EDC México 2022; más beats, amor y menos guerra
Con mensajes a favor de la paz y el deseo de divertirse tras el aislamiento por la pandemia arrancó el evento de música electrónica

EDC México 2022 no destacó por el ingreso de 90 mil personas a la Curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez, lo hizo por la solidaridad con las víctimas de la inútil guerra entre Ucrania y Rusia.
Los carteles fueron claros: “menos armas, más amor y música. Con besos se arreglan las cosas. Que se joda la guerra. No war”. Devuelve la esperanza en la humanidad, algo que perdimos con la polarización de la sociedad por la pandemia. Algunos se vacunan, otros no; la mayoría usa cubrebocas, poquitos no. EDC aclaró la visión de la juventud mexicana.
Lejos de juzgarlos por concentrarse para vivir un festival de nueve escenarios majetuosos, emborracharse por placer y cotorrear, hay que reconocer que hicieron lo posible por cuidarse hasta donde estuvieron sus posibilidades.
Obvio hubo sus excepciones, adolescentes ahogados sin siquiera haber ingresado; los maleantes que sacaron celulares y los mala copas peleando con sus novios o novias. Lo normal, lo de siempre, la contracultura raver que descansó durante dos años y renació.
El atardecer marcó la ceremonia de apertura del escenario principal, el kinetic Zen. El búho despertó, regresó de su sueño, abrió las alas a la realidad y celebró la vida. Admiró de lado a lado a sus headliners, predicó el bienestar mental y tronó su pirotecnia. Le dejó todo listo a la leyenda Markus Schulz.
El opening de Demon Slayer, que sacó de las cavernas a los Pikachu, los Saiyajines, pandilleros (por Tokyo Revengers) y cazademonios. La tendencia en disfraces esta edición fueron las batas de Tanjiro, el protagonista de Demon Slayer.
En Dos Equis Stage, su Majestad Silverio convocó a sus mongoloides y aborígenes. Calma, no se ofendan, este especimen es uno de nuestras joyas más preciadas del techno nacional. Puro Nuevos Ricos ALV, compa. Pero había algo malo en él, salió muy vestido. No estaba en tanga.
El baile del diablo lo descamisó. Ya con pezones al aire empezó a gritar, “¡chinguen a su madre todos!”. Su show empezó a tomar su normalidad. “¡Barra libre de croquetas, culeros, denme con todo!”, gritó. Por fin, el set del perro de Silverio que todos querían y completamente en su tanga roja.
Hasta el cierre de esta edición, Kidd Keo trajo lo mejor del trap en el mismo escenario; Vini Vici, Afrojack y Deadmau5, en kinetic Zen; DJ Snake, en Circuit Grounds; y Carl Cox, en el neon Garden.
Con cubrebocas, certificado del cuadro completo de vacunación, prueba de antígenos negativa en mano y mucha actitud fue como los asistentes de la octava edición del Electric Daisy Carnival fueron llenando el Autódromo Hermanos Rodríguez.
Después de dos años, la música electrónica regresó al recinto de Iztacalco para satisfacer la necesidad de miles de personas por ser parte de un festival musical de esta índole. Dragones, unicornios, hadas, marineros y cualquier atuendo era lo suficientemente bueno y llamativo para celebrar la música una vez más.
Este año las coronas de flores no fueron las protagonistas, las orejas de conejo, los mamelucos de felpa, el alien verde que camina, el atuendo que resaltaba por las medias de red y las transparencias iluminadas con luces led de colores enmarcaron el inicio de la fiesta electrónica.
Los letreros de los asistentes no se hicieron esperar. Algunos eran una imagen de un emoji, otros recordaron al caracol de Bob Esponja, Gary, la imagen de cantantes como Britney Spears y Shakira estuvieron bailando en la primera fila de los escenarios, mientras las banderas de México, Alemania y otros países ondeaban, pero fue el letrero: “La guerra se acaba con besos” uno de los más representativos de la velada, un día después de la invasión de Rusia a Ucrania.
Cerca de las 19:00 horas y ya cuando el sol se había escondido, había llegado el momento de dar por iniciado, de manera oficial, el EDC. El sonido de la música y los fuegos artificiales despertaron al gran búho que habita en el escenario principal, el cual abrió sus ojos, movió su cabeza y le dio la bienvenida a los amantes de la música electrónica una vez más.
Pocas cosas habían cambiado desde la última vez que el Electric Daisy Carnival se instaló en el Autódromo Hermanos Rodríguez de la Ciudad de México. Si bien ya no hay un escenario móvil, ahora el evento internacional contó con nueve escenarios que dieron vida a cada uno de los géneros de la música electrónica y le dieron gusto a todos los asistentes.
Los grupos de amigos que bailaban, las parejas que se besaban y los que cuidaban a los que ya se les habían pasado un poco los tragos, dieron de nueva cuenta vida a la fiesta electrónica en donde hay espacio para todos.
Las activaciones de las marcas estuvieron presentes pero en un número menor al de hace dos años, fue una lluvia de color por todo el espacio asignado lo que más llamaba la atención ya que las dos ruedas de la fortuna, el martillo y los demás juegos mecánicos, al caer la noche se llenaron de colores que le dieron un toque alegre a cada uno de sus espacios, de igual manera lo hicieron las esculturas que se colocaron de globos y otras más de metal que simulaban figuras de cromo.
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