Dilema de soberanía: 30 breves reflexiones sobre Venezuela
A diferencia de la estrecha sociedad jurídica y comercial que une a México con EU, el caso de Maduro demuestra que la falta de diplomacia lleva a soluciones de “alta juridicidad”

La mañana del sábado 3 vi y escuché el mensaje informativo de Donald Trump, complementado con las intervenciones del secretario de Estado, del secretario de Guerra y del jefe del Estado Mayor Conjunto. Todavía en esos días vacacionales y durante la hora que duró la transmisión, anoté estas 30 reflexiones que no sólo son muy breves, sino que además son muy preliminares, mismas que me permito compartir.
En ellas trato de conservar la mayor objetividad, que en este caso no me cuesta mayor esfuerzo. Nunca he sentido ninguna inclinación por Trump ni por Nicolás Maduro. Como mexicano, abogado y político, me interesan o me preocupan la libertad mexicana, la democracia mexicana, la justicia mexicana y la soberanía mexicana. Hasta allí llego como defensor, como promotor y como protector. Nada más, pero nada menos. Con mi país, me es difícil ser objetivo. Con los países de otros, me resulta muy fácil.
1. Si preguntáramos a los militares, quizá nos dirían que fue una operación exitosa, impecable y ejemplar. Participaron tan sólo 44 elementos y todos regresaron. Que se logró plenamente el objetivo, sin pérdida de vidas, sin pérdida de tiempo y sin pérdida de equipos. Y parece que todo eso fue cierto.
2. Si preguntáramos a los de inteligencia, quizá también nos dirían que fue exitosa, impecable y ejemplar. Supieron donde actuar, dónde llegar y de dónde extraer. Quizá ni siquiera llegaron, sino que ya estaban allí desde algún tiempo y esperando el clarín.
3. Si preguntáramos a los cineastas, quizá nos dirían que esto inspira la realización de alguna película de operaciones imposibles, con reparto estelar, con presupuesto amplio, con guion apetitoso y con ganancias predictibles. Y en eso podrían tener razón.
4. Si preguntáramos a los humanistas, quizá nos dirían que esta acción puede ser el inicio de la redención de un pueblo oprimido por una dictadura sin democracia, sin justicia y sin libertad. No me constan esos datos, pero he escuchado a muchos decirlo y hasta festejarlo. Mas aún, mi falta de pruebas tiene un indicio confirmatorio: el enorme éxodo venezolano es irrefutable.
5. Si preguntáramos a los soberanistas, quizá nos dirían razones que se contradicen, aunque no se desmienten. Por una parte, los que dicen que los extranjeros no pueden allanar el territorio de Venezuela. Por otra parte, los que dicen que los extranjeros no pueden allanar la ley de Estados Unidos. Y, realmente, ese territorio venezolano y esa ley estadunidense son soberanos. Parece que nosotros tendremos que decidir nuestro propio criterio, porque tanto unos como otros nunca se conformarán.
6. Sobre este particular, baste decir que Pascal Beltrán del Río compartió una lista de posiciones de 20 países americanos. La mitad, de un lado y la mitad, de otro lado. Y es difícil refutar las razones de los unos y de los otros. Pero mi personal criterio sobre la soberanía, sobre la relación internacional y sobre los posicionamientos de Estado, me lleva a la convicción de que los mirones son de palo. La mejor posición es la de abstenerse de comentario, si es que nada tienen que aportar, sobre todo aquellos Estados que tienen relación diplomática con ambos.
7. Si le preguntáramos a los economistas, dirían que se vislumbra un futuro prometedor para Venezuela. Su riqueza petrolera, hoy tan maltratada, puede ser reconstruida. Habrá inversión, empleo, ingreso, comercio, industria, desarrollo y un mejor nivel de vida. Y en eso podría haber esperanzas.
8. Si le preguntáramos a los estadistas, quizá nos contestarían con incertidumbres. No sabemos, ni se puede saber al día de hoy, si Venezuela pasará de una dictadura a un protectorado, o de una dictadura de izquierda a una de derecha, o de la opresión a la libertad, o de la injusticia doméstica a la injusticia extranjera. Mi deseo, que no mi posición, es que se instale la libertad, la democracia y la justicia. Pero repito que una cosa es tener deseos y otra es tener posiciones.
9. Otras incertidumbres provienen de mensajes de las autoridades. Marco Rubio dijo que no habría más ataques. Donald Trump dijo que podría haberlos. El tiempo lo aclarará.
10. El presidente dijo que no trabajarían con Corina Machado. Se entiende porque ella tiene seguidores, pero no tiene autoridades. Tiene electores, pero no tiene militares. Marco Rubio dijo que trabajaría con Delcy Rodríguez. Se entiende porque ella tiene autoridades, aunque no tenga seguidores. Tiene armas, aunque no tenga votos.
11. Si le preguntáramos a los juristas, allí si la cosa se pone muy peliaguda en la contradicción de criterios. Ésa ya la ha podido percibir, aunque yo no llego al alto nivel de jurista, sino que tan sólo soy un obrero de la abogacía. Pero eso me confiere el derecho de opinión técnica, misma que muchos compartirán y muchos disentirán. Pero repito que no tengo conflicto de interés con ninguno de los países involucrados.
12. Una primera cuestión es si la libertad, la democracia y la justicia están por encima de los formalismos jurídicos o si la ley debe salvarse, aunque perezcan los países y los humanos. Como abogado de la corriente positivista del Derecho, me inclinaría hacia la defensa de la ley. Los abogados de la corriente naturalista se inclinarían hacia la defensa de los seres humanos. Pero no traiciono mi positivismo si recurro a la razón de Estado que me enseño Jesús Reyes Heroles.
13. Según ésta, la última razón del Estado puede sobreponerse a la de la ley, si concurren el estado de necesidad, la no exigibilidad de otra conducta o el cumplimiento de un deber. Y creo que eso se da cuando Estados Unidos hacen concurrir dos factores complementarios e indestructibles. La ley penal, bajo la cual se detuvo y se juzgará al acusado y la salud de los estadunidenses.
14. Se dice que el fentanilo mata a 300 mil estadunidenses cada año. No sé si sea cierto o siquiera demostrable. Pero con que fueran 30 mil ya sería una catástrofe que haría ver al 9-11 como un incidente menor. Creo que concurren la razón legal y la razón de Estado.
15. El cumplimiento de un deber lo justifica. El gobierno de Estados Unidos tiene el deber de cuidar las leyes, pero también tiene el deber de cuidad las vidas. El problema surgiría cuando sólo puede privilegiarse a uno de esos deberes. No tengo duda de hacia dónde debe inclinarse la balanza de la razón. Y creo que así lo hicieron.
16. Los procedimientos jurídicos se cumplieron. Un expediente penal, una acusación judicial, una orden de captura y hasta un ofrecimiento de recompensa. Todo ello fue público y no secreto. Se actuó con base en ello. Fue una acción de autoridades civiles con apoyo militar, no a la inversa. Y fue en cumplimiento de órdenes judiciales, no presidenciales. El acusado ya está a disposición del tribunal federal que lo juzgará y, en su caso, lo sentenciará. No está a disposición de Potus.
17. Bajo este criterio, no se apresó al presidente de país ajeno, sino al delincuente de la ley propia. No por lo que les hizo a los venezolanos, sino por lo que les hizo a los estadunidenses. No por su tiranía, sino por su narcotráfico.
18. Sobre esto, la mayoría de los mexicanos también condenan la dictadura, pero también castigan el narcotráfico. Nuestra ley no acepta ni una ni otro.
19. Quiero suponer que se cumplirán los requisitos procesales. Información, defensa, pruebas, oportunidades, sentencia razonada y sustentada en la ley.
20. Solamente nos queda un punto negro y discutible que es la incursión en territorio extranjero para cumplimentar la orden judicial de otro país. Aquí abrimos un minianálisis.
21. En la naturaleza constitucional se nos presenta un conflicto que sale de la teoría y se instala en la realidad. La constitución de un país ordena que sólo la autoridad local puede actuar en su territorio. Por otra parte, la constitución de otro país obliga a que sus autoridades actúen en cualquier lugar. En estricto sentido, no hay una constitución superior a otra. Sostener lo contrario es negar la igualdad jurídica de los estados que, dicho sea de paso, está consagrada en nuestra constitución y creemos en ella.
22. Bajo este criterio ni la constitución de Estados Unidos ni la de Venezuela tienen supremacía jurídica sobre la otra. Entonces, sólo queda una solución que parece de trogloditas, pero es de alta juridicidad. Prevalece la ley de quien la pueda aplicar. La ley del impotente no es ley. Tengamos cuidado con las altas impunidades.
23. Aquí aparece otro problema. Ambos países no tienen tratado de extradición. Luego entonces, no se puede realizar un procedimiento de extradición, solicitarla entre ambos Estados y concederla. Eso sería una aberración legal imperdonable. Como también sería imperdonable si se hubiera actuado como se actuó, existiendo un tratado de extradición. Es decir, no quedaba de otra, más que lo que pasó. O la declaración de guerra, para darle pulcritud jurídica.
24. En el mismo tenor, en mi criterio no vale invocar las normas de la ONU o de la OEA. Eso sería considerar a la norma internacional por encima de la supremacía de las constituciones de los países. Si lo aceptáramos, negaríamos la soberanía jurídica de todos los países del mundo. Me niego a aceptarlo.
25. En el caso de los mexicanos, tampoco vale invocar los principios de política exterior en los que creemos y de los que nos sentimos muy orgullosos. La autodeterminación, la no intervención, la solución pacífica, el no uso de la fuerza y otros más que están en nuestra constitución, en el artículo 89 fracción X. Como toda constitución, eso obliga a nuestras autoridades, pero no a las autoridades de todos los países. Si así lo consideráramos, estaríamos negando la autodeterminación de los otros. Así que ni lo invoquemos.
26. Por último, o por principio, he escuchado opiniones de banqueta en el sentido de que se preparen otras dictaduras o izquierdas latinoamericanas, muy concretamente Cuba y Nicaragua. Me parece difícil considerarlo. Si ese fuera el caso también habría que hacerlo con las dictaduras e izquierdas del orbe. No hay cuatrienio que alcance para ello.
27. Tampoco creo que sean los mismos intereses. Creo que Venezuela es apetitosa, pero no lo son Nicaragua ni Cuba. La primera les puede dar. Las segundas nada más les costarían.
28. Más aún, no creo que eso pudiera suceder con México, como también lo he escuchado. Las razones y condiciones son muy distintas.
29. En primer lugar, porque muchos delincuentes mexicanos han sido entregados o se han entregado. El propio Donald Trump ha elogiado a la Presidenta mexicana y hasta le ha ofrecido ayuda. Ya sabrá ella si la acepta o la rechaza.
30. Con Venezuela no tenían ni relaciones diplomáticas, mucho menos tratados ni de extradición. Con México se tiene amistad diplomática, sociedad comercial y varias docenas de tratados. Además del libre comercio, México y los Estados Unidos son la pareja de países con la mayor sociedad jurídica del planeta. Nadie tiene mas tratados recíprocos que ellos dos.
En fin, éstas fueron mis primeras y preliminares reflexiones sobre un asunto que es importante y que abre nuestra mente y hasta nuestra deducción, como un principio de año nuevo.
*mcam
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