Dinorah Figuera, la opositora venezolana preferida por el chavismo y Estados Unidos
La líder de la Asamblea Nacional elegida en 2015 encabezará las conversaciones de la oposición con el gobierno interino de Delcy Rodríguez para la recuperación de la democracia en Venezuela

Cirujana de formación, dirigente social desde su juventud y diputada durante más de una década, Dinorah Figuera pasó de recorrer los barrios populares de Caracas como médica y activista a ser una figura de la oposición venezolana y convertirse en la principal interlocutora del próximo proceso de diálogo político aceptado por el chavismo y promovido por Estados Unidos.
Desde el exilio en España, fue elegida hace cuatro años para presidir la Asamblea Nacional de Venezuela elegida en 2015, la última que buena parte de la oposición y varios gobiernos internacionales reconocieron como legítima.
A diferencia de otros dirigentes opositores de alto perfil mediático, su liderazgo ha sido descrito como discreto, institucional y enfocado en el trabajo parlamentario más que en la confrontación pública.
Dinorah Figuera nació en 1961 y creció en Catia, un populoso sector del oeste de Caracas, en una familia de origen humilde. Ella misma ha contado en diversas entrevistas que su experiencia en ese entorno moldeó su vocación por el servicio público y la salud comunitaria.
Se graduó como médica cirujana en la Universidad Central de Venezuela en 1991 y posteriormente realizó estudios de Epidemiología.
Durante sus años universitarios participó activamente en el movimiento estudiantil, una experiencia que terminaría conduciéndola hacia la política.
Su carrera médica nunca desapareció del todo. Incluso ya como diputada mantuvo una agenda vinculada a temas sanitarios, políticas familiares y atención social.
Carrera política de Figuera
Fue concejal, integrante del antiguo Cabildo Metropolitano y, en 2010, resultó electa diputada a la Asamblea Nacional por Caracas. Cinco años después fue reelegida, esta vez representando al estado Aragua, en las históricas elecciones legislativas de 2015 que dieron a la oposición una mayoría calificada en el Parlamento.
Durante su actividad legislativa presidió comisiones relacionadas con familia, ciencia, tecnología e innovación, manteniendo un perfil asociado a políticas sociales más que a los temas económicos o militares.
Uno de los episodios menos conocidos de su vida ocurrió en 2006, cuando fue diagnosticada con leucemia. En una entrevista recordó ese periodo con crudeza: “Yo estaba famélica y sin pelo… La política me curó.” El punto de inflexión llegó en 2018.
Tras la muerte bajo custodia del concejal Fernando Albán —compañero de partido, amigo cercano y padrino de su hija— Figuera denunció públicamente la versión oficial sobre el caso. Poco después aseguró haber sido objeto de amenazas, vigilancia del SEBIN y hostigamiento permanente.
En distintos testimonios ha relatado que agentes de inteligencia permanecían frente a su vivienda y que recibió advertencias de que podía ser detenida.
Terminó refugiándose durante varios días en la Embajada de Francia antes de abandonar Venezuela rumbo a España, donde obtuvo protección y apoyo.
La vida de Dinorah desde el exilio en España
El exilio supuso un cambio radical. Aunque era médica, no pudo ejercer debido a las dificultades para homologar su título profesional.
Durante varios años trabajó cuidando a personas mayores en Valencia, España, una experiencia sobre la que ha hablado sin dramatismo.
En entrevista con La Gran Aldea explicó: “No me quejo. Me he vinculado con los jubilados y pensionados en el exilio.”
En otra conversación recordó que muchas personas se sorprendían al descubrir que quien cuidaba a una anciana también presidía el Parlamento opositor venezolano.
Figuera suele ser reservada respecto de su vida privada. Es madre de una hija, de quien ha hablado con frecuencia al referirse al impacto emocional del exilio. En una entrevista concedida a Artículo14 recordó: “Mi hija salió de Venezuela con 19 años, ‘sin su consentimiento’.”
Arribaron a España con poco dinero. “Mi hija me criticaba porque yo no botaba nada. El día que tuve que enconcharme, yo andaba con unos zapaticos viejos y deshilachados”, confesó a La Gran Aldea.
Añadió que su hija sufrió ataques de pánico y lloraba diariamente durante los primeros meses en España, reflejando el costo psicológico que tuvo la migración forzada para muchas familias venezolanas.
También ha contado que perdió a su madre y a dos hermanos mientras permanecía exiliada y no pudo regresar para despedirse de ellos.
“En la Venezuela del chavismo es muy difícil ser una madre sola, venir de un estrato humilde, y además enfrentar la inseguridad ciudadana”, dijo a La Gran Aldea. “He pasado por situaciones duras en mi vida y he salido. De esta saldré, saldremos”, aseguró.
Presidenta de la Asamblea Nacional venezolana
En enero de 2023, tras la eliminación del llamado “gobierno interino” encabezado por Juan Guaidó, los diputados opositores eligieron a Figuera como presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015.
Mientras Guaidó había concentrado buena parte de la estrategia internacional de la oposición, Figuera asumió un papel más institucional, concentrado en la representación del Parlamento y en la administración de activos venezolanos protegidos en el extranjero.
Como médica y legisladora, Figuera ha impulsado durante años temas relacionados con la protección de las mujeres y la familia. En una entrevista con Artículo14 criticó duramente al oficialismo venezolano al señalar que “el chavismo es un régimen machista que usa a las mujeres e invisibiliza la violencia de género.” Reivindicó la necesidad de incorporar una perspectiva de género en cualquier proceso de reconstrucción institucional del país.
Menos estridente que Machado y Guaidó
Diversos perfiles periodísticos coinciden en retratarla como una dirigente de bajo perfil y fuerte vocación organizativa.
Ella misma expresó al ser elegida presidenta del Parlamento: “¿Quién se iba a creer que esa mujer que viene de Catia… hoy va a presidir un Parlamento tan importante?” También afirmó entonces: “Yo he dado testimonio de ser una mujer valiente que trabaja en unidad.”
La periodista Milagros Socorro, en La Gran Aldea, la presenta como una política acostumbrada al trabajo de base más que al protagonismo mediático, mientras que diversos perfiles internacionales destacan su imagen de dirigente moderada y negociadora.
Dentro del amplio espectro opositor venezolano, Dinorah Figuera ha mantenido un perfil menos confrontacional que dirigentes como Juan Guaidó, Leopoldo López o María Corina Machado.
Su fortaleza ha estado más asociada a la construcción institucional, el trabajo parlamentario y la interlocución con actores internacionales. Precisamente eso la hizo volver del exilio.
Regresó a Venezuela tras ocho años en España para asumir una misión específica: encabezar las conversaciones con el Palacio de Miraflroes destinadas a reconstruir las instituciones democráticas, reformar el sistema electoral y diseñar una hoja de ruta hacia unas futuras elecciones a partir del próximo 1 de agosto.
“Estoy asumiendo una invitación que me hizo el Departamento de Estado (de EU)”, dijo el 18 de junio al aterrizar en Caracas ese día. Parte de la misión que le encomendó el gobierno de Donald Trump es negociar con el gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, la conformación de una autoridad electoral “creíble”.
En el último mes y medio se reunió con el encargado de negocios de EU, John Barrett; con el subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Michael Kozak; y con el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez (hermano de la presidenta interina).
Aunque María Corina Machado sigue siendo la líder opositora más reconocida, según Trump sería muy difícil para ella liderar Venezuela porque “no cuenta con apoyo ni respeto dentro del país”. Además, según analistas políticos, no sería bien visto que una opositora con aspiraciones presidenciales encabece las conversaciones con el chavismo.
Por ello, el Departamento de Estado estadunidense apostó por Figuera como una figura con perfil institucional y capacidad de interlocución con el oficialismo.
Con un estilo más técnico que confrontacional, Figuera ha insistido en que su papel no consiste en disputar liderazgos dentro de la oposición, sino en preservar la institucionalidad representada por la Asamblea de 2015 y construir consensos que permitan una transición democrática sostenible.
“Muy probablemente el nombre de Dinorah Figuera dice poco o nada a millones de venezolanos (…) Quienes se acordaban de su existencia, por lo general lo hacían con sumo desdén por considerar que estaba administrando recursos públicos de forma opaca”, comentó Alejandro Armas columnista de Run Run.
Para el analista político venezolano, Figuera es una wild card, no tanto porque su colocación sobre la mesa haya sido inesperada, sino porque, “una vez en la mesa, no está muy claro qué papel va a desempeñar”.