Probé todos los productos para la regla que existen y esto es lo que pienso de ellos

Tampones comerciales y ecológicos, toallas femeninas, trapos de tela lavables y ropa interior especial: Sabina los probó todos y éstas son sus impresiones

Por: Vice

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CIUDAD DE MÉXICO.

Me encanta tener la regla. No he sido aleccionada por ninguna secta de Amigos de la Sangre para decir esto en los medios. Digo la pura verdad. Es uno de los pocos procesos de mi vida que mantienen una periodicidad correcta y natural, una de las pocas señales inconfundibles de buen funcionamiento que me envía mi cuerpo. Me gusta su color, su aspecto. En mis primeros años de regla, me encantaba mirar la mancha que dejaba la sangre en la toalla e intentar adivinar una forma de algo, un personalísimo test de Roscharch que me fascinaba. Adoro estornudar o reírme y sentir que un borbotón de sangre sale de mí. ¿Les da asco, señores? Bueno. Tengan en cuenta que esa sangre que mana de los cuerpos de las mujeres es la misma sangre que los fabricó a ustedes. Cuando tengo una regla muy abundante pienso: Uy, de haber sido fecundado este óvulo, habría salido un bebé gordísimo. Si me duele, pienso: Uy, de haber sido fecundado, me habría salido un chavito problemático y latoso, de esos por los que tienes que ir mucho a hablar con los profesores.

Sin embargo, odio todos los métodos higiénicos femeninos del mercado. Es difícil conjugar en uno solo los valores de comodidad, salud, practicidad y ecología. Y después está el tema del precio.

Ustedes dirán: "Bueno, pero hay otros métodos que no son tan caros y resultan mucho más económicos". Tampoco esos sistemas me convencen del todo, a pesar de quealgunos de ellos te permitan abonar los geranios del balcón con tu propia sangre.

Aún así, decidí darle una nueva oportunidad a cada uno de los métodos de contención de la menstruación que encontré a mi disposición, una especie de estudio personal de producto que quizás pueda servirles a ustedes para ver el abanico de posibilidades, sus ventajas e inconvenientes.

Primero decidí probar de nuevo todos los sistemas que ya llevaba años usando. Estas fueron las conclusiones que saqué:

Tampón común (El clásico que puedes encontrar en cualquier supermercado)

Como soy una hipocondríaca, llevar puesto un tampón común me pone mal. Hay veces en que justo después de escuchar el "clic" del aplicador ya estoy sintiendo claros síntomas del síndrome de shock tóxico y pienso que me va a pasar como a esta modelo, que perdió una pierna por culpa de un puto tampón. Evidentemente, cuando Carlos de Inglaterra le dijo a Camila que quería ser un tampón para alojarse en las profundidades de sus entrañas, no contaba con este mal, y tampoco con los efectos nocivos que la dioxina y el cloro pueden ejercer sobre nuestro organismo. Últimamente, además, ciertas marcas de productos de higiene femenina han tenido la mala idea de añadir perfumes y colores pastel a sus productos, cosa que me enoja de verdad. ¿Intentan convertir nuestras vaginas en artículos del imaginario de Mi pequeño pony?...

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*Este contenido es publicado con autorización de Vice.   GTB
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