La gran batalla de Angela Merkel
La canciller alemana asume el liderazgo frente a la crisis de desintegración de la UE tras el Brexit. Una vez más, se ensalza la influencia de Berlín

CIUDAD DE MÉXICO.
Cuando el mundo conoció el resultado del referéndum británico para salirse de la Unión Europea, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama pidió a sus colaboradores que le comunicaran con la residencia del primer ministro británico, David Cameron, para asegurarle que la “relación especial” que existe entre Washington y Londres se mantendría intacta.
La siguiente llamada que hizo la Casa Blanca fue a la sede del gobierno alemán en Berlín. Según fuentes que conocieron el tenor de la conversación telefónica entre Obama y la canciller Angela Merkel, el mandatario estadunidense le hizo saber a Merkel que para Estados Unidos las relaciones con Alemania y la UE seguían siendo “imprescindibles”.
El gesto telefónico de Obama, que no llamó a ningún otro líder europeo, no pasó desapercibido en el resto de las capitales europeas, donde rápidamente se llegó a la conclusión de que la decisión de los británicos de votar a favor del Brexit había provocado una crisis inédita en su país, un cisma en Europa y que el gesto de Obama encerraba un simbolismo crucial para el continente: la revalorización del poder político de Berlín.
Después de haber aplacado la crisis del euro que nació en Grecia y evitar un desenlace trágico en Ucrania, Merkel, la figura política más importante del viejo continente, volvió a ser presionada para asumir el rol de liderazgo en la peor crisis que ha vivido la casa comunitaria europea.
La canciller alemana aceptó el desafío y no escondió la estrategia, poniendo énfasis en dos palabras clave, “calma y cordura”, y dejó saber que las decisiones para enfrentar la crisis deberían ser adoptadas por unanimidad por los 27 comunitarios, una propuesta destinada a evitar quedar aislada como ocurrió con la crisis de los refugiados.
En forma paralela, Merkel tomó la iniciativa e invitó a Berlín al presidente de Francia, François Hollande y al primer ministro italiano, Matteo Renzi. La invitación fue hecha para recordar a todas las capitales europeas que la solución era una tarea de todos y, de paso, que Berlín volvía a ser el epicentro de la gestión de la crisis, tal como ocurrió con la crisis del euro.
La primera declaración de Merkel relacionada con el resultado del Brexit, en efecto, encerraba un mensaje claro. “La Unión Europea es lo suficientemente fuerte para ofrecer respuestas adecuadas, pero lo más importante es que la UE permanezca unida”, dijo.
El segundo paso que dio fue convencer a sus socios, pero también a sus aliados socialdemócratas en el gobierno de gran coalición, que nadie debía presionar a Londres para convocar el artículo 50 (plazo de los dos años que tiene el Reino Unido para negociar su salida de la UE). Flanqueada por
Hollande y Renzi, la canciller anunció que los tres líderes estaban de acuerdo en que no habría conversaciones formales sobre la salida del Reunio Unido, hasta que la petición no fuera sometida a la Comisión.
La canciller, desde el Bundestag (Parlamento) advirtió que si Londres no asume las obligaciones de la UE, tampoco podrá aspirar a sus privilegios, refiriéndose a los deseos de seguir participando en el mercado común, elimando la libre circulación de ciudadanos. “Sólo logra acceso al mercado común aquel que acepta las cuatro libertades fundamentales europeas: de personas, bienes, servicios y capital”, sentenció.
Merkel, consciente del peligro de contagio que puede envenenar la convivencia europea, quiso evitar que un trato favorable a Londres empuje a otros países a dar el paso. ¿Saldrá victoriosa, al igual que con la crisis del Euro? “Angela Merkel es la política más capaz e influyente en Europa”, señaló Zanny Minton Beddoes, la directora de The Economist, la misma revista que admitió que “sin Angela Merkel, Europa sería incapaz de controlar sus fuerzas destructivas”.
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