Víctima narra los experimentos de control mental de la CIA en 1958; así operaron

El testimonio de Lana Ponting revive el caso MK-Ultra y una nueva demanda que exige justicia por los experimentos de control mental realizados por la CIA en Canadá.

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Mujer rompe el silencio: así operó el control mental de la CIA en 1958

El testimonio de Lana Ponting, revelado recientemente por la BBC, ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional al Proyecto MK-Ultra, uno de los programas encubiertos más controvertidos de la historia de la CIA.

Más de seis décadas después de haber sido sometida a experimentos de control mental sin su consentimiento, Ponting —hoy abuela y residente de Manitoba— busca justicia a través de una demanda colectiva que podría marcar un precedente para cientos de víctimas canadienses.

A mis 16 años, la CIA realizó conmigo experimentos sobre control mental”, relató Ponting en su entrevista. Su voz es la de una víctima que ha esperado más de medio siglo para poder comprender qué ocurrió en aquel hospital psiquiátrico que, según recuerda, “no parecía un hospital para mí”.

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Un ingreso forzado al Allan Memorial Institute

Era abril de 1958. Ponting, una adolescente que atravesaba un periodo de rebeldía tras una mudanza familiar, fue enviada por orden de un juez al Allan Memorial Institute, en Montreal. Su “conducta desobediente” fue considerada motivo suficiente para que pasara un mes recluida en lo que creía que sería un centro psiquiátrico convencional.

Pero ese hospital tenía un pasado y un futuro muy distintos al de un simple espacio clínico. Lo que allí ocurría era parte de una red internacional de experimentos que hoy se conocen bajo un nombre: MK-Ultra, el programa secreto de la CIA destinado a probar técnicas de lavado de cerebro y control mental durante la Guerra Fría.

Ponting recuerda nítidamente su primera impresión del Allan Memorial:

Lo primero que recuerdo es el olor: casi medicinal”.

El Allan Memorial: uno de los epicentros del MK-Ultra

Las investigaciones realizadas décadas después confirmaron que el Allan Memorial fue uno de los principales escenarios de experimentación no consentida.

A través de la figura del psiquiatra Ewen Cameron, la institución formó parte de un programa que entre 1950 y 1973 operó en más de 100 instituciones en EU y Canadá, incluidos hospitales, prisiones y escuelas.

En el caso de Ponting, los archivos médicos —obtenidos hace apenas unos años mediante solicitudes de acceso a información— revelan que fue sometida a una combinación de LSD, amital sódico, desoxina y gas óxido nitroso. Además, se le aplicaron procedimientos de “conducción psíquica”, un método en el que los pacientes escuchaban grabaciones repetitivas durante horas o días.

Ella recuerda una de aquellas sesiones:

Se repetía una y otra vez: eres una chica buena, eres una chica mala”.

El propio Cameron dejó constancia del estado al que fueron llevados algunos pacientes. En el caso de Ponting escribió:

La paciente se había vuelto bastante tensa y extremadamente violenta cuando se le administró óxido nitroso, lanzándose medio fuera de la cama y comenzando a gritar”.

Una vida marcada por el trauma

Ponting asegura que por décadas creyó que “algo estaba mal” con ella, sin saber que había sido víctima involuntaria de experimentos clandestinos. La ausencia de recuerdos nítidos —un efecto común entre quienes pasaron por los tratamientos de Cameron— prolongó su confusión durante años.

Lo sentí toda mi vida, porque me preguntaba por qué pensaba de esta manera o qué me pasó”, relata.

Con el tiempo formó una familia, tuvo dos hijos y hoy disfruta de sus cuatro nietos. Sin embargo, las secuelas persisten: ha necesitado medicación psiquiátrica durante toda su vida y sufre pesadillas recurrentes.

A veces me despierto gritando en la noche por lo que pasó”.

Batalla judicial contra el MK-Ultra

Aunque el MK-Ultra salió a la luz en 1975, las acciones legales han sido complejas y en muchos casos infructuosas. En EU, la mayoría de las demandas fueron rechazadas.

En Canadá, algunos casos lograron compensaciones parciales: en 1988, nueve víctimas recibieron 67 mil dólares del gobierno estadunidense; en 1992, 77 víctimas fueron indemnizadas por el gobierno canadiense, aunque sin reconocimiento de responsabilidad.

Ponting no figuraba entre ellas porque aún no sabía que había sido víctima.

Hoy forma parte de una demanda colectiva que avanza luego de que un juez rechazara la apelación del Royal Victoria Hospital, institución asociada a la Universidad McGill, que busca deslindarse del caso. Ni el hospital ni la universidad han querido comentar debido al litigio en curso.

Para Ponting, el proceso representa más que un reclamo económico:

A veces me siento en mi sala y mi mente regresa, y pienso en las cosas que me sucedieron. Cada vez que veo una foto de Cameron, me da tanta rabia”.

Aunque no existe evidencia concluyente de que Cameron conociera el financiamiento procedente de la CIA, los especialistas coinciden en que sus métodos violaron principios básicos de ética médica.

Para Jordan Torbay, investigadora que estudia el legado del MK-Ultra, lo importante ahora es que el proceso avance. “No se trata realmente de devolverles a los pacientes lo que perdieron, porque eso no es posible, sino de asegurarnos de que su sufrimiento no fue en vano”.

Su declaración sintetiza el reclamo de generaciones de víctimas que, como Ponting, han vivido en silencio y con secuelas permanentes.

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El caso de Ponting podría comenzar a escribirse en los tribunales canadienses. Y para Ponting, después de 66 años de silencio, esta podría ser la primera oportunidad real de cerrar un capítulo que nunca debió existir.

ORP