Trump, “el narcisista en jefe”

De acuerdo con varias revistas, el nuevo Presidente de EU tiene un egocentrismo desbordante, lo que puede ser un síntoma de baja autoestima

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CIUDAD DE MÉXICO.

Donald Trump "actúa como un mal perdedor aun cuando gana", afirma David Owen, un periodista especializado en golf que alguna vez, sin saberlo, ofendió al nuevo Presidente de los Estados Unidos por omitir que era un jugador “espectacular”.

Claro que el calificativo es del propio Trump, alguien que según sus biógrafos, parece incapaz de aceptar la oposición o dejar pasar lo que le parezca un desdén o una rencilla personal.

Para Owen, es más simple. Encargado por la publicación especializada Golf Digest de escribir sobre los campos de golf del empresario, hizo unas “rondas” amistosas con Trump. Y pese a que el periodista escribió con elogios sobre los campos, Trump se quejó de que no había consignado que su juego había sido excelente, uno “bajo par”, como dicen los golfistas.

Para Trump, relató Owen, eso fue suficiente para acusarlo de estar en su contra, y negar sus méritos como, asegura, hacen  otros periodistas.

“El mundo de Trump es un universo paralelo en el que la verdad toma varias formas, ninguna de ellas necesariamente basada en la realidad. Y más vale que nos acostumbremos porque los próximos cuatro años vamos a vivir también en ese universo”, escribió Owen en The New Yorker.

En el último año, la idea de que Trump tiene desórdenes de personalidad se generalizó entre sus críticos, que recurrieron a sicólogos y siquiatras para apuntalar sus conclusiones con base en la conducta del nuevo mandatario estadunidense.

Y al margen de que sea o no un caso de siquiatría, Trump, evidentemente, no parece preocuparse.

De hecho, si no es una tendencia de salud mental, su seguridad en sí mismo y su liderazgo parece no tener límite. “Mis seguidores son los más leales... Puedo disparar contra alguien en medio de la Quinta Avenida (la principal de Nueva York) y no perdería votos”, dijo en enero de 2016.

De acuerdo con un blog en la página internet de la revista Forbes, firmado por Glennn Swogger y Henry Miller, los líderes carismáticos presentan con frecuencia desórdenes de personalidad que se reflejan en la autoreferencia, arrogancia y grandiosidad, insistentes demandas de reconocimiento de superioridad, y desdén, críticas y menosprecios contra quienes no están de acuerdo. “¿Suena familiar?”, preguntaron.

El mismo Owen anotó que “hasta donde puedo decir, el Trump que estamos acostumbrados a ver en televisión es el verdadero Trump: un niño de diez años al que por razones desconocidas le dieron un avión real y mil millones de dólares”.

En todo caso, Trump también es alguien que parece más preocupado con declarar éxito que el tenerlo. Para él, sería mas importante posar en una foto que reflejar el inicio de la construcción de un muro con México que el verlo terminado, consideró la revista especializada Politico.com

La obsesión de Trump por su imagen ayuda a sus críticos. De acuerdo con Chuck Todd, el conductor del programa de entrevistas Meet the Press en la cadena NBC, Trump gusta de analizar sus presentaciones por televisión mediante grabaciones a las que elimina el sonido. “Es muy visual”, precisó. En ese sentido, una foto en el inicio de la legendaria pared con México “sería todo lo que necesitara para declarar que el proyecto está exitosamente en desarrollo y seguir adelante”, afirmó el sitio Politico.com. Y ciertamente los visuales son y han sido importantes en la política estadunidense, particularmente, desde que un fresco y bien afeitado John F. Kennedy emergió como el vencedor en el primer debate televisado entre candidatos presidenciales, el 26 de septiembre de 1960. Su rival, el republicano Richard Nixon, apareció con barba crecida y sudoroso.

Para quienes escucharon por radio, Nixon dominó. Para la mayoría de los 66 millones que los vieron por televisión, Kennedy fue el ganador.

La imagen es todo. “Trump, por ejemplo, declaró victoria cuando Sprint convino en mantener cinco mil empleos en Estados Unidos, pero esos trabajos eran parte de un compromiso que la empresa matriz de Sprint había hecho previamente. Esos detalles no importaron mucho a Trump”, apuntó Politico.com.

En noviembre de 2015, un devastador perfil en la revista Vanity Fair estableció de manera que pareció categórica el narcisismo de Trump. Del tipo “B”, precisó: “Significa que tiene similaridades con desorden de personalidad histriónica, de personalidad borderline (inestabilidad) y personalidad antisocial”, según el sicólogo clínico Ben Michaelis, citado por la revista.

Para la revista Forbes, Trump bien podría ser considerado como “narcisista en jefe”, mientras otras publicaciones se han extendido sobre el egocentrismo de Trump y sus posibles consecuencias para Estados Unidos.

El narcisismo siempre, según el mismo especialista, es “una defensa extrema contra la baja autoestima propia. Degradar gente es parte de la personalidad del tipo B que una muestra falta de pena por otras personas y la persona narcisista los suele atacar

verbal, sicológica o físicamente para disminuirlos. Eso es lo que Trump hace”.

De hecho, la condición de Trump “es tan clásica que he guardado sus videoclips para usarlos en talleres porque no hay mejor ejemplo de sus características”, afirmó el sicólogo clínico George Simon, que según Vanity Fair, conduce seminarios y brinda conferencias sobre conducta manipulativa.

Pero no son pocos quienes creen que más bien es una señal de extraordinaria confianza en sí mismo.

El actor británico Daniel Radcliffe, que conquistó fama como protagonista en la serie de películas sobre Harry Potter, cuenta que cuando tenía 11 años de edad –1990– iba a aparecer por primera vez en un programa de entrevistas por televisión estadunidense y no podía ocultar su nerviosismo. Para distraerlo, lo presentaron con otro invitado, Donald Trump, que para calmarlo le sugirió consignar que “había conocido al señor Trump”.

Para Philippe Reines, Trump “es impredeciblemente predecible”. Reines fue el asistente de la derrotada

Hillary Rodham Clinton, encargado de personificar al ahora Presidente electo en sus ensayos previos a los debates durante la campaña electoral y se dedicó por semanas a estudiar a Trump, su forma de vestir, de actuar, de hablar.

De acuerdo con Reines, Trump tiene dos facetas: una básicamente cortés y la otra colérica, sobre todo cuando se le contradice, se le enfrenta y notablemente, cuando se le pone frente a lo que ha dicho antes. 

Tiende sin embargo a “seguir adelante”, pero “cuando lo pateas, patea de regreso... no hay tal cosa como ser la persona mayor. Pero se mueve adelante”. El hecho en todo caso es que parece disfrutar cuando domina la conversación y de acuerdo con Reines, ése será tal vez el mayor ajuste que deba hacer como Presidente. Eso y que Trump tiende a ser defensivo, y salir a golpes, cada vez que alguien cita sus propias palabras en su contra. “No lo lamenta ni le da vergüenza”, dice. Pero evidentemente, el polémico empresario se siente agredido.