Teté Espinoza regresa al teatro con obra sobre el duelo y la fuerza femenina
La actriz protagoniza la obra Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos) acerca de duelos y pérdi-das en mujeres rotas, que se entrelazan. Se presenta en el Teatro El Granero, en el Centro Cultural del Bosque

La protagonista de series como Ojitos de huevo y El secreto del río, Teté Espinoza, está de vuelta en el teatro con una obra entrañable que habla de la pérdida, el duelo y el encuentro con otras mujeres que viven un proceso similar.
Se trata de la obra Por el mar (aún si nosotras nos ahogamos), detallado como “un viaje poético sobre la resistencia femenina”, que se presenta en temporada en el Teatro El Granero, en el Centro Cultural del Bosque.
La pregunta que hace la historia es “¿hasta dónde podemos nadar cuando todo parece hundirse?”, al presentar las emociones e historias de cuatro mujeres en momentos de ruptura.
Huda acaba de perder a su madre. Max, una enfermera, dejó su trabajo y compró una casa que se cae a pedazos. Assia huyó de su país cruzando el mar. Las tres llegan, por azar, al mismo lugar: una casa con goteras, donde deberán compartir no sólo el techo, sino también sus duelos, silencios y esperanzas.
Lunya, en cambio, es una presencia constante que no está físicamente, pero permanece. Como el mar, es líquida, profunda, a veces serena y otras veces violenta. Narra, conecta, acompaña. Es memoria y reflejo de todas.
Al respecto, Teté Espinoza comentó para Excélsior su trabajo en este montaje escrito por la dramaturga francesa Anaïs Allais Benbouali, que dirige Rebeca Trejo.
Es una obra muy feminista sin serlo. Los personajes se encuentran, pareciera que accidentalmente, y yo conecto con ello porque habla de la mujer, de sus procesos y transformaciones que vamos teniendo. Además, de cómo nos relacionamos con nosotras mismas y con las demás mujeres, quienes son importantes en nuestra vida.
Hay conductas que noto que son muy parecidas con mujeres de cualquier parte del mundo. Tenemos siempre cosas en común y es inevitable. Hablamos de lo más profundo de la feminidad”, dijo Espinoza.
La actriz representa a dos personajes. Uno de ellos es Assia, una mujer migrante.
Assia es una chica joven, como de 20 años más o menos, que está en un proceso de exilio. Me siento muy honrada de representarla en estos momentos, porque representa lo que las mujeres y otras personas están pasando, barbaridades que nunca imaginé. Ella es de Marruecos y atraviesa el mar. Dice el texto que ella ‘deja una vida que no deseaba, por una vida que desconocía’.
Es un poco lo que, constantemente, varios testimonios dicen de personas que dejan su vida y su país por la búsqueda de algo mejor, de un lugar donde se sienten libres y puedan volver a comenzar. Sin embargo, a veces hay una distancia cultural y por más que hagan familia y tengan un trabajo, siempre hay una raíz que nos sigue conectando y una cierta nostalgia, que no permite que puedan estar completas. Hay una sensación de duelo y de no pertenencia, de no pertenecer a ninguna parte. Hay una búsqueda de identidad hasta que mueren y es triste”, relató Teté.
Otro de sus personajes en escena es Lunya, quien representa la esencia y presencia femenina.
Ella trasciende y está en un lugar en paz. Trasciende lo físico. La imagino como esa voz de sabiduría que todas las mujeres tenemos dentro de nuestro instinto y que nos atrevemos a escuchar y, cuando lo hacemos, conectamos con quien realmente somos. Lunya se vuelve un conector entre todas estas mujeres y, dentro de este recorrido, nos va contando su vida y cómo fue su tránsito, por lo que pasó, y es la madre de Huda, con quien estaba en una ruptura de comunicación. Es así que queda este pendiente”, acotó.
El reparto también está integrado por Mahalat Sánchez (Max) y Astrid Romo (Huda), quienes junto a Teté, en un lapso de alrededor de 90 minutos, mostrarán la conexión entre los personajes.
En cuanto a la pérdida de la madre, no sé si para los hombres sucede lo mismo, pero para las mujeres implica un movimiento de universo total. No se entiende y puede tardar años. Huda está en este proceso y en la búsqueda de su identidad, al despegarse de su madre y saber quién es ella realmente”, destacó.
Acerca de Max, se trata de una mujer que está en busca de respuestas. Decide reiniciar su vida en una casa junto al mar, pues a sus 50 años tiene una hija embarazada que no quiere verla.
Todas se reflejan. De alguna forma la historia de las cuatro se entrelaza y, sin darse cuenta, se acompañan en ese proceso. Me gusta la obra porque no es que nos ponga un final feliz, en el que todo se resolvió, sino más bien, me da el apapacho de pensar que el encuentro con mujeres nos sirve para sanar.
Conecta con esos lugares donde nos sentimos abrazadas y acompañadas. No significa que se resuelvan los problemas, pero nos damos cuenta que es un proceso, que tarda y que puede doler siempre, pero que, quizá, si te acompañas de gente que te haga conectar de nuevo con la vida o te haga agradecer otras cosas, puedes estar bien. Es esperanzadora”, concluyó.
cva
EL EDITOR RECOMIENDA



