Apoyo de los estadounidenses al embargo se tambalea ante el aumento de las tensiones entre EU y Cuba
Actualmente, sólo 28% de los ciudadanos estadunidenses apoyan al embargo comercial impuesto por Estados Unidos hacia Cuba.

Una nueva encuesta de YouGov publicada el 16 de marzo, muestra que más estadunidenses están en contra que a favor del embargo impuesto por Estados Unidos hacia Cuba.
Ante la escalada de las tensiones ya existentes entre los dos países desde el decreto del Presidente estadounidense, Donald Trump prohibiendo toda venta de petróleo hacia la isla, bajo pena de aranceles, la presión sobre el gobierno en la Habana y la población cubana está a su punto más alto desde 1962.
Si bien el embargo comercial impuesto por Estados Unidos hacia Cuba tiene ya más de 60 años, las sanciones de parte de Washington se han endurecido considerablemente durante las dos administraciones del presidente Trump.
Sin embargo, la oposición hacia el bloqueo y aislamiento de la isla ha aumentado también en la última década. Ante los reportes que están saliendo de Cuba de los estragos causados por la falta de combustible y el derrumbe de la infraestructura energética, una parte importante de la población estadounidense se ha pronunciado en contra del bloqueo actual (46% en contra mientras que sólo 28% a favor) y tiene una visión poco favorable a la política de embargo sexagenaria.
La intención declarada de esta política es de ponerle presión al gobierno de Miguel Diaz-Canel para que dimita. Aunque la mayoría de los estadounidenses se oponen al gobierno de la isla, una proporción más importante tiene una opinión favorable del pueblo cubano. Además, dos tercios de ellos consideran que las sanciones económicas afectan más o de igual manera a la población que al gobierno.
El gobierno estadounidense ha justificado su intervención alegando que Cuba representa una “inusual y extraordinaria” amenaza hacia su país, principalmente por su apoyo hacia adversarios geopolíticos. Sumándose a acusaciones preexistentes de albergar bases de espionaje rusas y chinas, la Casa Blanca y Embajada de Estados Unidos en Cuba emitieron un comunicado declarando que la isla estaría albergando fuerzas de los grupos paramilitares de Hamás y Hezbolá, que la Unión Americana ha designado como “terroristas”, y seguiría siendo uno de los principales países responsables de la expansión del narcotráfico en el continente americano.
La emisión de este decreto se hizo el 29 de enero, un día antes de la declaración oficial del embargo de combustibles. Hasta la fecha, el gobierno estadounidense no ha presentado pruebas contundentes para ninguna de estas dos acusaciones.
Asimismo, la opinión pública no está de su lado. Si bien la mitad de los estadounidenses ven a Cuba como “enemigo” (14%) o como “poco amistoso” hacia Estados Unidos, tan solo 19% la consideran como una amenaza mayor hacía la seguridad de la Unión Americana. Asimismo, existe una importante división generacional: mientras que casi dos tercios de los estadounidenses de más de 45 años consideran a Cuba como un país hostil, menos del 37% de la población de menos de 45 piensa lo mismo.
Según los análisis de YouGov, basados en los resultados de su propia encuesta, la oposición de la población estadounidense hacia la política exterior de su gobierno sería más significativa que la mostrada frente a las recientes intervenciones en Venezuela e Irán
Analistas estiman que esto se puede deber a una variedad de factores como la ineficacia de la política a largo plazo (el embargo ha durado más de 6 décadas sin lograr los cambios deseados en la gobernanza cubana), un interés económico y cultural ( los sectores de negocios, agricultura y turismo lo consideran una pérdida de oportunidades comerciales) y por la sensibilidad pública ante las consecuencias humanitarias del embargo ligadas a la falta de alimentos, medicamentos y acceso a la energía.
Con el frente abierto y el despliegue de tropas adicionales a Oriente Medio, hay mucha especulación sobre si Estados Unidos dispone del suficiente capital político y militar para llevar a cabo sus objetivos estratégicos en Cuba, y si está dispuesto a arriesgar el aumento de la inestabilidad regional que resultaría de una intervención militar en contra de la isla.
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