De ayatola débil, a un temido represor; “un accidente de la historia”

Durante sus 36 años de gobierno, Jamenei usó la mano dura para sofocar los disturbios internos y consolidar a Irán como poderosa fuerza antiestadunidense

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Alí JameneiReuters

PARÍS.— El líder supremo iraní Alí Jamenei fue un estratega hábil que nunca dudó en recurrir a la represión y que superó muchas crisis al frente del sistema teocrático de Irán.

Jamenei dominó Irán desde que asumió el poder en 1989, sucediendo al fundador de la república islámica, Ruholá Jomeiní.

A lo largo de décadas reprimió brutalmente una serie de protestas, como la movilización estudiantil de 1999, las manifestaciones masivas desencadenadas en 2009 por unas controvertidas elecciones presidenciales y una ola de contestación en 2019.

Jamenei también sofocó duramente el movimiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022-2023, desencadenado por la muerte de Mahsa Amini, detenida por supuestamente infringir el estricto código de vestimenta de las mujeres.

El líder supremo tuvo que esconderse durante la guerra de 12 días en junio de 2025 provocada por un ataque sin precedentes de Israel. Pero sobrevivió y, ante la nueva ola de protestas que sacudieron el país a comienzos de este año y cuya represión se saldó con miles de muertos, según varias oenegés, apareció desafiante como nunca.

Conocido por llevar una vida sencilla y sin lujos, estuvo últimamente bajo alta protección. Sus apariciones públicas, poco frecuentes, nunca se anunciaban con antelación ni se retransmitían en directo.

Nunca salió del país desde que asumió el poder. Su último viaje conocido al extranjero se remonta a 1989, cuando era presidente, para una visita a Corea del Norte.

Durante mucho tiempo se especuló sobre su salud. Tenía el brazo derecho paralizado desde que sobrevivió a un intento de asesinato en 1981.

Ali Jamenei nació en Mashhad, al noreste de Irán, en abril de 1939, en el seno de una familia pobre.

Su compromiso religioso quedó patente cuando se convirtió en clérigo a los 11 años. Su activismo político contra el sah Reza Pahlavi le valió pasar los años 1960 y 1970 en prisión.

Al principio considerado débil e indeciso, Jamenei parecía una elección poco probable para líder supremo tras la muerte del carismático ayatolá Ruholá Jomeini, pero su ascenso a la cima de la estructura de poder del país le permitió ejercer un férreo control sobre los asuntos de la nación.

Jamenei fue “un accidente de la historia” que pasó de ser “un presidente débil a un líder supremo inicialmente débil y a uno de los cinco iraníes más poderosos de los últimos 100 años”, declaró Karim Sadjadpour, del Carnegie Endowment for International Peace, a Reuters.

La sucesión

La muerte del ayatolá Alí Jamenei podría poner en peligro la continuidad del régimen clerical en la república islámica.

La complejidad del sistema de gobierno iraní, la naturaleza ideológica de su base de apoyo y el poder de la Guardia Revolucionaria hacen difícil predecir lo que podría suceder.

El líder supremo debe ser un clérigo, según el sistema iraní devilayat-e faqih (tutela del jurista islámico).

La influencia de Jamenei se ha ejercido a menudo a través de sus asesores más cercanos. Pero tras los ataques del sábado, no está claro cuántos de esos altos cargos han sobrevivido.

Jamenei, de 86 años, nunca nombró públicamente a un sucesor. Su hijo, Mojtaba Jamenei, ha sido considerado como un posible candidato, pero su destino tampoco está claro.

El nieto de su predecesor, Hassan Jomeini, ha sido otro, al igual que algunos clérigos de alto rango.

Las posibilidades incluyen al ayatolá Alireza Arafi, miembro del Consejo de Guardianes y de la Asamblea de Expertos; Hojjat-ol-Eslam Mohsen Qomi, un asesor clave en la oficina de Jamenei; el ayatolá Mohsen Araki, miembro de la Asamblea de Expertos; el ayatolá Gholam Hossein Mohseni Ejei, jefe del poder judicial de Irán.

Reza Pahlavi, el hijo mayor del último sha de Irán se ha posicionado como un líder potencial en una eventual transición democrática en Irán, un país al que no ha vuelto desde la revolución.

LA TEOCRACIA

·         El líder supremo debe ser un clérigo según el sistema iraní (tutela del jurista islámico).

·         La Asamblea de Expertos, compuesta por ayatolás nombra al líder supremo.

·         La élite clerical controla poderosos organismos que influyen en todo el sistema político.

·         El Consejo de Guardianes puede vetar las leyes aprobadas por el Parlamento.

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