Sobrevivieron con la música; Vive Latino 2020

Ya pasó un año de que se llevó a cabo el último evento artístico masivo en México, que fue criticado en el mundo por su realización durante los primeros días de la pandemia global

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CIUDAD DE MÉXICO.

El compadre que erigió muy seguro de sí mismo la pancarta del “coronavirus nos la pela” hace un año en el Vive Latino debe estar decepcionado porque, en realidad, nosotros se la hemos pelado al bicho. Y las cifras, maquilladas u oficiales, no mienten: 200 mil mexicanos muertos durante la pandemia.

El 14 de marzo de 2020 era imposible predecir lo que viviríamos durante los siguientes 365 días, había más preocupación en llevar fondos suficientes para embrutecerse felizmente con la cerveza más tibia de la temporada, porque hay que aceptarlo, la chela del Vive tiene un sabor repudiable y satisfactorio a la vez. Se consume con cariño, a ciegas y porque es lo que hay.

Comenzaron los saludos de codo o puño, sólo de hola y adiós con ademanes, también los cubrebocas empezaban a delimitar una moda, aunque en cantidades limitadas. Se tomó la temperatura y 27 terminaron más calientes de lo normal y se les negó el acceso, pero esto sólo fue una práctica para lo que estábamos por enfrentar porque, una vez dentro, ¿quién se acordó de la sana distancia? Obviamente nadie.

Piña, guitarrista de Say Ocean, fue de los primeros en desconectarse, y tocar Amnesia, su canción más popular, no es cualquier cosa. Sin playera, apuntó al público y cientos de manos cargaron su delgada humanidad. Intercambio de sudor seguro. “Cuando bajé mi novia no me quería ni tocar. Ya fue cuando dije, ‘ni pedo, ya lo hice’”, recordó. No se contagió, por cierto.

La jornada transcurrió en incertidumbre, pero con normalidad. El intercambio de baba fue el mismo de siempre. Prevaleció el vaso de cheve que pasaba por los amigos, igual los slams, broncas y los escenarios atascados, llovían partículas de los que cantaban detrás, y al de enfrente, las tuyas.

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Los organizadores del Festival Vive Latino implementaron el lavado de manos para los asistentes, así como la toma de temperatura y el uso de gel antibacterial a la entrada, sin embargo, ya en el interior del Autódromo Hermanos Rodríguez no se guardó la sana distancia, en lo que fue el último evento masivo que se llevó a cabo en México. 

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Los dos días vimos un mar de gente. Nos olvidamos de mucho, deseamos mucha seguridad y tocamos. No pasó nada”, recordó Pedro Peirano, cocreador de 31 minutos, el noticiario más veraz de la televisión latinoamericana, una clara alusión al mexicanísimo dicho ‘que sea lo que Dios quiera’.

Ahí era todo miel sobre hojuelas, más o menos, había mucho optimismo como valemadrismo. Fuera, millones de personas embravecidas con la promotora, el gobierno y los asistentes, y con justa razón, las primeras noticias, provenientes de Italia, Reino Unido y España, reportaban muertes espeluznantes e historias catastróficas, como la del actor italiano Luca Franzese, atrapado en su propia casa con el cadáver de su hermana.

En el mundo los titulares señalaron a México, con cierta clase e ironía, como un ejemplo de la inconsciencia. El cantante Ricky Martin, quien días antes canceló oportunamente su gira por el país, llamó a su amigo el fotógrafo mexicano Chino Lemus, presente en el festival. Trató de convencerlo de no regresar al segundo día.

Y me mandó un artículo con toda la información oficial, que mandaba a sus seres queridos, y llegué asustado al segundo día, porque todavía no veíamos tan cerca la pandemia”, narró Lemus. Pero el boricua no fue el único, de medios internacionales le llamaron para entrevistarlo para saber ¡por qué se hizo un masivo bajo circunstancias de emergencia!

Mucha tensión sobre el evento, pero por dentro se vivía en una burbuja que, un año después, los sobrevivientes agradecen y recuerdan con alegría y temor por ser el último concierto bajo la nueva normalidad, sin mascarilla y en libertad.

Y los músicos vivieron lo mismo, pese a que en su momento fueron acribillados por no bajarse del barco.

Me llovieron hostias en España”, dijo Carlos Sadness, “Y no cancelé por respeto a las personas que compraron boleto y porque las autoridades lo permitieron y vi a mucha gente feliz, porque seguro, como yo, era consciente de que no iba a haber conciertos en mucho tiempo”, agregó. Colombia hizo lo propio con Carlos Vives, según una fuente cercana.

115 mil 331 personas asistieron a la doble jornada y, afortunadamente, el saldo parecía blanco y favorable. Información aislada, que comenzó a salir 15 días después, periodo de incubación del virus, según información de la OMS, reportaba casos sobre contagios de personas que habían asistido al  festival.

También se prendieron las alarmas por el fallecimiento de un policía que trabajó en el festival. De ahí en fuera, de acuerdo con la información oficial, no pasó a mayores.

La discreción sólo duró unos meses, porque a principios de junio Ismael Salcedo, vocalista de Los Daniels, compartió que pudo haberse contagiado. Se aisló dos semanas desde el 17 de marzo porque perdió el olfato y le dio calentura. Algo similar a lo que contó Lemus, pues días después su oxigenación estuvo saturando a 86, tuvo dolor de cabeza y garganta.

Pero no había pruebas todavía, afortunadamente no pasó a mayores”, contó.

Y hubo más contagios en miembros de staff y el baterista de una banda estelar del segundo día, de acuerdo con versiones compartidas. Sin nada qué lamentar.

Hasta hoy, hay muchas personas que pueden decir que fueron al Vive Latino 2020 y viven para contarlo.

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