Estigmas, sombras y cicatrices, Naief Yehya revive el 11S y sus secuelas
El escritor mexicano relata cómo vivió los atentados, el racismo contra su hijo y las consecuencias que dejó la tragedia.

Al igual que Jorge Ibargüengoitia y Vicente Leñero, estudió ingeniería en la UNAM, pero se hizo escritor y, un buen día, se instaló en Nueva York. El 11 de septiembre de hace un cuarto de siglo, Naief Yehya encendió el radio de su automóvil, justo cuando dejaba a su hijo mayor en su primer día de kindergarten. La emisión sobre las elecciones a la alcaldía de la ciudad fue interrumpida para reportar el impacto de lo que inicialmente se creía una pequeña avioneta contra las Torres Gemelas. Al salir a la avenida en el barrio de Williamsburg, la grieta de humo en el horizonte de Manhattan confirmó que el mundo parecía una película. Pero fue la realidad.
Viejo amigo de varios medios culturales mexicanos, Yehya llegó a radicar de forma definitiva a Nueva York a mediados de la década de 1990. Con la distancia del tiempo, reflexiona sobre el trauma colectivo, la transformación de la vigilancia social y la fractura ideológica que la tragedia dejó sembrada en la sociedad estadunidense.

Yehya recuerda que en las calles de la ciudad el verdadero alcance de la catástrofe no se asimiló de inmediato. El transporte público colapsó gradualmente y la evacuación de los colegios demoró.
El trauma del 11S en Nueva York
La tragedia tocó de cerca a su círculo inmediato a través de Pat, un joven de origen irlandés que trabajaba en la agencia de traducción de su esposa y quien justamente se reincorporaba a sus labores regulares tras haber entrenado para bombero.
Estaba en shock, porque su estación era la del World Trade Center. Al suspenderse el metro, se fue caminando a través del puente para integrarse al rescate. Toda su generación de entrenamiento, los más jóvenes que subieron por las escaleras debido a que no funcionaban los elevadores, murió al colapsar las torres”, relata Yehya.
Para el escritor, el impacto humano del 11S no concluyó con el derrumbe de las estructuras, sino que se prolongó durante todos estos lustros en una segunda ola de víctimas conformada por rescatistas y vecinos expuestos al polvo tóxico y los asbestos.
El hijo de Yehya enfrentó la estigmatización por su origen árabe
La secuela de los atentados permeó de manera hostil en las aulas y las calles en la vida posterior de esa gran ciudad. El hijo de Yehya, de cinco años en ese entonces, enfrentó la estigmatización en su escuela pública en Brooklyn debido a los orígenes árabes de su familia.
Era el único niño de origen árabe en la escuela y los otros niños, la mayoría de ellos polacos, le decían ‘Osama bin Laden’. Pero crecer bajo ese estigma lo moldeó de muchas formas, porque lo volvió profundamente escéptico frente al pensamiento conspirativo que hoy inunda internet”, explica el ensayista.
Racismo, miedo y estigmatización tras los atentados
Armado de una libreta, una pluma y una cámara, Yehya salió el 11S a tomar fotos y notas en el barrio, hablando con la gente, con la intención de escribir sobre ello, hasta que llegó a un deli donde trabaja un mexicano amigo.
–¡Qué haces en la calle! Te van a madrear-, le dijo su paisano. Acabo de ver a un güey con cara como la tuya y lo acaban de agarrar a chingadazos. ¡Vete a tu casa!

Fue la única alarma que se le encendió, por lo que reconoce que tuvo mucha suerte.
En ese sentido, Yehya observa que los controles migratorios posteriores y la paranoia generalizada sembraron la semilla de políticas más severas que culminaron en la creación de agencias como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y en un endurecimiento del aparato de inteligencia gubernamental.
Del 11S a una nueva era de vigilancia en EU
Al comparar la era digital de 2001 con el ecosistema tecnológico actual, el ensayista destaca cómo la falta de smartphones y redes sociales influyó en el ritmo en que se propagaba la información y el pánico. Sin embargo, advierte que la respuesta geopolítica de la administración estadunidense sentó las bases de un intervencionismo imperial sin concesiones.
A partir de ese momento se disparó la actitud agresiva y colonial de Estados Unidos. Hay un cambio geopolítico muy importante. Ahí emerge la New American Century, esta cosa de los neocones que tenían una ideología de reconquistar al mundo de una manera mucho más beligerante e intensa. Ahí sí tenemos un ejemplo muy claro de la aplicación de una política imperial sin ambigüedad alguna”, concluye Yehya.
*mcam