Embajada de Rusia cuestiona el rumbo de Ucrania tras 35 años de independencia

Carta aclaratoria de la Embajada de Rusia; ​réplica al artículo del Embajador de Ucrania 

embajada de Rusia en Mexico
Cuartoscuro

Por A. BATADEEV

El embajador ucraniano se ha distinguido por una cavernícola propaganda antirrusa. Podemos atribuirla a que él se ha liberado de “la quimera de la conciencia”, 

conforme a la ideología que domina en su país. No obstante, el tema al que dedica su artículo –35 años de independencia de Ucrania– merece atención, aunque no como motivo de orgullo, sino como un ejemplo de las consecuencias del abandono, por parte de las élites, de los intereses nacionales, de la renuncia a la soberanía y de la transición al control colonial.

Hace 35 años, la Unión Soviética dejó de existir por causas internas. Ucrania recibió entonces una enorme herencia. Era un país en la vanguardia del progreso científico, con un potencial económico, industrial y energético comparable al de Francia. Ante ella se abría un futuro prometedor.

¿Cómo administraron los herederos este patrimonio? Las fábricas construidas con el sudor y esfuerzos del pueblo soviético fueron desmanteladas y vendidas como chatarra al extranjero, en beneficio del enriquecimiento de un reducido grupo de oligarcas que trasladaban sus capitales fuera del país y ejercían una influencia política. Por indicaciones desde el exterior la nueva élite corrupta destruyó los vínculos industriales y logísticos establecidos durante décadas en detrimento de la economía y bienestar de la población. Pero Occidente reconoce una sola modalidad de interacción con los débiles: la colonización y la explotación depredadora. No necesitaba otra Francia, sino una fuente barata de recursos y mano de obra. Otro producto de exportación que encontró alta demanda en Occidente – el odio hacia Rusia. Como consecuencia, Ucrania se convirtió en un escenario de ingeniería política por parte de servicios especiales occidentales. A raíz del golpe de Estado de 2014, que fue orquestado por Occidente, llegó al poder una élite ultranacionalista, de facto neonazi, que comenzó a construir un Estado monoétnico en un país étnicamente diverso. La primera decisión de los golpistas fue prohibir el idioma ruso – ahora Ucrania es el único país del mundo cuya legislación prohíbe la lengua de una minoría étnica. Comenzaron los preparativos para el despliegue de la infraestructura militar ofensiva de la OTAN en las fronteras con Rusia. Estos pasos constituyeron las causas fundamentales de la crisis actual. Ucrania perdió su soberanía y se convirtió en un instrumento en manos de sus patrocinadores. El Secretario de Estado Marco Rubio reconoció que este conflicto constituye una guerra proxy contra Rusia. Se vendieron tierras y recursos, se contrajeron créditos en condiciones gravosas, se traicionaron los vínculos históricos entre los pueblos hermanos y se olvidó a los millones de ucranianos que perdieron la vida en la lucha contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Los monumentos a los héroes antifascistas fueron destruidos y en su lugar se levantaron los de colaboradores de Hitler.

Los principios democráticos fueron pisoteados. Al frente del país permanece una persona que se autodenomina «presidente», aunque su mandato expiró en mayo de 2024, pero él canceló las elecciones. Se han prohibido partidos políticos y medios de comunicación de la oposición, mientras que los opositores han sido encarcelados o asesinados. Los ucranianos son capturados en las calles en el marco de una movilización forzosa.

Bajo la protección de sus patrocinadores Kiev ha pasado a atentados terroristas contra la población civil de Rusia: perpetró ataques con drones contra instituciones educativas (el 22 de mayo) y objetivos turísticos (el 25 de julio), asesinó a la gente que descansaba en la playa (el 3 de agosto). En Ucrania, miles de elementos criminales procedentes de América Latina reciben experiencia de combate para posteriormente aplicarla en sus propios países. Kiev destruye buques civiles que transportan cereales y fertilizantes hacia países necesitados, contribuyendo así a provocar hambre y escasez de alimentos. En esencia, ahora Ucrania se ha convertido en uno de los principales exportadores de inestabilidad del mundo.

La Ucrania actual, víctima de las ambiciones neocoloniales de Occidente, es antípoda de lo que debería entenderse por un Estado independiente y democrático. Perdió su soberanía y se ha transformado en un campo de experimentación de proyectos geopolíticos occidentales. Un digno resultado de 35 años de existencia estatal.

Encargado de Negocios a.i. de Rusia en México

A. BATADEEV