Andrea Chapela: “Necesitamos repensar el amor más allá de la pareja”

Andrea Chapela analiza el amor más allá de la pareja, destacando comunidad, afecto y nuevas formas de relaciones en su ensayo Cuando hablamos de amor.

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Andrea Chapela: “Necesitamos repensar el amor más allá de la pareja”

El libro Cuando hablamos de amor (Sexto Piso) reúne a diversas autoras que, desde distintos ángulos, reflexionan sobre la vigencia del amor romántico y los límites de un modelo que ha marcado la vida social y emocional de millones de personas. La escritora mexicana Andrea Chapela, reconocida por su obra híbrida entre narrativa, ensayo y ciencia ficción, aporta un texto que se entrelaza con sus inquietudes personales y creativas.

Chapela, autora de novelas como Todos los fines del mundo, ha explorado en su trayectoria temas como la identidad, la percepción y los afectos. En esta conversación, profundiza en las tensiones entre la cultura y las emociones, la necesidad de construir comunidades afectivas más allá de la pareja y los retos que implica cuestionar estructuras sociales ancladas en la familia nuclear y el capitalismo.

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Has mencionado que tu ensayo analiza la forma en que “contabilizamos” nuestras relaciones. ¿Cómo llegaste a esa reflexión?

Mi ensayo habla de cómo, durante mucho tiempo, me obsesionaba llevar una especie de cuenta del amor: qué relaciones sí contaban y cuáles no. En algún momento me di cuenta de que mis reglas eran arbitrarias y que esa forma de pensar me hacía concluir que había menos amor en mi vida del que realmente existía. Y eso era muy triste.

Este libro parte de una premisa fuerte: que el amor romántico está superado como modelo central. ¿Tuviste una experiencia que te llevó a repensar esta idea?

La escritura de este ensayo y la de mi novela Todos los días del mundo están muy conectadas. Esa novela, aunque es ficción, tenía partes muy reflexivas y ensayísticas. Fue a través de ella que comencé a pensar en otras posibilidades del amor. No sé si podría ser tan tajante y decir que el amor romántico está completamente superado, pero sí creo que necesitamos repensarlo.

Esa contabilidad del amor me hacía concluir que había menos amor en mi vida del que realmente existía”.

En tu ensayo también planteas una crítica al modelo de pareja como centro de la vida afectiva. ¿Qué alternativas vislumbras?

Creo que necesitamos mirar hacia otros espacios. Por ejemplo, la amistad, el poliamor o las comunidades de cuidado. El problema no es la emoción, porque las emociones ahí están, sino el rol cultural del amor romántico. Hasta las personas que se sienten cómodas con este modelo encuentran aspectos que no les calzan del todo bien.

El problema no es la emoción, sino el rol cultural del amor romántico”.

Vivimos en un sistema que valora la productividad y el individualismo. ¿Cómo repensar el amor en ese contexto?

Estamos en un mundo marcado por la precariedad y, en muchos casos, por la orfandad frente al Estado y las instituciones. En ese escenario, lo que me interesa es la idea de comunidad. La posibilidad de afectarnos unos a otros, de dejarnos atravesar por los vínculos, incluso fuera de la pareja. Eso va en contra de cómo funciona el sistema, pero justamente por eso puede ser un primer camino.

En el libro aparece también un diálogo con otras autoras. ¿Cómo se dio esa conversación?

Para mí este ensayo es parte de una conversación más amplia. Primero, con las personas cercanas con las que hablé durante la escritura de mi novela, y luego con las autoras convocadas por Sexto Piso. Cada una abordó el amor desde su propio terreno, y eso enriquece la discusión.

Mencionabas tu novela Todos los días del mundo. ¿Cómo dialoga con tu ensayo?

Esa novela es ficción, pero en el centro tiene una pregunta muy personal sobre la diferencia entre amor y amistad. Fue urgente escribirla porque sentía la necesidad de explorar esas fronteras. Y después, en el ensayo, pude continuar esa indagación desde otro ángulo, más directo y reflexivo.

Has dicho que el amor romántico está ligado a estructuras sociales como la familia nuclear y el capitalismo. ¿Podrías explicarlo?

El amor romántico no surge de la nada: está ligado a cómo organizamos la sociedad. La familia nuclear, por ejemplo, está vinculada con sistemas económicos que priorizan la herencia, la propiedad y la productividad. Cuando cuestionamos el amor romántico, en realidad estamos cuestionando esas estructuras.

¿Qué papel juega la idea de afecto en tu propuesta?

El afecto es clave, pero no entendido solo como cariño, sino como esa capacidad de dejarnos afectar. Para mí, el desafío es colocar el afecto y la comunidad en el centro de nuestras decisiones, aunque el sistema actual lo relegue a la periferia.

El desafío es colocar el afecto y la comunidad en el centro de nuestras decisiones”.

¿Cuál es la invitación principal que deja tu ensayo en Cuando hablamos de amor?

Más que dar respuestas cerradas, busco abrir una conversación. Lo importante es que los lectores y lectoras se pregunten por sus propias experiencias, que cuestionen si las estructuras que habitan les resultan satisfactorias o no, y que se atrevan a imaginar otras formas de vivir el amor.

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Andrea Chapela confirma que el amor, más que una experiencia individual, es un terreno cultural y político en constante disputa. Su ensayo en Cuando hablamos de amor no pretende abolir el romanticismo, sino ampliar el horizonte afectivo hacia la comunidad, la amistad y las múltiples formas de cuidado.

 En sus palabras, se trata de reconocer que hay más amor del que solemos contar y de atrevernos a repensarlo para que sea un motor de vida más libre y colectivo.

ORP