesis que sigue vigente. No se encontraron armas de fuego ni indicios de violencia externa, lo que permitió descartar rápidamente la participación de terceros.
Las investigaciones preliminares apuntan al uso de métodos no violentos, como una sedación previa y una posible asfixia por gas. Los resultados forenses completos aún no han sido publicados, pero la policía describió el episodio como una “despedida silenciosa”, cuidadosamente planificada.
Además de la nota visible en la entrada, se confirmó la existencia de documentación adicional con instrucciones detalladas. Su contenido no ha sido divulgado por razones legales y éticas, pero su sola mención refuerza la interpretación de un acto premeditado y no impulsivo.
El peso del cuidado y el agotamiento
El caso de Mosman Park no puede entenderse sin su contexto estructural. Numerosos estudios científicos han documentado que los cuidadores principales de personas con autismo severo y conductas complejas presentan tasas significativamente más altas de depresión, ansiedad, trastornos del sueño y agotamiento crónico (Journal of Autism and Developmental Disorders).
El llamado caregiver burnout —agotamiento del cuidador— está lejos de ser una anécdota. La Organización Mundial de la Salud advierte que la falta de apoyo sostenido puede derivar en deterioro cognitivo, ideación suicida y colapso funcional en cuidadores a largo plazo.
En Australia, el National Disability Insurance Scheme (NDIS) fue concebido como una reforma ambiciosa para ofrecer apoyos personalizados a personas con discapacidad. Sin embargo, auditorías oficiales han señalado reiteradamente problemas de burocracia, retrasos y dificultades para familias con casos de alta complejidad, especialmente en lo que respecta al acceso al respite care, el apoyo temporal que permite a los cuidadores descansar.
Investigaciones académicas coinciden en que este tipo de asistencia es clave para prevenir crisis familiares, pero suele ser insuficiente o intermitente.
“Caer por las grietas del sistema”
Amigos y familiares de la pareja declararon a SBS News que llevaban años solicitando mayor apoyo estructural. Describieron un estado de agotamiento físico y emocional extremo, y la sensación persistente de estar solos frente a una carga que no disminuía con el tiempo.
Tras el caso, activistas y expertos repitieron una expresión que se volvió central en el debate público: “caer por las grietas del sistema”. Se refiere a familias cuyas necesidades son tan complejas que no encajan en los parámetros administrativos estándar y quedan, en la práctica, parcialmente desatendidas.
Reacción social y debate nacional
En Perth y en otras ciudades se organizaron vigilias espontáneas. Entre velas y flores, se escucharon consignas como “The system failed this family”. No eran actos de justificación, sino de denuncia: un reclamo colectivo ante lo que muchos perciben como un abandono estructural.
El gobierno federal defendió al NDIS como un sistema “robusto”, aunque reconoció la necesidad de revisar los mecanismos de apoyo para familias con discapacidad severa y anunció evaluaciones internas. Organizaciones como Autism Australia y Autistic Advocacy Australia expresaron su duelo, pero también advirtieron que el caso revela una emergencia silenciosa en el cuidado a largo plazo.
Comprender sin justificar
Especialistas en salud mental han sido claros en un punto esencial: explicar el contexto no equivale a justificar el acto. La comprensión sirve, en este caso, para identificar fallas y prevenir que otras familias alcancen niveles de desesperación similares.
La tragedia de Mosman Park ha reabierto debates incómodos sobre la responsabilidad del Estado, la autonomía familiar y los límites del sacrificio individual cuando el apoyo institucional no alcanza.
Un símbolo de una crisis mayor
Más allá del dolor irreparable, este caso se ha convertido en un símbolo de tensiones profundas entre políticas públicas, discapacidad severa y cuidado informal no remunerado. La investigación judicial continúa, pero su impacto social ya es irreversible.
Mosman Park no es solo el escenario de una tragedia familiar. Es, para muchos australianos, un punto de inflexión que obliga a preguntarse cómo una sociedad cuida —o deja de cuidar— a sus miembros más vulnerables y a quienes los sostienen, día tras día, en silencio.
De acuerdo con datos oficiales del Australian Institute of Health and Welfare (AIHW), en Australia viven más de 205 mil personas con trastorno del espectro autista, y alrededor del 31 % presenta necesidades clasificadas como “severas o profundas”.
El mismo organismo documenta que los cuidadores primarios de personas con discapacidad severa dedican en promedio más de 60 horas semanales a tareas de cuidado no remunerado, una carga asociada a un riesgo hasta 2.4 veces mayor de depresión y ansiedad clínica frente a la población general.
En el caso del NDIS, un informe de la Australian National Audit Office (2023) señaló que los planes para personas con apoyos complejos tardan, en promedio, 35 % más en aprobarse y presentan mayores recortes en servicios de respite care, considerados por la evidencia científica como uno de los principales factores protectores contra el colapso del cuidador.
Estos datos permiten dimensionar que tragedias como la de Mosman Park no ocurren en el vacío, sino en un contexto documentado de sobrecarga estructural y fallas persistentes en los sistemas de apoyo a largo plazo.
«pev»
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