Una veterana misión de la NASA volverá a la Tierra antes de lo previsto

La sonda Van Allen A reentrará a la atmósfera tras 14 años en órbita; la NASA estima riesgo mínimo de daños en Tierra

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La NASA y la United States Space Force monitorean el descenso de la sonda científica Van Allen A, cuya reentrada podría ocurrir este martes con bajo riesgo para la población.Nasa

La sonda espacial Van Allen A, una nave científica de aproximadamente 600 kilogramos desarrollada por la NASA para estudiar la radiación que rodea la Tierra, reentrará a la atmósfera en las próximas horas tras casi catorce años en órbita. Las estimaciones del sistema de vigilancia espacial estadounidense indican que el evento podría ocurrir este martes alrededor de las 17:45 horas (tiempo del centro de México), aunque existe un margen de incertidumbre de ±24 horas.

De acuerdo con evaluaciones de la NASA y del sistema de seguimiento orbital de la United States Space Force, el riesgo de que algún fragmento cause daños en la superficie terrestre es extremadamente bajo. La probabilidad de que una persona resulte afectada se calcula en 1 entre 4 mil 200, un nivel considerado aceptable dentro de los estándares internacionales para reentradas no controladas.

La agencia espacial prevé que la mayor parte de la nave se desintegre al atravesar las capas densas de la atmósfera, proceso que genera temperaturas extremadamente altas debido a la fricción. Sin embargo, algunos componentes estructurales más resistentes podrían sobrevivir parcialmente a la reentrada y alcanzar la superficie en forma de fragmentos dispersos. 

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Una misión clave para entender el entorno espacial de la Tierra

La sonda forma parte de la misión científica Van Allen Probes, integrada originalmente por dos satélites gemelos: Van Allen A y Van Allen B. Ambos fueron lanzados el 30 de agosto de 2012 desde Cabo Cañaveral mediante un cohete Atlas V, con el objetivo de estudiar los llamados cinturones de Van Allen, regiones de partículas cargadas atrapadas por el campo magnético terrestre.

Estas zonas, descubiertas en 1958 por el físico estadounidense James Van Allen, actúan como un escudo natural que ayuda a proteger al planeta de radiación cósmica, viento solar y tormentas solares. Comprender su dinámica es clave para anticipar los efectos del clima espacial sobre satélites, astronautas y sistemas tecnológicos en la Tierra.

Durante su operación científica, las sondas fueron equipadas con instrumentos capaces de medir partículas energéticas, campos eléctricos y magnéticos y ondas de plasma, lo que permitió estudiar cómo se forman, aceleran y desaparecen las partículas dentro de estos cinturones. 

Descubrimientos que cambiaron la comprensión del clima espacial

Aunque la misión tenía inicialmente una duración prevista de dos años, ambas naves superaron ampliamente ese objetivo y recopilaron datos durante casi siete años de operación científica continua.

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Entre los hallazgos más relevantes se encuentra la identificación de un tercer cinturón de radiación temporal, que puede aparecer durante episodios intensos de actividad solar. Este descubrimiento modificó la comprensión científica de la estructura del entorno magnético terrestre, que hasta entonces se consideraba relativamente estable.

Los datos recopilados también permitieron estudiar cómo las tormentas geomagnéticas alteran los cinturones de radiación y cómo estos cambios pueden afectar la electrónica de satélites y sistemas espaciales. 

Fin de la misión y descenso orbital

La misión fue oficialmente concluida en 2019, cuando ambas sondas agotaron el combustible necesario para mantener su orientación correcta hacia el Sol. Sin ese control, los paneles solares ya no podían generar energía de forma eficiente, lo que marcó el final de las operaciones científicas.

Tras su retiro, los satélites permanecieron en órbita mientras su trayectoria se degradaba lentamente por efecto del arrastre atmosférico. En aquel momento, los cálculos indicaban que la reentrada de Van Allen A ocurriría aproximadamente en 2034.

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La NASA mandó un cohete al espacio para estudiar las auroras negrasEspecial

Sin embargo, esas previsiones cambiaron debido a condiciones solares más intensas de lo esperado. 

El papel del ciclo solar actual

En octubre de 2024, científicos de la NASA y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos confirmaron que el ciclo solar 25 alcanzó su fase de máximo solar, un periodo caracterizado por un aumento en la actividad del Sol, incluyendo manchas solares, eyecciones de masa coronal y tormentas geomagnéticas.

Estos fenómenos incrementan la densidad de la termosfera, una de las capas superiores de la atmósfera terrestre. Cuando esa capa se expande, aumenta el arrastre sobre los objetos en órbita baja, lo que acelera su descenso hacia la Tierra.

Ese incremento del arrastre atmosférico es el principal factor que adelantó casi una década la reentrada prevista de la nave. 

Cómo se monitorean estas reentradas

El seguimiento orbital de satélites y desechos espaciales es realizado principalmente por la 18th Space Defense Squadron de la Space Force estadounidense, que mantiene el catálogo público de objetos en órbita y calcula posibles trayectorias de reentrada.

Este sistema permite estimar cuándo y dónde podría producirse el reingreso de objetos espaciales. Sin embargo, debido a las variaciones en la densidad atmosférica y otros factores orbitales, la predicción exacta del lugar de impacto suele ser imposible hasta pocas horas antes del evento.

En la mayoría de los casos, los fragmentos que sobreviven terminan cayendo en el océano o en zonas despobladas, ya que más del 70% de la superficie terrestre está cubierta por agua. 

Normas internacionales sobre reentradas espaciales

Las agencias espaciales aplican criterios de seguridad para limitar los riesgos asociados a las reentradas de satélites. La norma técnica NASA-STD-8719.14A, utilizada para la mitigación de desechos orbitales, establece que la probabilidad de víctimas humanas por la reentrada de un objeto espacial no debe superar 1 entre 10 mil.

La estimación actual para Van Allen A, de 1 entre 4 mil 200, se considera dentro de un rango de riesgo bajo para una nave retirada, aunque superior al objetivo ideal utilizado para el diseño de misiones nuevas.

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A nivel internacional, estas prácticas forman parte de las directrices adoptadas por el Comité de las Naciones Unidas para el Uso Pacífico del Espacio Ultraterrestre (COPUOS), que promueve estrategias para reducir la generación de basura espacial y controlar los riesgos asociados a reentradas no controladas. 

Un legado científico que continúa

Aunque la misión terminó hace varios años, el legado científico de las sondas Van Allen sigue vigente. Los datos recopilados continúan siendo utilizados por investigadores para mejorar los modelos de clima espacial, un campo clave para la protección de infraestructuras tecnológicas.

Las perturbaciones solares pueden afectar satélites de comunicación, sistemas de navegación, redes eléctricas e incluso vuelos comerciales en rutas polares, por lo que comprender estos fenómenos se ha convertido en una prioridad científica y estratégica.

En ese contexto, la misión Van Allen Probes es considerada una de las más importantes para estudiar el entorno espacial cercano a la Tierra.

Mientras Van Allen A se prepara para su reentrada final, su nave gemela Van Allen B permanece todavía en órbita. Las estimaciones actuales indican que no se espera su regreso a la atmósfera antes de 2030, dependiendo de cómo evolucione la actividad solar y las condiciones del arrastre atmosférico en los próximos años.

«pev» 

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