Tras Fukushima, Japón reactiva la mayor central nuclear del planeta

La planta de Kashiwazaki-Kariwa volverá a operar tras más de una década parada, en un paso clave del plan energético japonés

Por: AFP

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Logo de Tokyo Electric Power Company (Tepco) en la entrada de la sede central de la empresa en Tokio, en el contexto de la reactivación nuclear en Japón.AFP / Kazuhiro Nogi

La central nuclear más grande del mundo se reactivará este miércoles en Japón, anunció la empresa operadora.

La planta de Kashiwazaki-Kariwa fue paralizada, al igual que el resto de los reactores del país, tras el terremoto y el posterior tsunami que provocaron el desastre en Fukushima Daiichi en 2011.

Realizamos los preparativos para la puesta en marcha del reactor” de la instalación, ubicada al norte de Tokio, y “prevemos ponerlo en operación después de las 19:00 horas” locales (10:00 GMT), informó la compañía Tokyo Electric Power (Tepco) en un comunicado.

Japón, un país con escasos recursos naturales, busca reactivar la energía nuclear para reducir su dependencia de los combustibles fósiles importados.

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Manifestantes protestan frente a la sede de Tokyo Electric Power Company (Tepco) en Tokio contra la reactivación de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa.AFP / Kazuhiro Nogi

Un total de 14 reactores, la mayoría en prefecturas del este y del sur del país, ya reanudaron operaciones tras la imposición de estrictas normas de seguridad

La reapertura de Kashiwazaki-Kariwa y su peso estratégico

Kashiwazaki-Kariwa será la primera central que Tepco —operadora de Fukushima— reactive desde el desastre de 2011.

El complejo fue equipado con un dique de 15 metros de altura contra tsunamis, nuevos sistemas eléctricos de emergencia instalados en zonas elevadas y otros dispositivos de seguridad reforzados.

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La central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, ubicada en la prefectura de Niigata, es considerada la más grande del mundo por su capacidad instalada, con:

  • 7 reactores nucleares 
  • Potencia total aproximada de 7,965 megavatios (MW)

Según datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), antes de su cierre tras el accidente de Fukushima, la planta llegó a generar cerca del 7% de la electricidad total de Japón

Un proceso regulatorio de más de una década

La reactivación ocurre tras más de diez años de inspecciones regulatorias. En 2023, la Autoridad de Regulación Nuclear (NRA) levantó una orden de suspensión relacionada con fallas en los sistemas antiterrorismo, aunque la operación comercial completa aún depende de la aprobación de las autoridades locales.

La central ha sido objeto de uno de los procesos regulatorios más prolongados del sector nuclear japonés. Aunque la NRA concluyó en diciembre de 2023 que Tepco cumplió con los requisitos técnicos de seguridad —incluidos los sistemas antiterrorismo y de control de accesos—, la reactivación efectiva de cualquiera de sus reactores sigue condicionada al consentimiento del gobierno de la prefectura de Niigata y de los municipios aledaños.

Este requisito no es obligatorio por ley, pero en la práctica resulta determinante desde el punto de vista político y administrativo. 

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La apuesta nuclear en el plan energético japonés

De acuerdo con el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón (METI), el país busca que la energía nuclear represente entre 20% y 22% del mix eléctrico nacional para 2030, como parte de su estrategia para:

  • Reducir las emisiones de CO₂ 
  • Disminuir la dependencia energética del exterior

Japón operaba 54 reactores nucleares antes de 2011. Tras el accidente de Fukushima, ese número se redujo drásticamente y, hasta 2024, solo 14 habían vuelto a generar electricidad de manera regular.

La AIEA señala que, a plena capacidad, Kashiwazaki-Kariwa podría abastecer a más de 16 millones de hogares japoneses, lo que explica su papel estratégico dentro del plan energético nacional y su potencial impacto en la reducción anual de millones de toneladas de emisiones de CO₂ asociadas al uso de gas y carbón importados. 

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El desastre de Fukushima: origen de una transformación energética

El desastre de Fukushima, ocurrido el 11 de marzo de 2011, fue una de las catástrofes nucleares más graves de la historia, alcanzando el nivel 7 en la Escala Internacional de Sucesos Nucleares.

Todo comenzó con un terremoto de magnitud 9.0 frente a la costa de Tōhoku, el más potente jamás registrado en Japón. Aunque los reactores de Fukushima Daiichi se apagaron automáticamente tras detectar el sismo, el movimiento destruyó las líneas eléctricas externas, dejando a la planta dependiendo exclusivamente de generadores diésel de emergencia para mantener los sistemas de refrigeración.

Aproximadamente 50 minutos después, un tsunami con olas superiores a 14 metros sobrepasó el muro de contención. El agua inundó las instalaciones subterráneas donde se ubicaban los generadores y las baterías, provocando un apagón total de la estación.

Sin energía eléctrica, las bombas de agua dejaron de funcionar, impidiendo enfriar el combustible nuclear en los reactores 1, 2 y 3. El calor residual provocó un aumento incontrolado de temperatura, la evaporación del agua y la reacción del revestimiento de circonio con el vapor, generando grandes cantidades de hidrógeno.

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Entre el 12 y el 15 de marzo, este gas acumulado causó explosiones masivas en los edificios de los reactores 1, 3 y 4, destruyendo sus estructuras superiores y liberando material radiactivo a la atmósfera.

Las autoridades declararon una emergencia nuclear y ordenaron la evacuación en un radio que pasó de 3 a 20 kilómetros, afectando a más de 150 mil personas.

A diferencia de Chernóbil, gran parte del material radiactivo fue arrastrado hacia el océano Pacífico, lo que mitigó parcialmente el impacto directo sobre la población terrestre, aunque contaminó gravemente las aguas cercanas. 

Consecuencias a largo plazo

El desastre tuvo profundas consecuencias políticas y sociales, provocando el cierre temporal de casi todos los reactores nucleares del país y un debate global sobre la seguridad de esta fuente de energía.

Las labores de limpieza han sido extremadamente complejas debido a los altos niveles de radiación. La gestión del agua contaminada utilizada para enfriar los núcleos fundidos derivó años después en el polémico vertido de agua tratada al océano.

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Hoy en día, la zona de Fukushima sigue en un proceso de desmantelamiento que se estima durará entre 30 y 40 años. Aunque algunas áreas han sido reabiertas, miles de personas aún no han regresado a sus comunidades.

El desastre se atribuyó finalmente a una combinación de factores naturales extremos y fallos en la supervisión regulatoria y operativa de Tepco, lo que impulsó reformas estructurales en la seguridad nuclear a nivel mundial.

«pev»