¿Por qué el bipartidismo sigue dominando la política en Estados Unidos?

Estados Unidos suele elegir entre dos partidos en cada elección, pero pocos saben que existen más opciones en la boleta.

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Estados Unidos suele tener más partidos, pero sólo se votan a dos. (Diseño: Diego Morato)

El sistema político estadunidense se considera una de las democracias más antiguas y estables del mundo, pero también resulta peculiar en términos de representación partidaria. Mientras muchas naciones democráticas funcionan con sistemas multipartidistas y de grandes coaliciones, Estados Unidos se ha definido por la dinámica de dos partidos predominantes desde el siglo XIX: el Partido Republicano y el Partido Demócrata.

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Más allá de los nombres y colores que estos partidos representan, subyace una compleja estructura de motivos históricos, jurídicos, ideológicos y culturales que sostienen el bipartidismo. Entonces, ¿por qué Estados Unidos ha sido incapaz de permitir que otros partidos florezcan? Y más importante, ¿cómo han sobrevivido los partidos menores a pesar de las barreras casi insuperables que enfrentan?

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Gente acude a votar en las elecciones a presidente de EU. (AFP)

¿Por qué solo hay dos partidos en Estados Unidos?

El bipartidismo en Estados Unidos no es una casualidad, sino el resultado de factores históricos, estructurales y culturales. Uno de los principales elementos que contribuye a esta realidad es el sistema electoral conocido "Escrutinio mayoritario uninominal" ("first-past-the-post") 

Bajo este sistema, cada distrito elige a un representante, y el candidato que obtiene la mayor cantidad de votos gana el escaño, sin importar si alcanzó una mayoría absoluta o solo una pluralidad. En la práctica, esto significa que los votantes suelen apoyar a uno de los dos partidos más grandes para evitar que su voto "se pierda" en un partido minoritario con pocas posibilidades de ganar.

En México se usa este sistema, pero de forma mixta. Están los curules elegidos por representación proporcional, es decir, los 300 diputados que son electos de forma directa; mientras que los 200 restantes son los plurinominales para dar paso a partidos más pequeños. En tanto, en otros países se usa el sistema D'Hondt; en que cada estado o provincia tiene un número determinado de legisladores y de acuerdo al porcentaje de votos que obtuvo un partido en esa localidad, se designan los curules. 

Este fenómeno se conoce como el "efecto de Duverger", una teoría política que sugiere que los sistemas de mayoría simple tienden a consolidarse alrededor de dos partidos principales, porque cualquier candidato de un tercer partido se encuentra en desventaja frente a la necesidad de obtener una mayoría local para ser elegido. Los votantes, entonces, se inclinan por opciones viables, lo cual refuerza el predominio de los dos grandes partidos.

Ese efecto pasa en muchos países. En Argentina, debido a la enorme cantidad de partidos que existen, suelen hacer grandes coaliciones o 'metapartidos', que se agrupan hacia o en contra del peronismo, la principal corriente política desde hace más de medio siglo que fue impuesta por Juan Domingo Perón. 

Otra razón que sustenta el bipartidismo estadunidense es la historia del país. Desde sus inicios, la política en Estados Unidos se organizó alrededor de dos facciones principales. Primero fueron los federalistas y los demócrata-republicanos; luego, los whigs —que en el concepto moderno se considerarían 'libertarios'— y los demócratas, y finalmente, desde mediados del siglo XIX, los actuales partidos Republicano y Demócrata.

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Gente acude a votar en las elecciones a presidente de EU. (AFP)

¿Por qué otros partidos en EU no destacan?

Los partidos menores en Estados Unidos enfrentan barreras que limitan su participación efectiva en la política nacional. Un aspecto clave es la financiación de las campañas electorales. Los partidos Republicano y Demócrata reciben la mayor parte de las contribuciones de empresas, sindicatos y donantes privados, creando un flujo constante de recursos que permite financiar amplias estrategias de campaña.

A diferencia de México —en el que los partidos políticos que cuentan con el registro reciben financiamiento público—, ambos partidos en Estados Unidos reciben donativos privados sin límite tanto de ingresos como de gastos. Los partidos menores, en cambio, carecen de esta capacidad de recaudación y dependen de pequeños donantes o esfuerzos individuales, lo que les hace muy difícil competir en igualdad de condiciones.

La legislación electoral también juega un papel importante. Al no existir un órgano electoral que regule a los partidos y las elecciones, cada estado tiene reglas diferentes sobre cómo los partidos pueden ser reconocidos y cómo los candidatos pueden aparecer en la boleta electoral. En muchos casos, los partidos menores necesitan recolectar decenas de miles de firmas en un periodo corto de tiempo para que sus candidatos sean considerados en la papeleta.

Esta carga burocrática se convierte en una barrera considerable para los partidos pequeños, y la falta de acceso a los debates presidenciales nacionales, organizados por la Comisión de Debates Presidenciales —dominado por los dos partidos grandes—, dificulta que los candidatos de partidos menores se den a conocer y sean vistos como opciones viables.

En este contexto, el papel de los medios de comunicación es crucial. Al centrarse principalmente en los candidatos republicanos y demócratas, los medios perpetúan la percepción de que solo existen dos alternativas realistas. Aunque los partidos menores, como el Partido Libertario o el Partido Verde, ocasionalmente ganan protagonismo, la cobertura mediática tiende a limitarlos a curiosidades políticas en lugar de darles una plataforma comparable a la de los demócratas o republicanos.

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Gente acude a votar en las elecciones a presidente de EU. (AFP)

¿Cuál es el impacto de los partidos menores?

Aunque el sistema está claramente inclinado hacia los dos partidos principales, Estados Unidos cuenta con varios partidos menores que, aunque no tengan representación significativa en el Congreso o en cargos ejecutivos, ejercen cierta influencia en el discurso público y en la política nacional. Algunos de los partidos menores más conocidos incluyen el Partido Libertario, el Partido Verde y el Partido Constitucional.

El Partido Libertario —como sus similares alrededor del mundo—, aboga por una reducción drástica del tamaño del gobierno, defendiendo los principios del libre mercado y la libertad individual. En elecciones presidenciales recientes, sus candidatos han logrado figurar en la boleta en los 50 estados, un logro significativo para un partido menor. Su postura a favor de la despenalización de las drogas y una política exterior no intervencionista han atraído a votantes de ambos extremos del espectro político.

El Partido Verde, por otro lado, se centra principalmente en cuestiones ambientales, justicia social y reformas democráticas. A pesar de que nunca ha ganado una elección presidencial ni ha conseguido un número significativo de escaños en el Congreso, ha sido una voz importante en temas como el cambio climático y la sostenibilidad, lo que ha impulsado a los partidos grandes a tomar algunas de estas cuestiones más en serio.

El Partido Constitucional, aunque menos conocido, se presenta como una alternativa conservadora que defiende una interpretación estricta de la Constitución de los Estados Unidos. Sus posturas suelen estar alineadas con un federalismo fuerte, y promueve una visión cristiana de los valores familiares y sociales.

Aunque estos partidos no han logrado desafiar seriamente el dominio de los republicanos y demócratas, su presencia suele captar a los votantes desencantados con las opciones tradicionales y generalmente son considerados como un "voto protesta", Además, en algunos casos, los partidos menores han actuado como "spoilers", quitándole votos a un candidato principal y alterando el resultado de elecciones cerradas.

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Gente acude a votar en las elecciones a presidente de EU. (AFP)

¿Se puede cambiar el sistema electoral de EU?

El bipartidismo de Estados Unidos no parece estar en peligro de desaparecer, pero eso no significa que sea inmutable. Un cambio al sistema electoral podrían abrir la puerta a un mayor pluralismo político. Algunas ciudades y estados, como Maine y Alaska, han experimentado con sistemas de votación como la "votación por orden de preferencia" (ranked-choice voting), en la cual los votantes pueden clasificar a los candidatos en orden de preferencia.

Este tipo de sistema podría reducir el "voto perdido" que afecta a los partidos menores, permitiendo más participación sin el temor de que un voto a un tercer partido favorezca indirectamente a un candidato no deseado.

Otra alternativa podría ser la adopción de un sistema de representación proporcional, como el que se utiliza en muchas democracias europeas. Bajo un sistema proporcional, los escaños en el Congreso se asignan en función del porcentaje de votos que cada partido obtiene a nivel nacional o regional, lo cual podría abrir la puerta a la representación de más partidos.

Sin embargo, este tipo de reformas enfrentaría una fuerte oposición tanto de los partidos establecidos como de aquellos sectores que consideran que el sistema actual proporciona estabilidad política. 

En España, por ejemplo, hubo durante décadas un bipartidismo marcado tanto por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE, izquierda) como del Partido Popular (PP, derecha), pero fue a partir de la crisis económica de 2011 que empezaron a surgir más partidos (Podemos, Sumar, Vox, Ciudadanos, SALF) y que ambos grupos tuvieron que hacer coaliciones, tanto con los nuevos grupos como los partidos regionales, para formar gobierno. 

Además de los factores estructurales y legales, el bipartidismo está profundamente arraigado en la cultura política de Estados Unidos. La población ha estado acostumbrada durante generaciones a elegir entre dos grandes opciones, y la narrativa política suele reducirse a una lucha entre dos bandos. Esto ha llevado a que, para muchos votantes, la idea de apoyar a un tercer partido se vea como un ejercicio nulo o, en el peor de los casos, como una amenaza a la estabilidad.

Pero la creciente insatisfacción de algunos sectores de la población con el bipartidismo podría ser un catalizador para futuros cambios. La polarización extrema y la incapacidad de los partidos tradicionales para abordar problemas clave, como la desigualdad económica o el cambio climático, podrían abrir un espacio para que nuevas fuerzas políticas surgieran... al menos en las facciones de ambos partidos. 

Pero para que esto ocurra, no solo será necesario un cambio en las reglas del juego, sino también en la mentalidad de los votantes.

dmr