Recuerdan el ataque nuclear
Japón conmemora hoy el 68 aniversario de la explosión de una bomba atómica en Hiroshima
CIUDAD DE MÉXICO, 6 de agosto.- El principio del fin comenzó a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945 con el arribo de tres aviones enemigos a los que la fatigada artillería antiaérea del imperio del sol naciente dejó pasar para ahorrar municiones. Pensaron que habían ido a medir el clima antes del ataque.
El escritor Alan Bellows relata que no lejos de Hiroshima, el climatólogo Isao Kita vio un leve destello y unas nubes blancas sobre el cielo azul. “Qué raro”, se dijo. Sólo alcanzó a contar cinco segundos antes de la llegada de una ola de calor tan intensa como la de un horno de cocina al abrirlo, el sonido de un trueno y de la rotura del vidrio de la ventana en mil pedazos.
El cielo de Hiroshima se puso rojizo y los que quedaron vivos empezaron a ayudar a los habitantes de Ujina, una ciudad cercana; el médico militar Hiroshi Sawachika estaba ocupado curando a heridos cuando escuchó un sonido como un enjambre de mosquitos.
Pero, según relata Bellows, se trataba de mucha gente que se dirigía al cuartel en busca de atención médica.
Dieciséis horas después el mundo entero, incluido Japón, se enteró de lo que había pasado realmente a través de las noticias. En Washington, la Casa Blanca anunció su primer ataque nuclear.
El 9 de agosto a las 11:02 de la mañana el mismo destello anunció la llegada de la muerte atómica a la ciudad de Nagasaki. El 15 de agosto, tras el anuncio de que la Unión Soviética entraba a la II Guerra Mundial, el emperador Hiroito anunció la rendición.
Como éstos, muchos otros testimonios siguen fluyendo en estas fechas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, que llevan a cabo la solemne conmemoración anual de la tragedia ocurrida hace 68 años que también enlutó al mundo y, en particular, a algunos hogares de Estados Unidos, el enemigo de la II Guerra Mundial.
Excélsior contactó a Clay Loomis, quien a través de su página Clay’s Atomic Café Wav Page ha recopilado la documentación fílmica y en papel sobre los estragos que dejaron las pruebas atómicas en la población del atolón Bikini, de las Islas Marshall –después de la guerra– y sobre los marinos estadunidenses que enfermaron mortalmente a causa de la radiación, como John Smitherman.
“Haz lo que se te dice y nadie sufrirá daños”, dice el propio Smitherman en una de las entrevistas filmadas en video que Loomis compartió con este diario y en los que al final lo presentan como víctima de cáncer múltiple con una mano excesivamente hinchada.
Smitherman murió en 1983 y fue uno de los 42 mil estadunidenses en servicio militar que participó en los operativos Able y Baker de la Operation Crossroads, la primera de una serie de explosiones de prueba.
“La humedad del hongo (atómico) cayó sobre la cubierta de nuestro barco al igual que la arena y pequeñas piezas de metal. Tratamos de limpiar todo lo que nos fue posible. La nube del hongo permaneció en el aire casi dos días, eso lo pudimos constatar”, dijo Smitherman en uno de sus múltiples testimonios recuperados por la página sueca No Nuclear.se, que informa sobre los riesgos de usar energía atómica.