En la oscuridad del mar, estos peces desarrollaron un sentido de la vista único
Estudio en Science Advances identifica células híbridas en larvas del mar Rojo que combinan bastones y conos en la retina.

Por Will Dunham
Durante más de un siglo, los libros de biología han señalado que la visión en los vertebrados —incluidos los humanos— se basa en dos tipos de células claramente definidos: los bastones, que procesan la luz tenue, y los conos, responsables de la luz brillante y del color. Una nueva investigación en peces de aguas profundas muestra que esta división no es tan clara como se pensaba.
Un fotorreceptor híbrido que desafía la clasificación clásica
Científicos identificaron un nuevo tipo de célula visual híbrida en peces de aguas profundas que combina la forma de los bastones con la maquinaria molecular y los genes propios de los conos. Este tipo celular, adaptado para ver en condiciones de luz tenue, se encontró en larvas de tres especies del mar Rojo.
Las especies estudiadas fueron:
- Pez hacha (Maurolicus mucronatus)
- Pez luz (Vinciguerria mabahiss)
- Pez linterna (Benthosema pterotum)
El pez hacha conserva las células híbridas durante toda su vida. Las otras dos especies adoptan la división tradicional entre bastones y conos al llegar a la adultez.
Las tres especies son pequeñas: los adultos miden aproximadamente entre 3 y 7 centímetros de largo, y las larvas son aún más diminutas. Habitan en una zona marina de penumbra, donde la luz solar apenas logra penetrar en las profundidades.
Cómo funciona la retina y por qué este hallazgo es clave
La retina de los vertebrados —una membrana sensorial ubicada en la parte posterior del ojo que detecta la luz y la convierte en señales para el cerebro— posee dos tipos principales de células sensibles a la luz, llamadas fotorreceptores: bastones y conos, denominados así por su forma.

Los bastones y los conos cambian lentamente de posición dentro de la retina al pasar de condiciones de poca luz a ambientes iluminados. Por eso nuestros ojos tardan en adaptarse cuando encendemos la luz en la noche”, explicó Lily Fogg, investigadora posdoctoral en biología marina en la Universidad de Helsinki, Finlandia, y autora principal del estudio publicado en la revista Science Advances.
“Encontramos que, en su etapa larvaria, estos peces de aguas profundas utilizan principalmente un tipo híbrido de fotorreceptor. Estas células parecen bastones —largas, cilíndricas y optimizadas para captar la mayor cantidad posible de partículas de luz, o fotones—, pero emplean la maquinaria molecular de los conos, activando genes que normalmente solo se encuentran en los conos”, añadió Fogg.
Los investigadores examinaron retinas de larvas capturadas a profundidades de entre 20 y 200 metros. En los ambientes de luz tenue donde habitan, tanto bastones como conos suelen activarse en la retina de los vertebrados, aunque ninguno funciona de manera óptima. Estos peces muestran una solución evolutiva a ese desafío.
Nuestros resultados cuestionan la idea arraigada de que los bastones y los conos son dos tipos celulares fijos y claramente separados. Mostramos que los fotorreceptores pueden combinar características estructurales y moleculares de formas inesperadas. Esto sugiere que los sistemas visuales de los vertebrados son más flexibles y adaptables desde el punto de vista evolutivo de lo que se creía”, afirmó Fogg.
“Es un hallazgo fascinante que demuestra que la biología no encaja perfectamente en categorías rígidas”, dijo el coautor principal del estudio, Fabio Cortesi, biólogo marino y neurocientífico de la Universidad de Queensland, Australia. “No me sorprendería que estas células sean mucho más comunes entre los vertebrados, incluso en especies terrestres”.
Bioluminiscencia y camuflaje en la zona crepuscular
Las tres especies emiten bioluminiscencia mediante pequeños órganos productores de luz en el cuerpo, ubicados principalmente en el vientre. Generan una luz azul verdosa que se mezcla con el tenue resplandor del sol desde la superficie. Esta estrategia, conocida como contrailuminación, es una forma común de camuflaje en las profundidades marinas para evitar depredadores.
“Peces pequeños como estos sostienen la vida en mar abierto. Son abundantes y sirven de alimento a muchos depredadores de mayor tamaño, incluidos atunes y marlín, mamíferos marinos como delfines y ballenas, así como aves marinas”, señaló Cortesi.
Estas especies también participan en una de las mayores migraciones diarias del reino animal.
- Por la noche nadan cerca de la superficie para alimentarse en aguas ricas en plancton.
- Durante el día descienden a profundidades de entre 200 y 1,000 metros para evitar a los depredadores.
Un océano aún lleno de misterios
El océano profundo sigue siendo una frontera para la exploración humana, una caja de misterios con potencial para descubrimientos importantes”, dijo Cortesi. “Debemos proteger este hábitat con el mayor cuidado para que las futuras generaciones sigan maravillándose con sus tesoros”.
El estudio fue publicado en Science Advances en 2026 y forma parte de una línea de investigación sobre la plasticidad evolutiva del sistema visual en vertebrados. La zona donde habitan estas especies corresponde principalmente a la región mesopelágica del océano (entre 200 y mil metros de profundidad), también llamada “zona crepuscular”, que cubre alrededor del 20% del volumen oceánico global.
Investigaciones estiman que en esta franja podría concentrarse hasta el 90% de la biomasa mundial de peces, con cálculos que oscilan entre 1,000 y 10,000 millones de toneladas métricas.
Asimismo, la migración vertical diaria mencionada es considerada la mayor migración animal del planeta en términos de biomasa, ya que millones de organismos ascienden y descienden cada 24 horas.
Estos hallazgos amplían la comprensión de la diversidad funcional de los fotorreceptores en vertebrados y aportan evidencia de que la especialización celular en la retina puede ser más flexible de lo que establecen los modelos clásicos de biología.
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