La Cúpula Dorada de Trump busca blindar a EU frente a misiles de China y Rusia

Trump avanza en la Cúpula Dorada, un sistema antimisiles con tecnología terrestre y espacial.

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Trump avanza en la Cúpula Dorada, un sistema antimisiles con tecnología terrestre y espacial.Especial.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que su administración avanza en el diseño de un sistema nacional de defensa antimisiles denominado “Cúpula Dorada de Estados Unidos” (Golden Dome), un proyecto que busca proteger el territorio nacional frente a amenazas extranjeras mediante una red integrada de tecnología desplegada en tierra, mar y espacio.

De acuerdo con declaraciones del propio mandatario y reportes de medios como CBS News y The Associated Press, el gobierno ya seleccionó una arquitectura base para el sistema, considerado de “última generación” y que, por primera vez, podría implicar el despliegue de armas estadounidenses en el espacio

No obstante, el plan aún se encuentra en fase conceptual, sin presupuesto aprobado por el Congreso y con un costo potencial que podría ascender a cientos de miles de millones de dólares.

Trump ha señalado que el proyecto busca cerrar lo que considera un “vacío crítico” en la defensa nacional frente al avance tecnológico de potencias como China y Rusia. 

El sistema estaría en capacidad de interceptar misiles en todas las etapas: antes del lanzamiento, al despegar, a mitad de trayecto y en la fase final”, afirmó el presidente al describir el alcance del programa.

¿Cómo funcionaría la Cúpula Dorada y por qué el espacio es clave?

La Cúpula Dorada está concebida como un sistema de defensa de múltiples capas, capaz de detectar, rastrear e interceptar misiles balísticos intercontinentales, misiles hipersónicos, misiles de crucero, drones y otras amenazas aéreas avanzadas. Para ello, integraría sensores avanzados, interceptores en tierra y mar, plataformas espaciales y sistemas de rastreo satelital.

Expertos militares sostienen que el componente espacial es central en el diseño. El general retirado Frank McKenzie, citado por CBS News, explicó que “para destruir un misil en el momento ideal, cuando aún sigue una trayectoria predecible, necesitas un sistema espacial”. En ese sentido, satélites en órbita baja permitirían detectar amenazas en segundos y activar respuestas automáticas antes de que los proyectiles se acerquen al territorio estadounidense.

Trump reveló además que un acuerdo marco alcanzado en enero de 2026 con aliados de la OTAN contempla la instalación de parte del sistema en Groenlandia, una región estratégica por su ubicación entre Asia, el Ártico y la costa este de Estados Unidos. “Si no lo tenemos, tenemos un agujero en nuestra seguridad nacional”, declaró el mandatario durante su participación en el Foro Económico Mundial en Davos.

Costos, críticas internacionales y el debate estratégico

El financiamiento del proyecto es uno de los principales puntos de controversia. La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que solo los componentes espaciales podrían costar alrededor de 542 mil millones de dólares, mientras que analistas independientes elevan la cifra total hasta un billón de dólares o más en las próximas dos décadas.

Empresas del sector defensa ya han mostrado interés. Lockheed Martin calificó públicamente la iniciativa como un proyecto “a escala del Proyecto Manhattan”. Sin embargo, el propio gobierno reconoce que la Cúpula Dorada no tiene presupuesto asignado y que aún se están definiendo los requisitos técnicos. El secretario de la Fuerza Aérea, Troy Meink, confirmó ante el Senado que el programa sigue en etapa conceptual.

El proyecto ha generado reacciones adversas en el plano internacional. El gobierno de China advirtió que la iniciativa “socava la estabilidad global” y “alimenta una carrera armamentista”, una postura compartida por Rusia en un comunicado conjunto emitido en 2025.

Pese a las críticas, expertos como Tom Karako, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, consideran que el plan representa “un realineamiento tardío” frente a la evolución de las amenazas globales. McKenzie reconoció que podría incentivar nuevas respuestas ofensivas, pero concluyó:

Es posible que genere nuevas armas, pero aun así es un objetivo que vale la pena perseguir”.