*Yo debo tener un nombre. Todos tienen uno. Ya recuerdo, nos quedamos de ver aquí bajo este árbol...
Estoy en medio del bosque. Huelo intensamente los pinos. Sonrío. Hay muchas aves a mi alrededor, también están los árboles. Algunos pájaros hacen ruido con su aleteo, otros cantan. Aparecieron súbitamente. Yo estaba viéndome al espejo. Me pintaba los labios de rojo y me parece que me estiré y bostecé, ahora recuerdo, y luego aparecí en medio de este bosque. Se van los pájaros como una nube negra y fragmentada.
El viento es agradable aquí, hay un poco de neblina y luz también. Raro. Camino sobre la hierba. Hago ramitos con pequeñas flores amarillas y los guardo en mi abrigo. Siempre quise estar sola en el bosque por la mañana. ¿Qué día es hoy? No importa. Estaré aquí y esperaré a que él llegue.
Llevo horas esperándolo y no aparece. Sé que quedamos de vernos. No sé si nos pusimos de acuerdo por carta o por teléfono; pero él siempre llega a las reuniones, es muy puntual. Ahora, ¿por qué me quedaría de ver con él en un bosque que ahora está en silencio? No hay ya animales. Tampoco escucho el sonido de los árboles y el viento. ¿Será posible que él ya esté por venir? Mis tenis están muy bien, blancos como a él le gustan. Creo que hace frío. Ha pasado mucho tiempo ya. Tengo hambre también.
Está oscureciendo. Quizá deba moverme, pero no sé a dónde ir. Si me muevo, no me va a encontrar y estoy segura de que nos quedamos de ver aquí, ya lo recordé. Debo quedarme quieta. Si no lo hago, él se va a enojar. Por eso se fue la última vez y vendrá hoy. Él siempre cumple lo que promete.
Yo debo tener un nombre. Todos tienen uno. Ya recuerdo, nos quedamos de ver aquí bajo este árbol porque me iba a dar algo muy importante, debe ser mi nombre. No podría decir con exactitud cómo es su rostro, sólo sé que cuando llegue sabré que se trata de él.
Me dormí. Escuché muchos ruidos de animales durante el sueño. También se arrastraron sobre mi cuerpo algunos insectos y mamíferos medianos. Es extraño que no me hayan lastimado. Sintieron mi respiración. Algunos hasta me lengüetearon la boca. Pienso en él. Creo que mi cuerpo está muy suave después de que una legión de animales me pisoteara. Es para él. Me parece que un día él y yo fuimos al mar; recuerdo el sol y el agua, pero la arena no. Él estaba de espaldas a mí, viendo la puesta de sol. Las aves pasaron como una nube fragmentada sobre nosotros ese día.
Él llegó por fin. Estaba oscuro, no había luna. Tuve mucho miedo. Grité, corrí sobre la hierba del bosque. Pisoteé los ramitos de flores que se me caían de los bolsillos. Seguí corriendo y arañándome la cara con las ramas, mientras él gritaba: “Libérame, estoy en el espejo”.
Me detuve. Palpé el círculo de metal en mi abrigo y me recordé de diez años con mi padre. Los dos de blanco, él pintándose los labios después de mí, en un vagón del metro, ante los ojos perplejos de una señora a la que minutos antes yo le había sonreído.
