Diana Bracho no mira hacia atrás
A unos meses de cumplir 80 años, Diana Bracho dice que dejará de actuar cuando la TV, el cine o el teatro le den una patada.

Diana Bracho vive en el presente. No es partidaria de las redes sociales de manera personal y las críticas, tanto las buenas como las malas, le son un tanto indiferentes.
A los personajes que ha hecho a lo largo de su vida, con participaciones desde que era niña en la Época de Oro del Cine Mexicano en películas como San Felipe de Jesús (1949) e Inmaculada (1950), hasta los de hoy, les ha prestado su piel y su voz, pero no su anecdotario personal.
Su mirada es la de una mujer atenta, que tiene claridad, profundidad y una presencia absoluta.
La ganadora del Ariel de Oro 2022, hija del actor y director Julio Bracho y sobrina de las actrices Dolores del Río y Andrea Palma cumplirá 80 años el próximo 12 de diciembre y a unos meses de ello, protagoniza la obra Madres e hijos, que termina temporada mañana en el Teatro Milán.
En entrevista con Excélsior, la actriz compartió su sentir ante lo vivido en su profesión y su amor por el teatro, el cine y la televisión.
Tengo mucho amor por mi trabajo en cada uno de los medios que toco. Me siento, no puedo decir satisfecha, porque uno nunca está satisfecho, pero sí feliz de haber hecho la vida profesional que he hecho. Espero, mientras pueda, seguir. Luego me preguntan ‘¿cuándo se piensa retirar?’ Pues no sé. Cuando el teatro me pateé, cuando la televisión me pateé, cuando el cine me pateé, me retiraré. Antes no. No sé.
Realmente no veo mucho hacia atrás. Soy una persona que no está muy instalada en el pasado, ni siquiera me interesan las glorias pasadas, esas que las descubran las personas que me quieren, mi familia y algún loco historiador que le interese lo que he hecho. El futuro tampoco me preocupa mucho, más que cuidarme mucho para estar lo mejor posible y el presente es mi todo. Así vivo yo y me funciona bastante bien. Quiero seguir trabajando, porque es mi gran pasión, pero sí tengo una vida personal también. He tenido relaciones muy ricas, una vida muy plena, grandes amigos y amigas, una hija maravillosa y dos nietas a quienes adoro. Está cada una en lo suyo también, no nos vemos tan seguido, pero nos comunicamos, estamos muy cerca y viven a cuatro cuadras de mi casa. He vivido una vida muy plena, tanto en lo profesional como en lo personal.
Quisiera yo seguir (en la actuación) mientras pueda hacerlo bien. Una cosa que me da pavor con la edad es dar lástima o compasión, el ‘ay, pobrecita de la señora Bracho, ya dio el viejazo, ya no puede caminar’. Por eso me preocupa que la gente piense que no puedo caminar. No, para nada. El día en que ya no pueda hacer las cosas bien, no las voy a hacer. No voy a sacrificar mi trabajo por lucirme como viejita depredada ni mucho menos”, afirmó Diana Bracho.
Entonces, recordó aquel primer momento en el que se enamoró de la actuación.
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Fue en el taller de José Luis Ibáñez. Cuando entré, según yo fue por curiosidad, pero claro que me moría por ser actriz, pero me daba pavor. En la primera clase que tuve, que me subió al escenario y me puso a hacer algo, dije ‘de aquí soy’. Y de ahí fui.
Hoy todavía me pongo nerviosa, se me duerme el brazo izquierdo y pienso que me va a dar un ataque al corazón y no puedo caminar. Cada función me sucede lo mismo, el pavor de entrar a un escenario. En cuanto entro, se me olvida el miedo, ese desasosiego, y me entrego totalmente a lo que estoy haciendo.
Así es toda mi vida. Siempre me entrego totalmente a lo que estoy haciendo en ese momento, al 100%. Si estoy con unas amigas, estoy con unas amigas, no estoy pensando en el teatro. Si estoy en el teatro, estoy en el teatro. Donde estoy, estoy al 100%”, compartió.
UNA ACTRIZ COMPLETA
La nacida en la Ciudad de México recordó que todos los proyectos que ha hecho los ha elegido, los ha hecho con “todo mi amor, con toda mi pasión y algunos han sido mejores que otros, algunos me han llenado más que otros, pero todos los he hecho con todo lo que tengo.”
Compartió que le encanta saltar de un medio a otro, porque le obliga a salirse de “‘ah qué bien estoy en el teatro’” o “‘qué bien estoy en la tele’” y romper con lo que está haciendo y entrar en otra cosa que, para ella, siempre es nueva, como si estuviera estrenando la vida. “Si entro a una obra de teatro, estoy empezando y aprendiendo por primera vez. Así percibo mi trabajo”, explicó.
En cine fue El castillo de la pureza el primer título que marcó su carrera. La película aborda lo que le ocurre a una familia que ha sido encerrada por el padre durante 18 años, quien está convencido que el mundo exterior es dañino para su esposa y sus tres hijos, lo cual cambia cuando éstos entran en la adolescencia. En ella, Bracho interpretó a Utopía, una de las hijas, y ganó así su primer premio Ariel en 1973 como Mejor Coactuación Femenina.
Mi primera película, El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, me abrió la puerta del cine, aunque ya la tenía yo media abierta porque mi papá era director de cine, así que, de alguna manera, ya conocía yo el interior de esa habitación que se llama cine, pero no había participado activamente hasta que hice El castillo de la pureza.
Esa película fue un parteaguas en mi vida y le agradezco mucho todo lo que me dio, porque, de verdad, aprendí tanto haciéndola y a través del tiempo. Eso marca el principio de lo que se llamaría mi trayectoria”, enfatizó.
La actriz también protagonizó, más adelante, películas que marcaron el cine nacional como Las poquianchis, Entre Pancho Villa y una mujer desnuda —de la que, confesó, le gustó más en teatro que en cine, aunque para la gran pantalla fue nominada al Ariel como Mejor Actriz— y El infierno de todos tan temido, por el que ganó el Ariel a Mejor Coactuación Femenina, entre muchas otras.
En teatro habló de Un tranvía llamado deseo, que hizo en 1997, junto a quien sería su segundo esposo, el también pintor Rafael Cortés, quien hizo la escenografía.
Para mí, una obra magnífica en todos los sentidos, con la que, como actriz, aprendí tanto y crecí tanto, que fue impresionante. Tuvimos un éxito increíble, un año en cartelera, teatro lleno, hicimos una gira por todo el país, a recintos llenos. Una obra que nadie apostaba por ella, porque duraba tres horas, pero cuando ves un buen proyecto, una buena película, una buena obra, no estás viendo el reloj para ver cuánto te tardaste. Te atrapa y la ves las horas que dure. Fue exitosísima”, dijo.
Desde luego, en tal recuento destacó a la obra Master Class, que protagonizó en dos ocasiones, en 1998 y en 2014, en la que interpretó a la cantante griega María Callas.
Ha sido una obra de lo más importante que he hecho en mi vida como actriz. Hice dos versiones, una dirigida por Francisco Franco y, años después, otra dirigida por Diego del Río. Dos fantásticas versiones, diferentes, pero riquísimas, que me dejaron el alma llena y que a la gente le tocaron el corazón, porque era sobre María Callas, una mujer maravillosa”, recordó.
Bracho también habló con grata pasión de su quehacer en la televisión.
He hecho cosas muy padres. Me gusta mucho hacer televisión, aunque muchos actores la hacen para ganar dinero. No, yo la hago porque ¡me encanta! Hice Cuna de lobos, que fue mi primera telenovela muy importante. Cadenas de amargura, también. Son las dos que me han marcado. Fuego en la sangre, más tarde. He hecho una serie de telenovelas que, para mí, han sido muy importantes actoralmente.
La televisión la tomo muy en serio. Estudio mucho para hacerla: diseño mi personaje, trabajo muchísimo, a veces grabo más de 12 horas al día. Realmente es un trabajo tremendo.
He hecho voces de documentales como uno sobre el universo para el (Museo) Papalote, otro sobre la ciencia. He hecho una cantidad de cosas de voz que me han parecido muy interesantes como actriz, porque, ejercitar la voz, es ejercitar un instrumento muy importante para un actor”, dijo.
“DE SALUD, MUY BIEN”
Hoy, a sus 79 años de edad, protagoniza la obra Madres e hijos, junto a Juan Manuel Bernal, Eugenio Rubio y, en alternancia, los niños Luca Guerra y Antuan Trejo.
En ésta, la actriz interpreta a Betty, una mujer viuda y madre de André, quien murió a causa de sida en 1990. Camino a Roma, Betty hace una escala en la ciudad donde vive Chris (Bernal), expareja de su hijo, quien ha reconstruido su vida y está casado con Pierre (Rubio), con quien tiene un hijo de seis años, Danny. Han pasado más de dos décadas desde que Betty y Chris se vieron por última vez, pero tal encuentro les permitirá sanar resentimientos y reflexionar acerca de pasajes que perdonar.
A partir de esta obra de teatro, algunos espectadores externaron en redes sociales su preocupación por el estado de salud de Bracho, debido a que su personaje tiene comprometida su movilidad, sobre todo al caminar. La actriz aclaró que su salud está bien y que esto forma parte de la ficción.
De salud muy bien. Tuve un pequeño problema, tuve una cirugía y no diré más. Me estoy recuperando muy bien. Lo magnífico de la obra es, me dijo Diego del Río, el director, que parece que Terrence McNally, el autor, la escribió para mí, porque el personaje de Betty tiene problemas con las rodillas, no puede caminar bien y lo expresa caminando y moviéndose con cierta molestia. Todo eso es actuado.
Tengo 79 años y he tenido ciertos problemas de caminata, pero no es un pretexto para que el personaje camine mal. El personaje así es y si yo caminara perfectamente bien, tendría que actuar que camino mal para hacerlo. Diles a los que se preocupan, que no se preocupen, que estoy muy bien, que ahí voy... De salud estoy muy bien, de ánimo, estoy muy bien. Estoy muy contenta de, a mi edad, estar haciendo esta obra maravillosa y tener proyectos de trabajo para el futuro, también muy bonitos; de seguir dándole a la vida lo mejor que puedo y con muchas ganas”, destacó.
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