Lollapalooza, monos en diamantina
Las flores quedaron atrás en el arranque del festival musical, en el que se presentaron Franz Ferdinand y Camila Cabello, entre otros exponentes

LOLLAPALOOZA, Chicago.
Los festivales de música se caracterizan no sólo por el tipo de música y evolución rítmica que presentan, sino por las modas y tendencias que reflejan músicos y asistentes.
En este 2018, el Festival Lollapalooza de Chicago dice adiós a las coronas de flores y hola a la diamantina.
Diamantina en cara, pechos, pectorales, brazos, piernas y música. Diamantina para dar lustre a algo que, a generaciones pasadas, se les hace desechable y poco agradable. Pero, para millennial y zetas —generación, no cártel— la historia es otra.
La diamantina permea la presentación de Jesee Báez, que tiene el honor y riesgo de abrir escenario y festival. Riesgo que se enfrenta a enormes filas de jóvenes que, en temperaturas de verano sin brisa y nubes, esperan les den sus pases de entrada.
Algunos abusan, gracias al nuevo acomodo de camerinos y zona de prensa, algunos colados saltan y practican su particular exatlón o spartan race versión Chicago. Otros no tienen suerte y son atrapados, por lo que su intención de ver a Cuco o Nick Mulvey se ve trunca.
Stars atrae a la generación X que, seguro, se quedará en el escenario Grant Park durante el día. No sólo esa banda les traerá recuerdos de juventud, sino que más de un acto llenará el oído en el sitio. Sin esfuerzo, el grupo cumple y se va para, enfrente, dar paso a The Wombats, que cumplen y se van. Poco crecimiento, poca expectativa.
Curtis Harding se las ingenia para superar los problemas de sonido con los que inició su show. “Quiero sonar bien para mí... y para ustedes”, explica de manera pícara. Algunos no esperan y van a ver a Franz Ferdinand que, a media tarde, desea recuperar espacio y prestancia. Alex Kapranos desea mostrar que la pérdida de un guitarrista no es gran cosa ante la evolución musical. Hay quienes son incrédulos y prefieren el pasado al presente de la banda que, parece, llegó tarde a la repartición del éxito en el siglo XXI.
LANY sufre de los típicos problemas de sonido del escenario Lake Shore. Siempre hay algo en ese sitio que obstaculiza a las bandas. El caso no es la excepción y desean sacar el setlist que acordaron entre los miembros de la banda. Recuerda un poco la presentación del Corona Capital del año pasado con un matiz: incluyen el nuevo sencillo que, apenas, estrenaron en vivo la noche anterior. Contentos esperan el futuro dentro de ese pop que se rebela a lo convencional, pero que, sin duda, rememora a los sonidos de los 80.
Billie Eilish es una idea que —como Jaden Smith— se necesita cierta edad para entenderla. Para su fortuna, la gran mayoría de los asistentes al primer día del festival tienen ese rango. Llena el escenario Tito’s con su propuesta musical y visual llena de referencias a televisión del pasado y vestimenta fosforescente, pero sin diamantina.
Si Eilish es dirigida a un nicho, Khalid es un caso contrario. Ritmos digeribles y actitud desenfadada como receta de éxito en masa. Su presentación es multitudinaria sin despeinarse. Cosa difícil ante los vientos de Chicago.
Chvrches se lamenta a dos kilómetros de ahí. Arriesgados y con nuevas colaboraciones —como la de Matt Bernirger, vocalista de The National—, la agrupación de Glasgow se levanta con propuesta artística distinta y una Lauren Mayberry que, entre diamantina y prendas vaporosas, gesticula y seduce. Horas después, Mayberry cambiará de atuendo para, con una hoodie, meterse entre la multitud para convertirse en fan de Alex Turner.
Camila Cabello deja atrás las prendas vaporosas y opta por un saco y hot pants azul metálico que muestre muslo al por mayor. Entusiasmada por ser su primer Lolla, desea ir más allá que Gaga o Icona Pop que hicieron una escala de debut y despedida. El set recupera no sólo sus éxitos, sino también los grabados con Mayor Lazer y Pharrell Williams. Con Havana de cierre, la gris presentación no tiene mucho futuro.
El escenario Perry’s vive su rutina esperada: asistentes cautivos desde temprana hora hasta el final de la jornada. En este caso, tras pasar por Space Jesus y London on da Track, Galantis culmina el día con beats altos y asistentes exhaustos.
Travis Scott cierra uno de los dos escenarios principales. Nada tonto, usa el día y hora para lanzar un disco nuevo lleno de colaboraciones diversas.
Del otro lado, la tranquilidad y la electrónica paran. El territorio se convierte en tierra de los Arctic Monkeys. Alex Turner —con la imagen que estrenó en Nueva York la semana pasada— dicta y sonoriza en la mejor acepción de la palabra. Turner demuestra lo que es ser un frontman sin mayor necesidad que un par de lentes. La ejecución es hit tras hit sin pérdidas. Vara alta para los siguientes que se presenten en dicho escenario
De hecho, mañana (ayer) será la respuesta, cuando Bruno Mars pise Lollapalooza acompañado de The National como headliners. Todo, aderezado de diamantina.
hch
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