¿Por qué Franco aún divide a España, 50 años después de su muerte?

Una encuesta sorprendió al mostrar que, si bien una mayoría de españoles consideraba negativa la dictadura, uno de cada cinco estimaba que los años franquistas fueron buenos

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El 20 de noviembre de 1975 murió Francisco Franco, tras dirigir España con mano de hierro durante décadas. Cincuenta años después de su fallecimiento, que abrió paso a la democratización y modernización del país, su figura sigue polarizando a la sociedad.

Vencedor de la sangrienta Guerra Civil (1936-1939), Franco gobernó de manera implacable durante 36 años. Tras su muerte, ningún responsable del régimen que suprimió libertades fue juzgado, gracias a una amplia amnistía que benefició a ambos bandos.

Desde entonces, el país ha preferido “pasar de puntillas” y tiene “pendiente” la tarea de abrir un debate sosegado que permita consensuar una postura medianamente común sobre ese periodo, estima Paloma Román, doctora en Ciencias Políticas y directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad Complutense de Madrid.

Si tú, en vez de limpiar, metes el polvo debajo de la alfombra, cuando quites la alfombra ahí va a estar el polvo”, observa la analista.

Percepciones actuales del franquismo

Una encuesta realizada en octubre sorprendió al mostrar que, si bien una mayoría de españoles consideraba negativa la dictadura, uno de cada cinco (21 %) estimaba que los años franquistas fueron buenos o muy buenos para España.

Un resultado en línea con el aumento de alabanzas al franquismo entre jóvenes españoles, quienes suelen tener escasos conocimientos sobre esa época y que, espoleados por las redes sociales, son permeables a la propaganda, según expertos.

Es un problema de educación (...) Las personas que no vivieron la dictadura se pueden ver arrastradas hacia ese relato de reescritura de la dictadura”, advierte Román.

La polarización alimenta la división

La alta polarización política que vive España profundiza la división, a juicio de la analista, con un gobierno de izquierda que ha hecho bandera de la rehabilitación de la memoria de las víctimas del franquismo y una oposición de derecha y extrema derecha que rechaza “reabrir heridas”.

El gobierno del socialista Pedro Sánchez, que exhumó en 2019 a Franco del mausoleo del Valle de los Caídos —ahora Cuelgamuros—, impulsó en 2022 una ley de memoria democrática que, entre otras cosas, creó un registro de víctimas y ordenó la retirada de símbolos franquistas del espacio público.

Además, ha organizado este año un ciclo de eventos bajo el lema “España en libertad”, para recordar que hace medio siglo comenzó el “difícil camino” hacia la democracia y celebrar “el país próspero, plural y democrático en el que nos hemos convertido”, referente en derechos para las mujeres y para las personas LGBT+.

Pero, para el conservador Partido Popular, principal fuerza de oposición, Sánchez utiliza el “comodín de Franco” para encubrir la debilidad de su gobierno, afectado por varias causas judiciales en su entorno cercano y por su dificultad para aprobar leyes en el Parlamento. El partido le exige convocar elecciones.

Para la extrema derecha de Vox —residual hace menos de una década y hoy tercera fuerza política—, el de Sánchez “es el peor gobierno en 80 años de historia”, un periodo que incluye la dictadura franquista.

Manifestaciones y el papel de la monarquía

Como evidencia de la división, tras una misa por el dictador celebrada el jueves, convocada por su familia y la Fundación Franco —que honra su memoria—, el viernes tendrá lugar en Madrid una manifestación de la Falange, el partido fascista que fue uno de los pilares del régimen, y el sábado una manifestación antifascista.

Aunque el 20 de noviembre no habrá actos oficiales como tal, al día siguiente se celebrará una ceremonia en el Palacio Real y otra en el Parlamento para conmemorar la reinstauración de la monarquía en España. No asistirá su principal protagonista: el rey emérito Juan Carlos, coronado el 22 de noviembre de 1975.

Abdicado en 2014 en su hijo Felipe VI, Juan Carlos fue, para muchos, una figura clave en el camino de España hacia la democracia tras la muerte del dictador, quien lo había designado como su sucesor.

Sin embargo, sus escándalos financieros y relaciones extramatrimoniales erosionaron su imagen en los últimos años y lo llevaron a autoexiliarse en Abu Dabi en 2020.

Juan Carlos volvió a levantar polvareda este mes con la publicación de sus memorias, en las que se refiere a Franco en términos halagadores: “Le respeté enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político (...). Nunca permití que nadie criticara a [Franco] en mi presencia”.

Unas “loas” que fueron criticadas por Pedro Sánchez la semana pasada.

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